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Final de Ciencia al alioli: hasta pronto
Francisco García Olmedo
24/11/15

Llegamos al final de Ciencia al alioli. Durante dos años y un mes me he paseado por todos los rincones de mi incultura. Algunos de ellos podrían merecer varias visitas, pero la prudencia aconseja dar por terminada una aventura mientras ésta esté en su apogeo, independientemente de lo alta o lo baja que sea la cota alcanzada. Cualquier incultura es como el conjunto de agujeros de un queso muy agujereado, pero el conjunto es finito. No voy a pedir disculpas por las posibles deficiencias de mi discurso, porque creo conocerlas y ningún lector ha estado obligado a seguirlo.

Podría preguntarme ahora por la posible utilidad del esfuerzo realizado, pero no lo haré porque nunca pensé que la tuviera. La Ciencia y la investigación siguen siendo mal entendidas en nuestro país en general, y especialmente por los responsables políticos de su gestión. Como ya señalábamos en una entrada reciente del blog, el declive de los últimos años no debe medirse tanto por la magnitud del recorte efectuado, que ha sido grande, como por los elementos esenciales del sistema que han sido mutilados, y la visibilidad de los investigadores en la vida pública sigue estando bajo mínimos. Así por ejemplo, Emmanuelle Charpentier y Jennifer Doudna, galardonadas con el último premio Princesa de Asturias de Investigación Científica y Técnica, han sido con frecuencia omitidas en las enumeraciones de premiados, que a veces se han limitado a los hermanos Gasol. Pocos parecen haber reparado en que la contribución de estas investigadoras, un eficaz y preciso método para editar el ADN, abre una importante puerta al avance científico y a una multitud de aplicaciones biomédicas y agroalimentarias, ni en que este logro ha supuesto un talento y un esfuerzo en ningún caso menores que los de los famosos hermanos para meter la bolita por el aro.

No abandono, sin embargo, las páginas de Revista de Libros, por lo que mi despedida no es un adiós, sino un hasta pronto, ya que en breve reanudaré mi colaboración en ella con una narración por entregas semanales de «ciencia en la ficción». En esta modalidad novelesca, cuya denominación fue acuñada por Carl Djerassi, el ingrediente científico no es ficticio, como sí lo es en la «ciencia ficción». En Enredos científicos en Venecia, la ciencia se presenta tal como se discutió en una reunión real sobre Evolución que se celebró en Venecia en el otoño de 2006. Se cubrieron en ella los problemas del origen y transformación del universo, la vida, la mente, el lenguaje, la religión y, en menor medida, las artes plásticas y la música. Los posibles lectores verán si el experimento resulta de su interés.

Volviendo la vista atrás, podemos decir que hemos ido cubriendo distintos aspectos cotidianos de la política y sociología de la ciencia, esbozando retratos biográficos de científicos distinguidos, incluyendo sus inclinaciones extracientíficas y explorando las difusas fronteras de la actividad científica, junto a la consideración de situaciones puntuales relacionadas con las frecuentes crisis públicas que tienen un ingrediente científico o incluso un protagonismo de la ciencia. Con frecuencia hemos escrito sobre temas relacionados con la producción y consumo de alimentos, temas que parecen haber sido bien recibidos por los lectores. Si, después de Enredos científicos en Venecia, empiezo un nuevo blog, tal vez me centre en cuestiones relacionadas con algo tan central a la vida del ser humano como es nuestra nutrición.


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