RESEÑAS

Una larga paciencia: las cartas de Zenobia y Juan Ramón

Juan Ramón Jiménez y Zenobia Camprubí
Monumento de amor. Epistolario y lira. Correspondencia 1913-1956
Madrid, Residencia de Estudiantes, 2017
1.424 pp. 25 €

A la Residencia de Estudiantes debemos la paulatina edición de la correspondencia de Juan Ramón Jiménez y Zenobia Camprubí. Tras sendos volúmenes dedicados al poeta (Epistolario I y II, 1898-1936), y otros dos a Zenobia (las misivas dirigidas a Juan Guerrero Ruiz entre 1917 y 1956, y las intercambiadas entre ella y Graciela Palau de Nemes entre 1948 y 1956), llega ahora el turno a la correspondencia entre ambos esposos, de la que se encarga María Jesús Domínguez Sío. Que el lector pueda disponer de estas colecciones constituye una magnífica noticia.

Una de las singularidades de este volumen la constituye su doble título y contenido, puesto que, aunque el grueso del mismo transcribe las cartas intercambiadas por la pareja entre 1913 y 1956, al final se incluye un apartado (Lira) con cincuenta y cinco composiciones, en diversos estados redaccionales y de diversas fechas y procedencias, en homenaje (más que en edición genética, que no es su propósito) al proyecto de Juan Ramón Jiménez, emprendido entre 1913 y 1916, y titulado, de modo shakespeareano, Monumento de amor. Epistolario y lira.

Monumento de amor fue uno de tantos libros inacabados de Juan Ramón Jiménez, del que se conservan diversos materiales, pero nunca estuvo en el propósito del poeta reunir toda su correspondencia con Zenobia. Más bien pensaba en una selección de fragmentos: «¿Será usted tan buena que quiera permitirme que, sin nombres, claro está, escriba yo un breve libro dulce y espiritual? Irán en él los versos y prosas que le he escrito, y trozos de cartas, los trozos más puros y más altos» (carta de 14 de marzo de 1915, p. 287). En una nota autógrafa añade el poeta: «ha de quedar un libro serio, noble, breve, un poco doloroso y fatal. Solo –de las cartas– lo esencialísimo para la trama de la historia secreta que ha de correr bajo él» (p. LXXV). Con el título de «Monumento de amor. Epistolario y Lira», Juan Ramón incluyó cinco poemas en Poesías escogidas (1917), y dos más en la Segunda (1922) y la Tercera antología poética (1957). Estos siete poemas, que forman una unidad, no son editados ahora respetando su orden y cohesión interna, sino mezclados con otros antetextos no publicados por el poeta en vida.

Ricardo Gullón publicó en 1959 veintitrés epístolas cruzadas entre 1913 y 1915, junto a otros materiales, en Monumento de amor (Cartas de Zenobia Camprubí y Juan Ramón Jiménez). Este libro se amplía con dos cartas y dieciséis poemas del poeta en Juan Ramón Jiménez-Zenobia Camprubí. Poemas y cartas de amor (1986), a cargo de Teresa Arce y Julio Neira. En el segundo volumen de Libros inéditos de poesía (1967), Francisco Garfias incluye veinte poemas bajo el título «Monumento de amor (1913-1916). Epistolario y Lira» (reconstrucción problemática, porque no aplica criterios ecdóticos rigurosos). Siete poemas serán difundidos por la familia del poeta en felicitaciones navideñas. Otras cartas fueron dadas a conocer en diversas publicaciones periódicas.

La presente edición ofrece 727 cartas, tarjetas y notas (unas cuatrocientas escritas por Juan Ramón), de las cuales cerca de seiscientas cincuenta permanecían inéditas, procedentes en su mayor parte de la Sala Zenobia-Juan Ramón Jiménez de la Universidad de Puerto Rico. Esto da idea de su magnitud y valor. La introducción contextualiza la vida de los protagonistas y de sus epístolas. En un breve apartado se apuntan sugerentes correspondencias entre el contenido de las cartas y los poemas de este período. Domínguez Sío también distingue la forma de escribir de cada uno: el tono directo y expansivo de Zenobia, frente al más «literario» e introspectivo de Juan Ramón, sobre todo hasta su matrimonio. Zenobia lo sintetiza muy bien en 1952: «Tú y yo somos el reverso de la medalla escribiéndonos: tú me cuentas todo lo de tu vida afectiva y lo que pasa tengo que deducirlo, mientras que yo te cuento todo lo que pasa y tú tienes que deducir lo demás» (p. LX).

