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ECONOMÍA
ADAM SMITH REVISITADO
Carlos Rodríguez Braun
diciembre 1996
IAN SIMPSON ROSS
The life of Adam Smith
Clarendon Press, Oxford, 1995 -

En 1976, con motivo de la celebración del doscientos aniversario de La riqueza de las naciones, se lanzó desde la Universidad de Glasgow una espléndida edición de las obras de Adam Smith, junto con varios volúmenes asociados escritos por los mejores especialistas en el famoso economista escocés. Uno de esos volúmenes correspondía a una biografía de Smith. Todos los libros proyectados en 1976 fueron publicados, menos uno: pasaron los años y la biografía de Smith –que llegó a figurar en varios manuales como ya publicada– no aparecía. Casi veinte años después de haber sido anunciada llegó por fin Thelife of Adam Smith y la llamada edición de Glasgow se ha completado. La espera ha valido la pena, porque se trata de un estudio muy completo. La labor resulta ardua porque el personaje, por así decirlo, no es nada colaborador. Pocos son los datos que hay sobre su vida y no exageró W. R. Scott, uno de sus poquísimos biógrafos, al afirmar que era «el menos conocido de los grandes de su tiempo». Smith no escribió ni diarios ni notas personales, y su correspondencia –editada por el mismo Ross y por E. Mossner, el biógrafo de Hume– es relativamente escasa. Ordenó a sus albaceas literarios que destruyesen todos sus textos, y él mismo, el 11 de julio de 1790, seis días antes de morir, mandó quemar dieciocho volúmenes de sus manuscritos. Si hemos podido conocer sus Lecciones ha sido sólo porque muchos años después se descubrieron unos juegos de apuntes de clase tomados por alumnos suyos. No es casual que haya habido tan pocas biografías de Smith: Dugald Stewart en 1794, John Rae en 1895 y el propio Scott en 1937. ¿Qué fuentes y datos presenta el profesor Ross sobre Smith? El distinguido economista sir Alan Peacock lo resumió en una palabra: todos. Es impresionante el esfuerzo de Ross en la recopilación de las informaciones más recónditas para poder rastrear las principales etapas de la vida de Smith (1723-1790): su infancia en Kirkcaldy, sus estudios en Glasgow y Oxford, su vida como catedrático en Glasgow en los años 1750 y comienzos de los 1760, cuando publica su Teoría de lossentimientos morales, su viaje al continente como tutor del joven duque de Buccleuch, la publicación de La riqueza de las naciones en 1776, su empleo en la Aduana de Escocia y sus últimos años en Edimburgo. La prolija acumulación de testimonios brinda un rico retrato de un hombre sabio y bueno, pero sin duda traumatizado por la prematura muerte de su padre, a quien no conoció. Smith vivió siempre con su madre y de hecho la sobrevivió apenas seis años, y este libro no desmiente que en realidad haya habido otra mujer en la vida de Smith que no haya sido su madre. Son muy interesantes los datos que aporta Ross sobre la vida cotidiana de Smith, su lado humano, entre distraído e hipocondríaco, y también su vinculación con los políticos y los intelectuales de su época. En una persona unió Smith amistad e intelecto: David Hume, la máxima figura de la ilustración escocesa, con quien mantuvo una entrañable amistad, con sugerentes matices en lo doctrinal y lo personal, puesto que Smith hizo una carrera ortodoxa y Hume jamás consiguió que le dejaran ser catedrático. Ian Ross no es un economista, y se nota. Las páginas dedicadas al Smith de la Riqueza son correctas, sin duda, y captan bien el mensaje del autor y la obra, pero no añaden esencialmente nada a lo que puede contar cualquier buen manual de historia del pensamiento económico. Pero en lo demás el libro está lleno de sugerencias y es rico en interpretaciones sugestivas, especialmente en lo relativo al primer libro de Smith, que él siempre consideró de mucho valor, y que muchos de sus amigos situaban por encima de su magnum opus en economía: la Teoría de los sentimientos morales, de 1759. «Smith siempre se consideró a sí mismo un moralista», sentencia Ross con acierto. Un solo lamento. Es tal la obsesión que tiene Ross en presentar la información que ha conseguido reunir sobre Smith, que a veces el lector se confunde, porque por seguir el rastro de Smith, Ross elude brindar las pistas indispensables sobre su contexto histórico: en varias partes del libro cualquier persona no familiarizada con el siglo XVIII escocés corre el riesgo de perder el rumbo.


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