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LITERATURA INFANTIL Y JUVENIL
Alas
Cristina Sánchez-Andrade
Cristina Sánchez-Andrade es escritora. Su última novela publicada es Ya no pisa la tierra tu rey.
nº 96 · diciembre 2004
SILVIA DONOSO MACHADO
Cuentos y pájaros
Taller literario del Círculo de Bellas Artes para niños
El instalador S.A., Madrid, 164 págs. -

En Cuentos y pájaros, este genial librito escrito por niñas y niños de todas las edades del taller literario del Círculo de Bellas Artes, hay flores que roncan, una casa con ruedas, un sombrero que habla con una lagartija (en todos los idiomas), un tiburón que se mete en la ducha y un invierno que dice villancicos. Ocurre como en Alicia en el país de las maravillas : una vez que el lector decide –y acepta– entrar en ese universo, todo vale. El que aquí escribe (y lee) no sabe adónde le conducirá el juego porque el único plan es seguir jugando.

Y es que, según explica Silvia Donoso, responsable del taller y de la edición del libro, la dinámica básica utilizada para escribir estos cuentos ha sido precisamente la del juego: en primer lugar se deja a un lado el discurso lógico con que llegan la mayoría de los niños al taller (sobre todo a partir del momento en que empiezan a leer) y se trabaja por asociación de ideas, a partir del dibujo o de frases motivadoras que en el libro aparecen en negrita. Se describe siguiendo un mecanismo de sustitución: un barco por un osito, por ejemplo, de modo que los «barcos tienen brazos y orejas, y lloran». Porque para los niños, sigue explicando Donoso, «no es el coche quien se mueve sino la luna», y es necesario abrirles la ventana un día y hacerles sacar las manos para que mantengan una conversación real con el frío («Hola, frío –dice Gema Trapote, de once años–, ¿te gusta un papel blanco o de colores?»).

Una simple línea, una palabra, una música o un gesto son suficientes para que surja el más delicioso de los disparates: «Soy un sombrero un poco justo –dice Álvaro Fernández Darna, de seis años– y estoy enamorado de una chica humana». Otras veces, el relato que queda es más o menos formal y correcto, atreviéndose a asomar al absurdo sólo de refilón: «Los leones viven en la selva –dice Bá

rbara Garrido, de cuatro años–, los osos polares viven en el polo norte y las personas viven en Cáceres». Pero, ¿qué es lo que resulta tan genial de estos poemas, cuentos o ideas? El método que utilizan los narradores y poetas «adultos» no es, en realidad, muy distinto. Sabemos que el escritor adulto se vale de imágenes, palabras o sensaciones que en la mente acuden cargadas de significado. Basta con tirar del hilo para que nazca, en torno a cada una de ellas, un campo de analogías. En lo que respecta al libro que analizamos, creo que la diferencia está en que el niño está despojado de esa aburridísima «pretensión» de demostrar todo lo que sabe desde la primera página, tan propia de la literatura adulta, sobre todo la actual («¿De dónde viene la "e"?», le preguntan a Florencia Weihmüller, de tres años. «¡No me acuerdo de todo!», dice ella). Ello no impide que los cuentos no sean «sabios» a su manera. Sirva de ejemplo el cuento (o impactante reflexión, al menos desde la perspectiva del adulto) de Samuel Portilla López, de cuatro años. Dice así: «¿Por qué discutían Perico y Perica? Porque se habían casado». O la pregunta-respuesta de Jorge Santa María, de siete años: «¿Sabes quién soy. Soy un hombre».

¿Qué nos encontramos en estos relatos además de una verdad apabullante revestida de imaginación? Pues todo. Al menos todos los requisitos imprescindibles del llamado relato breve: intensidad, economía de medios, concentración dramática... En todos ellos la sugerencia queda ahí, y el lector desarrolla sus intuiciones para completar el texto.

Se observa en este libro que, a medida que va aumentando la edad del niño (niños a partir de los ocho años), la imaginación y la espontaneidad se restringen, el vocabulario se va haciendo más abstracto y elevado (aparecen palabras como «eternidad» o «autoestima», o expresiones más manidas como «el que ríe el último ríe mejor»), el relato se pega más a la realidad, es menos sugerente. Y es que, a medida que el niño va socializándose, disminuye, la actividad fantástica característica de la infancia. En realidad, no disminuye, sino que se convierte en otras actitudes y actividades imaginativas que cumplen otras funciones: dar a la vida un sentido que aparentemente no tiene.

Cuentos y pájaros es, en suma, por su originalidad y su inocente belleza, un juego, un vuelo libre del pensamiento. Un libro muy recomendable, sobre todo para aquellos lectores que tengan hijos (también para los propios hijos), o que estén de alguna forma vinculados al mundo de la pedagogía.


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