RESEÑAS

Mormandeces

Franco Mormando
Bernini. His Life and his Rome
Chicago, The University of Chicago Press, 2011
456 pp. $ 18

Paedophilia es la palabra con que se abre el primer capítulo de este libro sobre Gian Lorenzo Bernini y su contexto romano, escrito por Franco Mormando. No debemos sorprendernos excesivamente pues, a lo largo de las siguientes páginas, vamos a encontrar a cada paso otras palabras como sodomy, adultery, bestiality, rape, etc. Es difícil creer que este énfasis en la sexualidad, no sólo de Bernini, sino de la población romana en general –tanto en sus estamentos privilegiados, especialmente los miembros de la curia, como en las capas más populares– obedezca a cuestiones estrictamente objetivas, pues los datos que aporta el autor sobre este tema, como, por ejemplo, los maledicentes y anónimos avvisi, resultan de una más que dudosa fiabilidad si no están corroborados por otras fuentes, mientras que otros son fruto de sobreinterpretaciones de textos bien conocidos. A menudo, además, el autor no duda en escudarse en los «se dice» o «se cree», sin más precisiones. Es difícil eludir, por tanto, la sensación de que el propósito de Mormando es, ante todo, introducir en su relato un cierto frisson de escándalo que compense en la medida de lo posible un texto que, como es seguramente consciente el propio autor, resulta tedioso.

Mormando no es historiador del arte, algo que se deja sentir en sus referencias bastante pedestres a las obras de arte de Bernini o a las de algunos de sus contemporáneos; sencillamente da la sensación de que no tiene mucho que decir sobre ellas: su dedicación actual en el Boston College, en la ciudad del mismo nombre, uno de los centros jesuitas de educación superior en Estados Unidos, es de profesor de Italiano en un curso vagamente descrito como Italian Studies, dentro del Departamento de Lengua y Literatura Romances, y es muy probable que esta indefinición disciplinar condicione su visión tanto de Bernini y su genio creativo como de la Roma en que le tocó vivir, que divaga entre reflexiones sociológicas, cuestionables alusiones a economías comparadas o análisis psicológicos que desgraciadamente sólo pueden considerarse como psicología pop. Pero, indudablemente, la mayor desventaja del libro de Mormando es su declarada da intención de hacer una obra fácilmente asequible incluso a los más profanos, es decir, su decidida voluntad, que muchos encontrarán ofensiva, de rebajar cualquier rigor intelectual mediante un uso reiterativo de coloquialismos y unas reflexiones de insoportable trivialidad. Valgan como ejemplos su afirmación de que las raíces de Broadway se encuentran en la Roma Barroca (p. 168), o su más embarazosa aún condescendencia, después de haber criticado acremente a los miembros de la curia vaticana, de que, desde luego, también había en ella «a few genuinely decent folk» (p. 180), o, en fin, cuando denomina «this guy» a Inocencio X (p. 174). Peor todavía son las explicaciones que da, seguramente pensando en lectores no católicos, de cuestiones teológicas, como el valor salvífico de la sangre de Cristo. Surgen estas en relación con un dibujo de Bernini dedicado a este tema, que Mormando sólo parece conocer por una estampa del grabador francés, afincado en Roma, François Spierre. Sin embargo, aunque Mormando menciona que el escultor mandó hacer una copia al óleo de su dibujo, ignora que esa «copia», generalmente admitida ahora como original de Bernini, se conserva en Ariccia, en el Palazzo Chigi, procedente de la Colección Faggiolo. La composición, descrita por Mormando como gruesome , es, en realidad, extraordinaria y refleja una densidad iconológica que ha sido brillantemente puesta de relieve por Irving Lavin, entre otros especialistas.

El problema, sin embargo, con esta obra de Mormando no radica sólo en su desconocimiento o falta de sensibilidad para con el arte de Bernini –siguiendo a Simon Schama, otro historiador pop donde los haya, afirma que el éxtasis de Santa Teresa en la Capilla Cornaro es «the most- astounding peep show in art»– sino en su idiosincrásico «método» historiográfico. Así, Mormando procede a establecer hipótesis basadas en las más inconsistentes evidencias, encadenándolas unas con otras, hasta, finalmente, desembocar en unas conclusiones que parece considerar ya como «cosa probada», algo que resulta penosamente evidente, por ejemplo, en sus reflexiones sobre las relaciones entre Bernini y la reina Cristina de Suecia (p. 226) . De igual modo, Mormando, como ya se ha mencionado, no duda en reiterar los «se dice» o «se creía», sin la menor referencia a posibles fuentes y habitualmente en referencia a los temas más inverosímiles. En conexión con esto, no podemos dejar de mencionar el sistema absolutamente errático utilizado para redactar las notas por parte del autor. En efecto, Mormando acumula citas (a veces entrecomilladas, a veces simplemente cambiando el formato de los textos, sin que sepamos muy bien a qué criterio obedece la diferencia) a lo largo de varias páginas, hasta que en un punto determinado decide agrupar todas las referencias, por supuesto simplemente anotando nombre de autor y páginas concretas, lo que obliga al lector a un exasperante ir y venir entre las páginas, las notas y la bibliografía , lo que, a su vez, induce eventualmente a desistir de buscar las fuentes citadas.

