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LITERATURA ESPAÑOLA
Ibiza en sepia
Santos Alonso
CRÍTICO LITERARIO Y PROFESOR EN LA UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID
nº 118 · octubre 2006
Rafael Azcona
LOS EUROPEOS
Tusquets, Barcelona - 304 pp. 18 euros

Rafael Azcona (1926), sin duda el guionista de cine español más reconocido en los medios internacionales, ha desarrollado desde muy joven una carrera de escritor, centrada sobre todo en la literatura realista y de humor, que a menudo ha quedado oscurecida por su trabajo cinematográfico. Una de sus primeras novelas, publicada en la década de 1950, fue Los europeos, que ahora se edita revisada y corregida por el autor.
A estas alturas, y después del tiempo transcurrido, Los europeos puede ser calificada como un testimonio de época, demasiado apegada al costumbrismo, aunque con un punto de humor –no mucho– expresionista. Corrían entonces los aires del realismo objetivo y social, y los narradores, frente a las circunstancias adversas de la dictadura, querían dejar constancia de los problemas de la gente contando historias que retrataran la vida difícil en las ciudades y el campo. Sus protagonistas (campesinos, mineros, jóvenes empleados, jornaleros, etc.) estaban familiarizados con la desilusión.

Al igual que los novelistas del medio siglo, con los que comparte la edad, Azcona ofrece aquí un relato, si no social en sentido estricto, sí al menos realista y objetivo, sobre las experiencias de los jóvenes españoles que durante el verano, en un ambiente de oscurantismo ideológico y sexual acorde con la represión franquista, se embarcaban rumbo a Ibiza para satisfacer sus pobres sueños de ligar europeas. Sin embargo, no estamos ante uno de los grandes títulos de la narrativa de entonces, ni mucho menos, sino ante una obra menor, semejante en muchos aspectos a las que otros novelistas, unos mejor y otros peor, escribieron en su momento sobre la fiebre de los seductores hispánicos ante la llegada de las suecas a las costas de Levante o de las francesas a los cursos de verano.

Por este motivo, la novela desprende en casi todas sus páginas el sabor rancio del tópico y el color sepia de las fotos manoseadas. Podrá aducirse que en el tratamiento del asunto hay algo más significativo que la propia anécdota costumbrista, como la visión ácida del momento histórico, el tono expresionista del humor negro (no mucho, ya se ha dicho) con que el autor aborda el comportamiento de los personajes o la diferente perspectiva desde la que se mira la realidad española, no tan grave ni tan comprometida como la presentaban los mejores autores de su tiempo (llámense Fernández Santos,Aldecoa o Ferlosio), pero esto no es suficiente para hacer de Los europeos una obra perdurable.

Azcona no profundiza en los conflictos ni en las contradicciones sociales, sino que navega por la superficie de lo representativo y típico.Tanto la historia como los personajes se sitúan en el territorio del lugar común que podría verse en no pocas películas cómicas españolas de la época: es decir, no se caracterizan por su individualidad, que es una base recomendable en literatura. Así, la trama acaba siendo plenamente folletinesca y los personajes esquemáticos, incluidos los que llevan el peso de la trama:Antonio, el típico «salido» español que va anotando en una agenda sus conquistas amorosas, y Miguel, otro típico español que, partiendo de buenos sentimientos, corona su peripecia (la parte más melodramática de la novela) con la reacción machista habitual en estos pagos.

En resumidas cuentas, estamos ante una novela bastante irrelevante cuyo mérito consiste en su referencialidad. Lo demás, como ya se ha dicho, discurre de forma muy mecánica. Incluso los diálogos, que cabría esperar más originales y expresivos en el autor, resultan excesivamente planos.


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