RESEÑAS

Matones callejeros con aires de húsares

Jesús Casquete
Nazis a pie de calle. Una historia de las SA en la República de Weimar Madrid,
Madrid, Alianza, 2017
296 pp. 20 €

Pocos temas siguen fascinando tanto a los historiadores de todo el mundo como el nacionalsocialismo. Cientos de artículos y decenas de monografías se publican cada año en los principales idiomas científicos alrededor de esa cuestión. Casi todas sus facetas parecen haber sido cubiertas desde distintos ángulos: los orígenes del movimiento nazi, su ascenso al poder, su institucionalización, los diversos aspectos del desarrollo y puesta en práctica de su programa ideológico, la impregnación de la sociedad alemana por el nazismo, o su contribución a forjar el universo mental de los combatientes que lucharon y a menudo exterminaron civiles en los diversos frentes de guerra.

Parecía difícil, por tanto, poder aportar algo nuevo a esta historia. Y aún más desde una historiografía relativamente periférica y tradicionalmente ensimismada en sus propios fantasmas como lo es la española. Sin embargo, que todavía es posible aportar toques nuevos y distintivos es el desafío que acepta Jesús Casquete, profesor de Historia de los Movimientos Sociales y Políticos en la Universidad del País Vasco. Un autor con una sólida trayectoria investigadora en la que destacan sus anteriores estudios acerca de la cultura política del nacionalismo radical vasco, su interés por la teoría de los movimientos sociales y sus aproximaciones a los rituales funerarios y al culto de la muerte en las más diversas religiones políticas, incluido el nacionalsocialismo.

Casquete se interesa de modo especial por el culto a los caídos, la muerte y la violencia. No ha de extrañar que, pertrechado con un sólido arsenal teórico y metodológico, traslade su objeto de estudio desde los jóvenes radicales abertzales de los años ochenta y noventa hacia los nazis de los años veinte y principios de los treinta. El autor es un maestro del análisis de los movimientos sociales y de los grupos organizados a pie de calle, así como de su mitificación y glorificación desde abajo, pero también desde el poder. Y ahí selecciona su objeto de estudio: las Secciones de Asalto o Sturmabteilungen (SA) del partido nazi. Surgidas en la ciudad de Múnich en 1920 para prestar servicio de protección en actos del NSDAP, las SA, milicias uniformadas y violentas de extracción popular, desempeñaron un papel crucial en la expansión del partido nazi y su conversión en una organización de masas, preparada para dar el gran salto electoral desde 1930 y tomar el poder en enero de 1933.

A la historia de las SA se han dedicado ya concienzudas investigaciones monográficas, como, por citar dos de las más relevantes, la obra de Peter Longerich (Die braunen Bataillone. Geschichte der SA, Múnich, C. H. Beck, 1989) y el estudio comparativo con las escuadras fascistas italianas de Sven Reihhardt (Faschistische Kampfbünde, Colonia, Böhlau, 2002). Sin embargo, el enfoque de Casquete se centra en los ritos, el culto a la muerte, la violencia y el machismo, los mitos de combate y martirio, y el antisemitismo. No son temas vírgenes en la historia de las Secciones de Asalto, pero sí es novedosa la aproximación del autor, que concibe el movimiento nazi como una «religión política», aunque no limita su aproximación teórica al uso de ese término, que aplica con flexibilidad. Casquete fundamenta su investigación, en primer lugar, en un conocimiento exhaustivo de la historiografía existente sobre las SA y el primer nazismo, tanto en alemán como en otras lenguas. Pero también ha hecho generoso acopio de fuentes de archivo, principalmente muniquesas y berlinesas ‒tanto policiales como de la propia organización‒, y ha leído con minuciosa atención la publicística del movimiento y su prensa oficial, desde Der Angriff hasta el Völkischer Beobachter y otros boletines. Casquete no es un autor de refritos de bibliografía secundaria, caso de más de un impostado especialista hispánico en Europa Central u Oriental, sino que conoce bien el terreno que pisa, maneja con soltura el idioma de sus fuentes y dialoga en pie de igualdad con los especialistas sobre la historia de las SA.

