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LITERATURAS
Escribir después de Auschwitz
Ricardo Bada
es escritor y periodista. Su último libro publicado se titula, Los mejores fandangos de la lengua castellana.
nº 83 · noviembre 2003
ERICH KACKL
Adiós a Sidonie
Trad. de María Esperanza Romero y Richard Groos
Pre-Textos, Valencia, 122 págs. -

Hay libros buenos y malos, y los hay que no importa si son buenos o malos, pero sí que sean necesarios. La cabaña del Tío Tom puede ser un cabal ejemplo de libro malo pero necesario. Entiéndaseme bien: cuando hablo de la necesariedad de ciertos libros deseo referirme a su capacidad denunciativa, o la menos documental: Don Quijote de la Mancha y La Celestina, y me atrevo a sugerir que también Los hermanos Karamazov y Mientras agonizo, son asimismo necesarios, pero desde otro punto de vista, el vitamínico, el proteínico, para las pobres almitas que tenemos que salvar. Y hecha esta aclaración conviene decir a calzón quitado, sin andarnos por las ramas, que casi todos los libros necesarios de la otra categoría suelen ser malos de solemnidad. El «casi» es casi un homenaje a todos los que lleva publicados Erich Hackl.

Este compatriota antípoda de Thomas Bernhard, nacido en Steyr (Alta Austria) en 1954, y que habla un castellano que avergüenza a sus interlocutores españoles y latinoamericanos, ostenta un palmarés inalcanzable en el mundo de la literatura necesaria: Los motivos de Aurora (1987, traducida y publicada en Cuba en 1991 y en Uruguay en 1996), Adiós a Sidonie (1989, de la que me ocuparé en esta reseña), Sara & Simón (1995, y la traducción en Galaxia/Gutenberg, Barcelona 1998), In fester Umarmung [Con un fuerte abrazo] (1996), Entwurf einer Liebeauf den ersten Blick [Modelo de un amor a primera vista] (1999) y DieHochzeit von Auschwitz [La boda en Auschwitz] (2002). Con estos seis libros, donde ha desvelado unas peripecias humanas reales que sin él sencillamente habrían sido canceladas por el culpable olvido, Erich Hackl se ha ganado un puesto de honor, y muy singular, en la literatura contemporánea: es algo así como si Harriet Beecher Stowe hubiese escrito seis distintas Cabañas del Tío Tom, y además todas ellas de alta calidad literaria. Y para que el repaso sea exhaustivo, añadamos que Hackl también publicó en 1991 un hermosísimo cuento de hadas, König Wamba (El rey Wamba).

La historia de Sidonie es la de una niña gitana abandonada por sus padres y acogida por una pareja austríaca, Hans y Josefa Breirather, ambos comunistas, que la crían y aman como a una hija propia. El telón de fondo es la década 1933-1943, la caótica situación del país, la invasión alemana, el comienzo de la guerra, la aparición de los trabajadores forzados, las deportaciones a los campos de concentración. Paralelamente, las muelas de la administración municipal, regional y estatal siguen moliendo la harina de que se alimentan las burocracias. Y en esa harina hay un rechinar de arena, que es el caso de esa niña gitana cuya manutención debe asegurar el Estado, por ser una criatura expósita, y el Estado, en todas partes y en todos los tiempos, quiere sacarse de encima y es alérgico a lo que considera gastos inútiles. De manera que en este caso concreto no ceja en su empeño de encontrar a los padres carnales de Sidonie, que son –según la lógica del Estado– quienes deben encargarse de mantenerla. Y los encuentra, vaya si los encuentra. Con la consecuencia de que arrancan a la niña de la familia Breirather, donde ya era uno de sus tres hijos, para entregarla a unos padres a los que no conoce y con los que muy poco después ha de emprender el camino sin retorno al tétrico Auschwitz.

Había leído Abschied von Sidonie recién aparecida en alemán, hace casi quince años, y la he vuelto a leer ahora traducida, con motivo de esta reseña. Y ha conseguido atraparme de nuevo, hacer que me vuelva a indignar, que vuelva a cerrar los puños de la rabia y a sentir como una mano que me estruja la garganta, crispado ante el espectáculo de tanta estolidez, tanto daño causado hasta sin querer, lo que no hace sino empeorarlo todo. Creo, pues, que no puedo dedicarle a Adiós a Sidonie un elogio mayor que este reconocimiento de haberme hecho revivir los sentimientos de su primera lectura, y haberlo conseguido una vez más sin recurrir el autor, en ningún momento, a ninguna clase de patetismos.

Un par de palabras, todavía, acerca de la traducción. No es mala, pero tampoco le hace honor al original. El lenguaje que usa Hackl es de una precisión extrema, de una concisión lacónica que expresa el pensamiento con las palabras contadas, ni una más ni una menos: «Warum sie, und wir nicht! (¿Por qué ellos, y nosotros no?)». La traducción acordeoniza: «¿Por qué ellos sí, pensaba, y nosotros no?», convirtiendo al lector en un menor de edad al que hay que explicarle que eso es lo que piensa Hans Breirather cuando escucha el himno de Riego en las emisiones en alemán de la Radio CNT de Barcelona durante la Guerra Civil española. Y acordeonamientos de este género se producen bastantes a lo largo del texto. Hay, además, algún detalle que no me gusta, por ejemplo el de llamar «madres extramatrimoniales» a las que son lisa y llanamente madres solteras. Y sobre todo, sobre todo, rechazo de plano la traducción de la frase final, donde Hackl se refiere a Margit, una mujer viva de setenta años de edad, que podría haber sufrido la misma suerte que Sidonie, pero –dice la traducción– «ningún libro tiene que recordar su destino porque hubo gentes que en buena hora se acordaron de ella». A mi manera de ver, lo que Hackl escribe es algo distinto: «ningún libro tiene que recordar su destino porque hubo a tiempo personas que la consideraron alguien de los suyos». Lo que no era Sidonie salvo para sus padres no carnales.


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