El epistolario, encabezado por cuatro borradores de prólogo al proyecto Monumento de amor, está ordenado cronológicamente, lo que no siempre resulta sencillo: muchos originales no aparecen fechados, ni los corresponsales reciben siempre las cartas en el orden de escritura y envío. Si se conserva, la editora puede orientarse por el matasellos. A veces hay relaciones entre cartas que hacen pensar al lector en otras posibles ordenaciones. El conjunto se divide en cuatro apartados, según su localidad de residencia: Madrid (1913-1936), Nueva York y Miami (1939-1942), Washington y Maryland (1943-1951) y Puerto Rico (1951-1956). A continuación, la edición sitúa los poemas citados (Lira), dos breves escritos en apéndice (Zenobia vista por Juan Ramón y viceversa) y los índices.

Algunas cartas se organizan con forma de diario, acumulando la escritura de varios días. En ocasiones se producen tríos epistolares: en sus años de pretendiente, Juan Ramón suele escribir unas líneas a la madre de Zenobia en las cartas para esta, con el afán de atraerla a su causa; o, en 1941, a su esposa y a su hermano José y, en el ingreso hospitalario de Zenobia en Boston de 1951, Inés Camprubí ‒sobrina de Zenobia‒ y Juan Ramón se intercambian unas líneas en algunas de las cartas de y para Zenobia.

El poeta sufre un flechazo al conocer a Zenobia y, aunque sus pretensiones son rechazadas, inicia un asedio epistolar a su futura esposa. Zenobia pasa de la sorpresa al rechazo y a la amistad, hasta que, con altibajos y diversos incidentes, la constancia del enamorado, el trabajo en común (la traducción de Rabindranath Tagore, entre otros proyectos) va acercándolos. Desde el primer momento contrastan sus caracteres: él es idealista, soñador, melancólico y reconcentrado; ella, práctica, activa, independiente, alegre y expansiva (se había formado en Estados Unidos). No quiere casarse con un español, y menos con un poeta. Juan Ramón pasa del ruego al lamento, del reproche a la justificación, del celoso orgullo a la humildad suplicante, del enfado y la amenaza de ruptura (si no recibe cartas o se exacerba su susceptibilidad) a las promesas de amor eterno, del tuteo al tratamiento de respeto y viceversa.

En esta parte de la correspondencia, temas habituales, además del sentimental, son los proyectos líricos, editoriales, laborales y económicos del poeta (que tiene que convencer a Zenobia de que será un esposo solvente; en 1915 incluso llega a plantearse marcharse a Estados Unidos para labrarse un porvenir); sus traducciones comunes con Zenobia, sus lecturas, vida social y amigos (como José Ortega y Gasset o Alberto Jiménez Fraud). A partir de junio de 1915, Zenobia parece ceder al cerco, hasta que en octubre le confiesa su amor a Juan Ramón (a partir de esta fecha es frecuente encontrar referencias a las llamadas por teléfono que se realizan: la primera, en la página 607). Zenobia marcha en diciembre con su madre a Estados Unidos; Juan Ramón, a finales de enero de 1916 toma otro barco y, finalmente, se casan el 16 de marzo. Es historia conocida. Aquí acaba la parte más extensa del epistolario. El resto de su correspondencia hasta 1936 se produce durante las separaciones temporales, en las que normalmente se escriben a diario: Zenobia veranea con su madre en Cestona o Elizondo, visita a su familia en Barcelona, o viaja con amigas a Palma de Mallorca (1922), Andalucía (1926), Marruecos (1932) o Italia (1934), mientras que Juan Ramón permanece en Madrid o visita a su familia en Moguer, en una ocasión, tras quedarse unos días más que Zenobia en Granada, junto a los Lorca (1924). En estas cartas, Zenobia se ocupa de los aspectos prácticos y económicos, pero también Juan Ramón se encarga de estas cuestiones en ausencia de su esposa.