Pero, dejando a un lado todo lo anterior (aunque habremos de volver sobre algunos de estos temas más adelante), debemos referirnos ahora al que quizá sea el más clamoroso fallo del libro, que subraya, además, la falta de preparación de Mormando como historiador: su insoportable tendencia al anacronismo. Por poner un solo ejemplo, volvamos ahora a la famosa paedophilia con que el autor inicia el libro. Para Mormando, ese sería el término que usaríamos ahora para designar el enlace entre Bernini, entonces de veinticinco años y su novia de doce, y aunque admite, escandalizado, que entonces tal diferencia de edades era perfectamente legal, parece ignorar que ahora mismo, en Italia, la edad de consentimiento se sitúa en los catorce años y en España, también ahora mismo, en los trece; más aún, que la práctica de las child wives es frecuente en Estados Unidos, especialmente en el Bible Belt sureño y que, aunque actualmente se trate de una práctica ilegal, las autoridades de esas zonas suelen mirar hacia otro lado. Pero el autor ha conseguido su propósito al situar el término paedophilia de tal modo que sea la primera palabra que el lector encuentre, con lo que busca producir el efecto deseado de expectativa erótica.

Se ha mencionado más arriba a Simon Schama, del que Mormando cita una ramplona frase relativa al éxtasis de santa Teresa de Bernini; en realidad, Schama, con su peculiar forma de entender la historia, impregna todo el libro, ya desde las primeras líneas del prefacio. En efecto, Mormando afirma que, a pesar de la popularidad de que siguen gozando las obras de Bernini, pocas personas conocen realmente a «the man himself» y ese vacío es lo que el autor, valerosamente, se propone corregir. En su búsqueda del man himself, y dada la escasez de documentos como diarios o correspondencia privada, Mormando no duda en embarcarse en unos imaginarios traumas psicológicos del escultor de los que no existe el menor indicio en la documentación conocida. Así, el autor se lanza a teorizar una supuesta difícil infancia y juventud del artista, traumatizado por un padre, el también escultor Pietro Bernini, frío, duro y perpetuamente insatisfecho con los logros de su hijo, lo que a su vez habría llevado a este a borrar de su vida toda traza de su padre, con lo que el conflicto subconsciente quedaría servido. No existe una brizna de evidencia que justifique su especulación, pero, ¿para qué molestarnos con polvorientos legajos si somos capaces de leer en las obras de Bernini las profundidades de su psyche?

El libro es fiel a sí mismo hasta el final: las últimas páginas se dedican a exponer una supuesta conspiración nada menos que entre Domenico Bernini, hijo y biógrafo de Gian Lorenzo, el también biógrafo de este, Filippo Baldinucci, y la mismísima reina Cristina de Suecia, para «fabricar» lo que Mormando llama un hoax, es decir, una especie de elaborado engaño o falsificación: la idea, según el autor, habría sido intentar recuperar el prestigio, también supuesta y falsamente perdido, del gran escultor mediante la redacción de una encomiástica biografía escrita por Baldinucci, basándose en que este dedicó su Vita del Cavaliere Gio. Battista Bernini a la reina Cristina de Suecia, algo que era absolutamente normal en aquella época, en que los autores buscaban la protección de los poderosos, máxime teniendo en cuenta que la reina admiraba al escultor. Pero, aun suponiendo que hubiese existido una voluntad por parte de la familia de defender la obra del escultor, es difícil de entender en qué medida puede ese proyecto ser entendido como un hoax, una falsificación con tintes conspirativos.

Berfrois. Intellectual Jousting in the Republic of Letters, una revista online, concedió a Mormando, en su número 10 de 2012, amplio espacio para que pudiera contestar a las feroces reseñas que le han llovido sobre Bernini y su Roma: cabe decir únicamente que sus justificaciones resultan aún más demoledoras para el autor que el propio libro. Sólo permanece un misterio en este asunto: ¿cómo es posible que una prestigiosa editorial como The University of Chicago Press aceptara este texto para su publicación?

Vicente Lleó Cañal es catedrático de Historia del Arte en la Universidad de Sevilla. Ha publicado, entre otros libros, La Casa de Pilatos (Barcelona, Electa, 1998) y El Real Alcázar de Sevilla (Barcelona, Lunwerg, 2002). Recientemente se ha reeditado Nueva Roma: mitología y humanismo en el Renacimiento sevillano (Madrid, Centro de Estudios Europa Hispánica, 2012).

07/05/2013

 
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