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LITERATURA ESPAÑOLA
Contra el olvido
Lola Velasco
nº 3 · marzo 1997
ANA MARÍA MATUTE
Olvidado rey Gudú
Espasa Calpe, Madrid, 1996 Premio Nadal Destino, Barcelona, 1997 - 890 págs.

Desde sus comienzos literarios en los años cincuenta, Ana María Matute ha mantenido siempre una actitud de protesta ante el mundo que le ha tocado vivir. «La novela –dijo en cierta ocasión– a la par que un documento de nuestro tiempo y que un planteamiento del hombre actual, debe herir la conciencia de la sociedad, en un deseo de mejorarla.» Así, en Primera memoria o En esta tierra criticaba las devastadoras consecuencias de la guerra civil; en La trampa atacaba a la burguesía y en Fiesta al Noroeste o Los Abel recreaba el mito bíblico de Caín, tema recurrente a lo largo de toda su trayectoria narrativa.

Pero, a pesar de esa postura crítica que ha hecho que a menudo la encasillasen en el realismo social, desde el principio se vislumbraba una veta fantástica y poética en su obra, que nada tenía que ver con aquel realismo planfletario de posguerra ni con otras languideces líricas de la época. La suya ha sido siempre una realidad a su manera, reinventada, hasta en los peores tiempos, cuando Matute tenía que ocultar sus verdaderos intereses literarios, dando forma a sus sueños en secreto, como le ocurría a su personaje Jujú en el desván de El polizón del Ulises («Cuando era más joven me daba vergüenza escribir sobre estas cosas, porque entonces se hacía una literatura realista y no quería ni pensar lo que dirían de mí si me ponía a escribir sobre caballeros y duendes y elfos...»).

Pues bien, Matute ya parece haber perdido esa vergüenza, y ha escrito el libro que siempre deseó: Olvidado rey Gudú. Una obra de más de ochocientas páginas en la que apuesta por un género, el cuento de hadas, poco cultivado en nuestra literatura y casi una rareza en estos días. Es un cuento de hadas con matices, pues, al igual que Cervantes (salvando las evidentes distancias) utilizó la estructura del libro de caballerías para reflejar el espíritu humano en su dimensión universal, Matute se sirve del cuento de hadas para reivindicar la necesidad de volver a un mundo en el que todo es posible, frente a este otro que se está olvidando de soñar, al mismo tiempo que hace todo un tratado de las pasiones humanas, con sus bajezas, crueldades, anhelos y debilidades.

Olvidado rey Gudú cuenta la fantástica historia del reino de Olar y de los personajes que en él habitaron. Un mapa inicial sitúa este reino fuera de toda geografía conocida. Por la ambientación suponemos que estamos en una remota Edad Media, aunque no se especifiquen fechas.

Estructurado en cuatro partes, el argumento evoluciona cronológicamente desde los orígenes del reino de Olar, a través de la vida y las múltiples aventuras del rey Gudú, hasta la desaparición de estas tierras y la llegada del olvido anunciado. En ese tránsito conoceremos historias fabulosas y multitud de personajes: el rey Gudú, cruel y sanguinario, víctima de un hechizo maquinado por su madre, la reina Ardid, para hacer de él un rey «perfecto», anulándole toda capacidad de amar; su contrapunto, el fiel hermano Predilecto; un trasgo borracho y promiscuo; una Ondina que colecciona ahogados; el hechicero; Almíbar; Tontina... Y el personaje latente, el que acompaña a todos ellos a lo largo de su vida: el Olvido, misteriosa palabra que se había transmitido de padres a hijos desde sus orígenes, y que sólo será descifrada por Gudú al final de sus días, porque, como dijo Séneca, la muerte no está en el futuro sino en el pasado, en todo lo que no tuvimos, perdimos o nos abandonó. Es el Olvido del eterno conflicto del ser humano consigo mismo. Un olvido que se sitúa, como en la mayor de los cuentos de hadas, en la lucha de los orígenes y la memoria inicial, el cosmos que surge del caos, el aprendizaje de la humanidad, el crecimiento interior.

Un libro que trata, en definitiva, de lo verdaderamente desconocido, que no son las tierras, ni las lenguas, ni las costumbres que Gudú quiso someter con su espada, sino la naturaleza humana, los sentimientos que se repiten en cualquier tiempo y espacio. Es la gran paradoja, ese reino destruido por las lágrimas de un rey incapaz de llorar.

En Olvidado rey Gudú la autora rinde también homenaje a los escritores que la precedieron en esa defensa del mundo de la imaginación, explícitamente a Andersen, los hermanos Grimm y Charles Perrault, a quienes se lo dedica, pero también a toda una larga tradición de autores y obras (que aunque no estén citados, están presentes) como Tolkien, las aventuras de Gulliver, la saga artúrica...

Es de agradecer que, después de su prolongado silencio, Ana María Matute se haya atrevido a dar rienda suelta a su mundo fantástico. Puede decirse que –al final ha cortado la cabeza al dragón, y con ello contribuye a que recordemos lo mejor de nuestra olvidada literatura fantástica.


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