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CLÁSICOS
Un diálogo del Renacimiento
Jesús Gómez
nº 7-8 · julio-agosto 1997
JUAN DE ARCE DE OTÁLORA
Coloquios de Palatino y Pinciano
Edición y prólogo de José Luis Ocasar Ariza
Biblioteca Castro, Madrid, 1996 -

Entre los diálogos del Renacimiento debe ocupar un lugar de relevancia la obra que se publica en dos volúmenes de la Biblioteca Castro. Los diálogos, o coloquios, son un género literario de tradición clásica que hunde sus raíces en los orígenes de la filosofía occidental, pero también en la retórica ciceroniana y en la sátira. No es de extrañar, a la vista de los ilustres predecesores del género existentes tanto en la Antigüedad como en la Edad Media, que durante el Renacimiento se produjera una «abundantísima floración de diálogos», según dice M. Bataillon en Erasmo y España, con nombres fundamentales para la cultura de la época como el de fray Luis de León y el de los hermanos Valdés. Dentro de esta corriente, los Coloquios de Palatino y Pinciano han permanecido injustamente olvidados desde que los escribiera Juan de Arce de Otálora a mediados del siglo XVI . En la actualidad, José Luis Ocasar Ariza nos ofrece la primera edición de esta obra, a partir del mejor de los cuatro manuscritos conocidos. Dos códices que presentan copias parciales de los Coloquios se conservan en la Biblioteca Nacional de Madrid. Los otros dos, que contienen el texto completo, se conservan en la Biblioteca del Seminario de San Carlos de Zaragoza y en la British Library de Londres. De manera razonable, Ocasar adopta como texto base de su edición el del manuscrito custodiado en Londres pues representa, al parecer, la última redacción supervisada por el autor.

Gracias a la edición de la Biblioteca Castro, que facilita la lectura de una obra hasta ahora tan sólo accesible en forma manuscrita, podemos percibir de inmediato la diversidad de conocimientos que encierra. Los Coloquios de Otálora se basan en las conversaciones que sostienen dos jóvenes universitarios, estudiantes de derecho civil y canónico, en su itinerario entre Salamanca y Valladolid durante las vacaciones, antes del inicio del próximo curso académico. En el marco de los Coloquios de Palatino y Pinciano, concebido al modo de un libro de viajes como era frecuente también en la narrativa clásica, los dos interlocutores introducen comentarios a propósito de los lugares por los que pasan, junto con las dos ciudades castellanas ya mencionadas: Tordesillas (donde visitan el palacio de Juana la Loca), Simancas, Villalar, Zamora, Toro, etc. Conviene subrayar la inmediatez, «periodística» diríamos hoy, con la que los estudiantes recogen todo tipo de noticias sobre la vida cotidiana en el siglo XVI .

Por otra parte, resulta difícil dar cuenta de la variedad enciclopédica con la que Palatino y Pinciano tratan los temas en sus coloquios, ya que, al margen de explicar las miserias de la educación y de la vida del letrado que cursa estudios en la Universidad, propósito principal del diálogo, los dos estudiantes charlan sobre asuntos tan diversos como la «negra honra», los frailes, la astrología, las brujas, las Comunidades de Castilla, las diferentes clases de música y de bailes, entre otras innumerables curiosidades. En la conversación que sostienen Palatino y Pinciano hay un retrato escrito de la mentalidad de la época, a través del diálogo en el que se intercalan otros géneros literarios como el vejamen incluido en la jornada octava (estancia séptima) y novelas como el licencioso cuento ocurrido entre dos estudiantes y dos moriscas que relata Pinciano al final de la obra.

Lamentablemente, los Coloquios de Palatino y Pinciano no han sido apenas utilizados en los estudios sobre la cultura clásica española, laguna que se debe atribuir al carácter inédito del texto que ahora se publica. Así, M. Bataillon no llegó a examinar la obra de Otálora en su Erasmo y España, lo que sin duda hubiera hecho de haberla conocido a tiempo pues manifiesta claras afinidades con otros diálogos erasmistas hoy más difundidos, como el Viaje de Turquía y El Crotalón. Sabemos poco todavía sobre la vida y obra de Juan de Arce de Otálora. En la edición reseñada, Ocasar incluye en el prólogo algunos datos básicos sobre la biografía del autor, jurista y catedrático vallisoletano perteneciente a la nobleza que, al igual que Palatino y Pinciano, cursó estudios en la Universidad de Salamanca. A pesar de la influyente posición social de la que goza Otálora dentro de la clase de los letrados, destaca el editor el tono irreverente con el que los interlocutores abordan en ocasiones temas conflictivos.

Además de la labor filológica llevada a cabo por Ocasar con esta edición de los Coloquios de Palatino y Pinciano, verdadera primicia en el campo editorial cuya significación no debiera pasar desapercibida, conviene insistir por último en la excelencia y en la calidad literaria del texto de Otálora, capaz de atraer no sólo al especialista sino a cualquier interesado en conocer nuestra literatura clásica. Ahora bien, parece arriesgado aceptar sin más comentarios las observaciones que desliza Ocasar en su prólogo al segundo volumen sobre el «epicureísmo confeso», la «indudable independencia religiosa» o la «calculada ambigüedad» de los Coloquios. Es cierto que Otálora o, mejor dicho, Palatino y Pinciano hacen gala de una gran libertad intelectual, pero de ahí no se debe deducir de manera concluyente el carácter heterodoxo del diálogo. Cabe entender los aspectos polémicos de los Coloquios de Palatino y Pinciano, que sin duda los hay, dentro del erasmismo y, en general, dentro de un cristianismo reformista que, por otra parte, resulta en la época peligroso y censurable. Dicho esto, coincido en destacar con el editor el carácter autobiográfico de la obra y la verosimilitud literaria con la que desarrollan Palatino y Pinciano sus «diálogos familiares», uno de los mejores exponentes del género del que por fin tenemos un texto fiable.


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