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Medio siglo de la demanda de alimentos en España (I): gastos
Francisco García Olmedo / Jaime Costa
11/10/16

Mercasa es una empresa de mayoría pública que acaba de cumplir cincuenta años. Dentro de la celebración de este aniversario, el profesor Martín Cerdeño acaba de publicar un interesante estudio sobre la evolución de la demanda de alimentos en España durante el último medio siglo que glosaremos y comentaremos en dos entregas de este blog. El objetivo de Mercasa es «promover, construir y explotar, directamente o en colaboración con los Ayuntamientos, Mercados Centrales de Abastecimiento de productos alimenticios y mejorar en todos los órdenes el ciclo de comercialización de los mismos». A lo largo de este tiempo, Mercasa ha contribuido notablemente a la modernización del comercio de productos frescos en España y de la compleja cadena que conecta la producción de alimentos con su consumo.

El estudio de Martín Cerdeño viene a desmentir una vez más la manida tesis de que «en nuestro país no ha cambiado nada». ¡Vaya si ha cambiado el sector alimentario en este período de tiempo! Basta con que nos fijemos en la evolución de los gastos en alimentos y bebidas para constatarlo. En 1964-1965, gastábamos casi la mitad de los ingresos del hogar (48,7%) en alimentarnos, mientras que ya desde principios del actual siglo estos gastos han estado por debajo de la quinta parte (17% en 2015). Y si nos remontamos a la segunda mitad del siglo XIX, nada menos que el 70%, la mayor partida del presupuesto hogareño, estaba dedicada a la adquisición de alimentos. Estas cifras implican que durante el último medio siglo la población española ha dejado de tener que trabajar principalmente para comer, un cambio que ha ido en cierto modo en paralelo a la drástica disminución de la proporción de agricultores en la población activa, que era de casi el 50% en 1950 y se sitúa en torno al 5% en la actualidad.

Durante el período considerado se han producido una serie de cambios concomitantes que han condicionado no sólo el mencionado cambio global, sino su desglose entre gastos alimentarios en el hogar, que ha experimentado una bajada significativa, y los gastos realizados en establecimientos hoteleros, de restauración y de catering (el llamado sector «horeca»), cuya proporción ha ido al alza, sin llegar a compensar del todo el declive de los primeros. El aumento de los ingresos hogareños, el mayor número de mujeres que trabajan fuera del hogar, los cambios en la estructura y el tamaño de la población o los incrementos de la esperanza de vida en hombres y mujeres son algunos de los factores condicionantes de los cambios observados.

La población pasó de 31,9 a 46,7 millones de habitantes y la esperanza de vida se alargó en los hombres de los 67,4 a los 80 años y en las mujeres de los 72,2 a los 85,6 años. El crecimiento vegetativo, que era vigoroso al principio del período (saldo neto por mil habitantes = 12,5), se ha estancado prácticamente (0,8/1.000). Estas cifras inciden sobre la importancia relativa de las distintas franjas de edad en la población total. Así, por ejemplo, los menores de catorce años, que representaban el 27,3% de la población en 1960, ahora apenas llegan al 15%, y los mayores de sesenta y cinco años han pasado de representar el 8,2% del total de la población al 18,5% en 2015. Esto supone que, aunque durante el período considerado no hubieran cambiado los patrones de consumo de cada franja de edad, sí se habrían producido cambios globales en dicho patrón, a los que se superpondrían los cambios debidos a la evolución del patrón de demanda de cada franja de edad, que será el tema que abordaremos en la siguiente entrega de este blog.


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