Como señala el autor, los típicos militantes de las Secciones de Asalto eran, dentro de un perfil interclasista, matones urbanos de extracción social baja y media-baja, aunque con ínfulas de húsares, de caballeros teutones que salvaguardaban la civilización alemana. La misión principal de las SA era la pelea callejera y la intimidación del contrario político y del otro racial, los judíos. Estaban preparados para batirse con las milicias de los comunistas y socialdemócratas, en peleas que a menudo acababan con víctimas mortales, o en palizas caracterizadas por su salvajismo y su comportamiento vandálico. Era una brutalidad heredada de la Primera Guerra Mundial, pero también inducida por el convulso ambiente político-social de la Alemania de los primeros años de la República de Weimar, y en especial del Múnich que asistió al experimento de República bávara de los consejos presidida por Kurt Eisner (noviembre de 1918-febrero de 1919) y su epílogo de tres meses, caracterizado por una brutal violencia política calificable de guerra civil. A partir del año siguiente, las SA se convirtieron en la vanguardia y punta de lanza del movimiento nazi, desbordando claramente las funciones iniciales de milicia de protección de los actos del partido. Pronto pasaron a intimidar a los contrarios y a ejercer la violencia proactiva. Y se extendieron a otras ciudades bávaras y alemanas.

El autor no pretende, como bien señala en su introducción, escribir una historia total de las SA, estructurada en un relato cronológico. Por el contrario, plantea su monografía como un mosaico de «historias» de las SA, enlazadas con los suficientes datos como para permitir al lector hacerse una idea cabal de la evolución de conjunto de la organización y de su relevancia dentro del movimiento nazi. Aborda así los orígenes de las SA (pp. 29-48), para después centrarse en una serie de aspectos que responden, básicamente, a tres hilos conductores, aunque a menudo se superpongan en varios de los apartados. En primer lugar, los mitos de combate y martirio, como muestran los capítulos dedicados al papel de eventos como el mitin de la cervecería muniquesa Hofbräuhaus y la sala berlinesa Pharus (pp. 49-68), el culto al primer caído muniqués de las SA, Georg Hirschmann (pp. 69-84), el establecimiento de un «cementerio principal» de los caídos de las SA en el camposanto berlinés de Luisenstadt en 1931 (pp. 196-213), o lo que el autor denomina «pulido póstumo» de los mártires nazis (pp. 215-232). A ellos podrían añadirse las originales páginas consagradas a la difusión en el Tercer Reich del nombre de pila Horst, en homenaje al idealizado mártir de las SA, Horst Wessel (pp. 233-246), si bien las conclusiones del autor se antojan poco concluyentes. En los mejores momentos del régimen, apenas un 5,5% de los recién nacidos alemanes adoptaron tal nombre; no obstante, la evolución de su frecuencia puede ser un indicador más de las fluctuaciones del apoyo social al nazismo.

Un segundo bloque de capítulos tiene como objeto la investigación microhistórica de las dinámicas de la violencia política. Encajan en él los dedicados a la descripción de la expansión geográfica y del tipo de sociabilidad imperante en los Sturmlokale o locales de asalto, sedes de las SA, mezcla de cervecerías y cuarteles (pp. 85-98); el titulado «La violencia es cosa de hombres» (pp. 99-118), y el dedicado a la «guerra civil latente» (pp. 141-160). Este último se centra de modo particular en la reconstrucción minuciosa de la muerte del militante berlinés de las SA. Hermann Thielsch, acaecida en el barrio de Nostitz en noviembre de 1931, y su mitificación inmediata, en la estela de otros mártires del movimiento, como Wessel y algunos caídos más que se citan en este capítulo. A ellos podría añadirse el apartado dedicado al antisemitismo (pp. 119-140), abordado aquí no tanto en su variante ideológico-cultural como en su plasmación cotidiana, en forma de agresiones y boicots a ciudadanos judíos. El antisemitismo se traducía en matonismo contra personas, tiendas y establecimientos concretos.

Un tercer grupo de capítulos, más misceláneo, aborda facetas singulares de las Secciones de Asalto, directamente vinculadas con su dimensión de comunidad de combate. En esta categoría entran las páginas, ciertamente originales, dedicadas al sistema de seguros propio que ofrecían las SA a sus activistas (pp. 161-180), así como las que abordan el papel de los llamados «cristianos alemanes», grupo de pastores protestantes promovido por el diputado nazi en el parlamento regional (Landtag) prusiano, Wilhelm Kube, consagrados a la fusión, no siempre fácil, entre fe cristiana y credo nazi. Con ello se cerraba el arco temático: el libro empieza en la católica y convulsa Múnich de los primeros años veinte, y concluye con el secularizado y liberal Berlín de los años treinta. Como apéndices (pp. 247-267), el autor incluye hasta siete documentos de la historia de las SA debidamente traducidos. Algunos eran más o menos conocidos, como las letras de los himnos nazis Horst-Wessel Lied y Der gute Kamerad. Otros lo eran menos, como el decálogo de mandamientos de las SA, obra de Joseph Goebbels, o las directrices de los Cristianos Alemanes.