En el exilio, tras las primeras dificultades, las cartas informan de su vida cotidiana y familiar, de sus visitas, de la escritura y las relaciones literarias y editoriales del poeta, del estado de salud y de su situación económica. En Nueva York y Miami (1939-1942), el intercambio se produce cuando Zenobia visita a su familia: las temporadas que pasa con su prima Hannah Crooke en Litchfield o el viaje que realiza en 1941 a Nueva York para cuidar de su hermano José. Ambos esposos comentan apenados las noticias que llegan de España y de Europa, no siempre ciertas, que llevan a Juan Ramón a una situación de ansiedad y destemplanza, como cuando escribe a finales de agosto de 1939: «¡Qué pandilla de bestias rijiendo el mundo! [...] Miguel Hernández fue fusilado. Estaba ya tuberculoso. Este ha sido un héroe, no el sucio de Lorca. Era joven y peleó en su sitio, no se ocuparon de él estos canallas de la fuga, y murió en su sitio también» (pp. 954-955).

En Washington y Maryland (1943-1951), las cartas informan de las estancias familiares de Zenobia, así como del ingreso del poeta en 1951 en el Pabellón Psiquiátrico George Washington. La correspondencia de los años pasados en Puerto Rico (1951-1956) es la más dolorosa: Zenobia viaja tres veces al Massachusetts General Hospital de Boston para tratar su cáncer. En la primera visita es operada. Quince cartas de este período se recogieron, con el título de «Segundo monumento de amor», en Cuadernos de Zenobia y Juan Ramón, núm. 8 (1993), pp. 12-36. En 1954, el escritor es ingresado en el hospital Auxilio Mutuo por depresión. En 1956 Zenobia volverá a Boston para ser tratada, pero ya no se podrá hacer nada. Todavía tendrá fuerzas para reunirse en Nueva York con Eugenio Florit y organizar la Tercera antología poética.

En cuando a la edición, las cartas (en su mayoría manuscritas) se reproducen íntegramente, salvo en tres casos en que la editora advierte: «a continuación sigue una larga lista de gastos cotidianos» (p. 815) o «aquí aparece un desglose de gastos» (pp. 840 y 848), que no son transcritos. Cuando hay algún fragmento ilegible, se indica. También se anota su procedencia y si han sido publicadas antes. No obstante, se olvida de anotar que la carta 318 (pp. 534-536) ya fue editada por Gullón en Monumento de amor (1959), carta 18, pp. 63-66. Juan Ramón Jiménez incluye en su correspondencia poemas que, en ocasiones, parecen inéditos, y que la editora no siempre anota (pp. 288, 304, 425 y 1156).

En alguna ocasión hay dudas sobre si son epístolas, borradores o copias de las mismas, y si fueron enviadas o no (véanse las notas de las páginas 331: «Hay otro original de esta carta, muy similar», y 444: «De esta carta se conservan dos borradores», que no se reproducen, aunque en la página 453 Juan Ramón repite lo que dice en la 447, siendo cartas distintas; quizás una fuera borrador de otra). Se anota que la carta 358 de Zenobia quizá no se enviara, por falta de respuesta. Podemos preguntarnos si se enviaron otras, como la 163. A veces parece faltar alguna cuartilla, como en las cartas 380, 420 y 638.

No siempre se reproducen las notas o tarjetas postales que son enviadas, de las que se da noticia en nota, y que quizá hubiera sido mejor incluir en el texto principal, como parte de la correspondencia (se hace con las que aparecen en las páginas 1.006-1.007 y 1.175). Lo mismo sucede con los telegramas, que no se transcriben, aunque en algunos casos se conservan y son descritos (pp. 894, 1.056, 1.191). Otros documentos de los que se habla en las cartas no se incluyen, porque posiblemente se hayan traspapelado. No se reproducen los dibujos que el matrimonio hace en algunas cartas. Tampoco se incorporan las fotografías que se envían, que muchas veces serán difíciles de localizar.

