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Rosa Montero disparata sobre el gluten y la homeopatía
Francisco García Olmedo / Jaime Costa
13/06/17

Rosa Montero, cuyas magníficas entrevistas de antaño recuerdo y cuyas novelas de gran difusión respeto, acaba de publicar en el suplemento dominical del diario El País un desafortunado artículo en el que tergiversa la labor del agrónomo Norman Borlaug, caricaturiza a la investigación científica y defiende la homeopatía. No puedo menos que apresurarme a puntualizar los aspectos más disparatados del citado artículo, aunque sólo sea porque Borlaug, quien salvó del hambre de forma totalmente altruista a más de mil millones de seres humanos y fue galardonado con el Nobel de la Paz, merece un gran respeto póstumo.

1. En contra de lo afirmado por Montero, ninguna de las variedades de la Revolución Verde fue transgénica, ya que esta tecnología no se puso en práctica hasta décadas después de dicha revolución.

2. Tampoco Borlaug se ocupó de la mejora del arroz, sino que tuvo su mayor éxito en la del trigo.

3. Si hubiera producido trigos transgénicos, tampoco éstos tenían por qué tener modificado el gluten.

4. Ni siquiera en la actualidad hay una sola variedad de trigo transgénico en el mercado. Siendo así, tampoco puede haber gluten transgénico.

5. El gluten de las numerosas variedades de trigo obtenidas por el citado investigador no fue objeto de modificación genética y las variedades de la Revolución Verde sólo presentan combinaciones del gluten de las variedades a partir de las cuales fueron obtenidas. Quien sea sensible al gluten de las nuevas variedades lo será también al de las que las precedieron y al de las ancestrales, incluida la que ella llama espelta o kamut. La hipótesis de que Borlaug modificó algo en sus variedades que las hizo perjudiciales para el ser humano es delirante.

Rosa confiesa tener cuatro tornillos en la columna vertebral y se muestra convencida de que las molestias que éstos le ocasionaban han desaparecido porque ha dejado de consumir gluten. No se le ha ocurrido pensar que su intolerancia se deba al material de que están hechos esos tornillos, recurriendo a la invención de una causa evanescente. Pudiera ser que ella tuviera una cierta intolerancia al gluten y su médico podría investigarla, aunque no creo que Montero estuviera dispuesta a consumir el mismo pan de antes para ver si le volvían los problemas. Ese experimento sólo aclararía su caso. Para probar el caso general, sería necesario realizar un ensayo clínico con un número suficiente de pacientes como para que los resultados sean estadísticamente significativos. Su médico podría llevarlo a cabo con fondos públicos, sin necesidad de recurrir a las multinacionales. En cualquier caso, me alegro de que la autora se haya adaptado por fin a sus tornillos, sea por la causa que sea.

En contra de lo que también afirma Montero, y muy afortunadamente, no existe esa «terrible dependencia de nuestro conocimiento de unos estudios supuestamente científicos que están orientados hacia el beneficio de las grandes empresas». Hay muchísima más investigación fuera del ámbito de estas empresas que dentro de él. Por supuesto, no hay estudios sobre le «gluten transgénico» sencillamente porque, como ya hemos dicho, no existe tal gluten y, en consecuencia, no puede interesarse nadie por él. El gluten normal sí que llevamos varias décadas estudiándolo en muchos laboratorios. Estos estudios han contribuido a esclarecer y diagnosticar mejor la enfermedad celiaca, una intolerancia a dicho complejo proteico que sólo afecta a ciertos individuos. Además, el profesor Francisco Barro, en la Universidad de Córdoba, ha desarrollado por transgénesis un trigo bajo en gluten cuya comercialización está bloqueada por la sinrazón de personas como Rosa Montero. Suprimir el pan de la dieta de los individuos que no padecen intolerancia es potencialmente perjudicial.

El delirio anticientífico de Montero le lleva incluso al extremo de realizar una defensa falaz de la homeopatía. Esta carece de fundamento racional y empírico; no sólo es una práctica acientífica, sino que es anticientífica en la medida en que su adopción no sólo puede perjudicar a quien se acoge a ella, sino también al resto de la población. Afirma que es medicina barata pero, como dice mi amigo José Miguel Mulet, en realidad lo que venden los homeópatas es agua muy cara. En la entrada anterior de este blog aludía a la reciente muerte de un niño al que sus padres negaron el eficaz tratamiento médico y lo trataron homeopáticamente. Además, si no tratas eficazmente una infección epidémica, y la intentas frenar homeopáticamente, pones en riesgo a toda la población. La homeopatía no es, por tanto, ni beneficiosa ni inocua, como pretende Montero, y debe ser enérgicamente combatida. No vale ese insidioso argumento de que quienes tal opinamos formamos parte de una conspiración farmacéutica global.

He criticado en mi anterior blog las malas prácticas de las multinacionales farmacéuticas, con sus inaceptables enjuagues económicos, aunque no con los argumentos sumarios de nuestra novelista. Lo que ha hecho ésta con Norman Borlaug y el pensamiento científico equivale a que yo dijera que sus novelas son pura «basura-best-seller» sin haberlas leído, pero mi indignación no me lleva a tal dislate. Sí digo, sin embargo, que su artículo no está a la altura de la responsabilidad que debe demandarse a una figura de su dimensión pública.

* Francisco García Olmedo es redactor y voz narradora del blog. Jaime Costa colabora en la prospección y documentación de los temas.


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