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Artículo
Salud global
Francisco García Olmedo / Jaime Costa
03/10/17

Acaba de publicarse en un número monográfico de The Lancet un análisis sistemático del «Estudio de la carga global de enfermedad 2016». Dicho estudio ha supuesto un esfuerzo gigantesco para seguir a escala global la evolución de la salud de los habitantes del planeta entre 1980 y 2016: la mortalidad específica correspondiente a 264 causas en 195 localizaciones. Este valioso conjunto de datos, que en la prensa española se ha reflejado en términos futbolísticos, tiene mucha más importancia y utilidad práctica que la mera constatación de que los españoles hemos desaparecido de los diez países en cabeza y hemos bajado muchos puestos en la liga de la salud, debido principalmente al incremento de la obesidad, el tabaquismo y el alcoholismo.

El desglose de los datos hasta el nivel nacional y en función del sexo y la edad convierten al documento citado en una herramienta imprescindible para las políticas sanitarias y nutricionales de los distintos países, siendo de vital importancia las desviaciones nacionales respecto a las tendencias globales. Uno de los problemas de cualquier estudio como el que nos ocupa es la falta de homogeneidad de la calidad de los datos disponibles, que en este caso ha sido atentamente considerada al clasificar los países en categorías según la calidad descendente de sus datos (25 en la máxima y 48, 30, 21, 44 y 27 en las sucesivas).

La isquemia cardíaca es la causa sobresaliente de muerte en 113 países en el caso de los hombres y en 97 en el de las mujeres. Las distintas regiones presentan patrones característicos en las tendencias observadas. Así, por ejemplo, los niveles alcanzados de la malaria y el sida en el África subsahariana han sido mayores de lo esperado, lo mismo que la diabetes en Oceanía, la violencia interpersonal dentro de América del Sur y el Caribe, o la cardiomiopatía y la miocarditis en Europa del Este. Los niveles alcanzados de la isquemia cardíaca fueron menores de los esperados en 117 de los 195 países incluidos en el estudio.
Entre 1990 y 2016 se ha producido un marcado desplazamiento hacia muertes más tardías: un 178% ha sido el aumento de las muertes en el intervalo de los 90-94 años y un 210% en el de después de los 95 años de edad, lo que implica un éxito notable en la reducción en la incidencia de muchas de las causas de muerte. En líneas generales, en el período considerado han declinado las tasas de mortalidad debidas a enfermedades transmisibles, maternales, neonatales y nutricionales. En algunos casos se han dado aumentos, como en el caso de la diabetes o de algunos neoplasmas, y en algunas localizaciones han influido negativamente causas como el consumo de drogas, la violencia o el terrorismo.

Los datos más recientes del Eurostat dan a España buenas noticias respecto a la incidencia de la isquemia coronaria o del cáncer, pero nos suspenden en los índices de inversión en I+D, que son sencillamente desoladores.

* Francisco García Olmedo es redactor y voz narradora del blog. Jaime Costa colabora en la prospección y documentación de los temas.


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