Las notas se reducen a lo indispensable (en ellas se acude con frecuencia al archivo familiar del poeta). A veces se producen pequeños desajustes: Marie Lack aparece en la página 415, pero se le dedica nota en la 421. La editora no siempre ha podido resolver de qué textos se habla. Quien acompaña a Josep Carner y Eugeni d’Ors en el grupo de «devociones literarias de Barcelona» de Juan Ramón Jiménez no es el arquitecto Lluís Domènech i Montaner, como se anota (p. 594), sino el escritor Joaquín Montaner.

Los corresponsales se refieren a cartas, telegramas o cables perdidos por diversas causas, o misivas no enviadas y rotas, y en otros casos se han podido extraviar después (no se han encontrado de una estancia de Zenobia en Litchfield en 1944, ni del viaje a Nueva York de la misma en 1946, cuando fallece su hermano Raimundo). Las anotaciones de Zenobia en cartas de Juan Ramón se reproducen a pie de página. En la página 290, Zenobia tacha unas líneas de la carta de Juan Ramón, como se reconoce en nota, pero estas no se sitúan en la epístola. La editora corrige la acentuación según las reglas vigentes, aunque conserva la tilde en los pronombres demostrativos.

Los poemas de Lira forman una colección heterogénea de cincuenta y cinco composiciones, borradores y anteextos en distintas fases de elaboración, en su mayor parte escritos en los años del cortejo. Nueve o diez parecen inéditos. La editora señala su procedencia, dónde se han publicado y si estos tienen correcciones o variantes, pero no las anota. Reconoce que incluye en el texto las anotaciones manuscritas del poeta «cuando en mi opinión cabe interpretar que así lo dispone el autor» (p. LXXXI), pero no indica cuándo lo hace. En el caso de que haya varias versiones de un mismo poema, la editora opta por publicar la que cree que es la última versión, criterio problemático, como el de la elección entre variantes no cerradas, cuando se trata de escritos no publicados en vida por el autor.

Encontramos poemas impresos, mecanografiados (con anotaciones y correcciones) y manuscritos; en verso y en prosa; publicados e inéditos; en diversos estadios de escritura. Varios tienen indicaciones de que también pertenecen a otros proyectos. No se editan los documentos prerredaccionales (índices, borradores y poemas incompletos, proyectos de reordenación, instrucciones y bocetos, portadas o portadillas). Tampoco las dedicatorias del poeta a Zenobia ni los poemas de ella, que formaban parte del proyecto. Se unifica la ortografía fonética del autor, aunque la mayoría de poemas están escritos antes de que esta se produzca. La editora no sigue los criterios de la crítica genética (la adecuada cuando se trata de materiales de archivo que su autor no llegó a publicar), sino que se limita a hacer una presentación anotada de los textos.

Pese a todos los aspectos señalados, muchos casi inevitables en una edición de esta magnitud, debemos felicitar a los editores del volumen y a los lectores de Juan Ramón y Zenobia por esta nueva entrega.

Rafael Alarcón Sierra es profesor de Literatura Española en la Universidad de Jaén. Es autor, entre otras monografías y ediciones (dedicadas a los hermanos Machado, Julio Camba o Luis Felipe Vivanco), de Juan Ramón Jiménez. Pasión perfecta (Madrid, Espasa Calpe, 2003) y de la edición de La soledad sonora de Juan Ramón Jiménez (en Javier Blasco y Teresa Gómez Trueba (eds.), Obra poética (Madrid, Espasa Calpe, 2005 y 2008). Su último libro es Vértice de llama. El Greco en la literatura hispánica: estudio y antología poética (Valladolid, Universidad de Valladolid, 2014) y próximamente aparecerá Nuestro futuro está en el aire. Aviones en la literatura española (hasta 1936).

04/12/2017

 
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