Rdl
Mostrar imágenes
Artículo
HISTORIA
Abogados de oro
Rafael Rodríguez Tapia
nº 7-8 · julio-agosto 1997
RAMÓN TIJERAS
Abogados de oro
Temas de Hoy, Madrid, 1997 -

¿Puede creer alguien que el título de abogado garantiza la honradez, la cultura, la moralidad o la filantropía de su propietario? Quizá sí, cuando el autor de esta obra se muestra tan escandalizado; o tan interesado en que los lectores comprendan lo escandaloso de las informaciones que proporciona: las que ha extraído del rincón más oscuro del Registro Mercantil o del estante más oculto de los archivos judiciales. Muy pronto el lector se verá abrumado por interminables relaciones de vocalías de consejos de administración y por las, al parecer, extraordinariamente ilegítimas maniobras a las que se han entregado sus miembros para comprar o vender empresas, para ejercer presión interesada sobre la Administración o, incluso, para otorgar la contrata de limpieza de su sala de juntas a quien resulta ser nada menos que un familiar de un primo de un famoso abogado que suele salir en la prensa (por ejemplo). Continuamente nos encontramos con aberraciones socioeconómicas de ese calibre; inmediatamente se relacionan con la posibilidad de que nuestro régimen político, nuestra estructura social, nuestro propio ser, se pierdan a sí mismos y se despeñen por las simas de la desintegración. El lector tenderá a preguntarse si se ha perdido algún párrafo, alguna palabra clave, algo; y volverá atrás, y no encontrará nada.

Quizá más que una secuela, lo que necesita esta obra es un prólogo: un texto que enseñe al lector (al lector-lector; no al abogado, o al periodista) a apreciar en su justa medida lo importante de las informaciones derramadas en la presente. Antes de una escritura como la de Abogados de oro hay que enseñar al lector a aceptar el capote, a embestir y a humillar, si no se hace así, la faena resulta imposible y el lector se queda abanto, mirando a uno y otro puntos del tendido, intentando recuperar el resuello después de cada tramo del muy laberíntico recorrido que en cada tanda de pases le obliga a hacer.

Quizá es que se trata de una obra para iniciados. Pero a los iniciados nada aporta, porque son precisamente los protagonistas. Lábil fascinación de las secciones periodísticas de chismorreos empresariales; contrición de conversos del mariocondismo, astilladores del árbol caído que ellos mismos levantaron. Vendrán más como ésta.


rdl