Nazis a pie de calle constituye un mosaico multiforme, pero con fuertes hilos conductores que le confieren coherencia. Encierra la suficiente información básica como para que el lector obtenga una imagen de conjunto cabal y completa de lo que fueron las SA. La narración es ágil, clara y elegante, y los términos y textos en alemán están traducidos en un castellano fluido y preciso. El volumen está repleto, igualmente, de sugerencias teóricas y propuestas para profundizar en el estudio de temas como la relación entre violencia y culto a la masculinidad, entre religión y nación, o sobre las dinámicas de embrutecimiento desatadas por la violencia callejera. Su enfoque oscila entre la historia cultural de la política, la historia cultural de la violencia y el estudio de los movimientos sociales. Quizás en algunos capítulos, la pasión narrativa, como en las detalladas reconstrucciones de la muerte de Thielsch, lleva a un exceso de descripción. Igualmente, el problema de presentar como un libro un mosaico de piezas diversas es que algunas de esas teselas, cada una de ellas, por separado, un artículo en sí, nos saben quizás a poco: desearíamos en ocasiones una contextualización más detallada de las temáticas abordadas. Por ejemplo, al discutir la situación de guerra civil «latente» en la Alemania de Weimar, habría sido pertinente abordar las acepciones y definiciones del término «guerra civil» y su posible aplicación a varios contextos revolucionarios y posrevolucionarios de la Europa de posguerra, como han mostrado en muy recientes monografías tanto Robert Gerwarth (Los vencidos. Por qué la Primera Guerra Mundial no concluyó del todo (1917-1923), trad. de Alejandro Pradera, Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2017) como Mark Jones (Founding Weimar. Violence and the German Revolution of 1918-1919, Cambridge, Cambridge University Press, 2016). Asimismo, la compleja relación entre cristianismo y nazismo abordada en el capítulo de los «cristianos alemanes» podría haberse beneficiado de algunas de las sugerencias de Alon Confino (A World without Jews. The Nazi Imagination from Persecution to Genocide, New Haven, Yale University Press, 2014), quien recuerda que Hitler pretendía crear una «religión alemana» anterior a la Biblia y a los judíos, un Dios alemán equiparable a una ley natural anterior a los hombres. En los orígenes muniqueses de las SA y su posterior desarrollo, la cuestión del influjo de los excombatientes desmovilizados de la Primera Guerra Mundial ‒analizada por autores como Thomas Weber (La primera guerra de Hitler, trad. de Belén Urrutia, Madrid, Taurus, 2012) o, en fechas muy recientes, por Ángel Alcalde (War Veterans and Fascism in Interwar Europe, Cambridge, Cambridge University Press, 2017)‒ habría merecido un desarrollo más amplio por parte del autor. La falta de un apartado de conclusiones contribuye quizás a hacer evidentes esas y otras líneas de fuga.

Esas observaciones, con todo, pueden igualmente leerse como una ilustración de una de las grandes virtudes de este libro, relativamente breve pero denso: suscitar nuevas preguntas, en vez de ofrecer cumplida respuesta a todos y cada uno de los interrogantes. Sin duda, las SA, al igual que sus camaradas de las SS (Schutzstaffel), seguirán fascinando a nuevas generaciones de historiadores e historiadoras. Pero quedará cada vez más claro lo que en esencia eran, como también muestra Casquete: unos fanáticos pendencieros racistas, cuya aureola gloriosa no fue sino una impostada construcción premeditada.

Xosé M. Núñez Seixas es catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Santiago de Compostela (en excedencia) y de la Universidad Ludwig-Maximilian de Múnich. Sus últimos libros son Camarada invierno. Experiencia y memoria de la División Azul (Barcelona, Crítica, 2016) y Fascismo, guerra e memória. Olhares ibéricos e europeus (Porto Alegre, ediPUCRS, 2016). Es asimismo coordinador de España en democracia, 1975-2011 (Barcelona y Madrid, Crítica y Marcial Pons, 2017).

13/11/2017

 
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