RESEÑAS

Los orígenes del terrorismo

Juan Avilés Farré
La daga y la dinamita. Los anarquistas y el nacimiento del terrorismo
Barcelona, Tusquets, 2013
424 pp. 23 €

Para un público que desborda ampliamente el círculo habitual de los interesados en los asuntos de nuestra historia contemporánea, es probable que el nombre de Juan Avilés sea fácilmente recordado, sobre todo, por dos excelentes biografías de sendos personajes históricos muy populares y, a un tiempo, forzosamente muy controvertidos: Dolores Ibárruri (Pasionaria) y Francisco Ferrer Guardia. En ambos casos, el mérito principal del autor ha sido tal vez, más que el descubrimiento sensacional de aportaciones realmente novedosas, una capacidad poco corriente para ordenar y sistematizar los materiales preexistentes, enriquecerlos con detalles procedentes de fondos mal explorados hasta ahora y ofrecer resultados que tienen las raras virtudes de la claridad y la objetividad, y todo ello en unos ámbitos que más bien se caracterizan por la ofuscación apasionada de partidarios y detractores del personaje estudiado. Para ceñirnos al caso concreto del segundo de los biografiados citados, el pedagogo y anarquista catalán, que por razones obvias nos interesa ahora de un modo particular, el mérito principal del autor ha sido, a nuestro entender, ofrecer un trabajo que, sin poder dar plena satisfacción a los numerosos lectores inclinados al parti pris, ofrece, en cambio, al público en general la síntesis completa, documentada y solvente que echaba en falta acerca de un personaje polémico de tan múltiples facetas. Por fortuna, esos méritos del autor, sobre todo la claridad de exposición y el rigor, se reproducen habitualmente en un material historiográfico publicado que ya empieza a ser realmente abundante y que se manifiesta de un modo muy particular en numerosos artículos que, por cierto, no eluden en absoluto los tiempos más recientes.

Sin alejarnos mucho del terreno propicio al conspirador anarquista antes mencionado, hay que decir que Avilés ha dedicado gran parte de su trabajo reciente a una cuestión tan compleja, enrevesada e huidiza por definición como el fenómeno terrorista, cuyos especialistas hispánicos solventes pueden contarse probablemente con los dedos de una sola mano. Se trata, claro está, de un asunto de una gran actualidad, que ocupa constantemente los titulares de los medios de comunicación y que mantiene en vilo y en vela permanente a los poderes públicos de todo el planeta. Todo el mundo, por cierto, sabe que nos hallamos ante una de las cuestiones más candentes de nuestros días, pero casi nadie sabe casi nada acerca de sus orígenes, sus causas, sus objetivos, sus presuntos ideales, sus medios, sus fuentes de financiación. Avilés se ha adentrado con tiento y con rigor en ese mundo, hasta ocuparse de sus manifestaciones más recientes vinculadas al movimiento yihadista o analizando su presencia en el debate político español de ahora mismo. Sin embargo, la mayor parte de su atención se ha centrado en el estudio de los orígenes de ese fenómeno, sobre todo en España y, más particularmente, en el mundo anarquista de la segunda mitad del siglo XIX.

Dicho todo esto con carácter preliminar, hablemos ahora del libro que nos ocupa, un ensayo que en buena medida sintetiza y completa algunas de las aproximaciones anteriores del autor acerca del terrorismo anarquista. A determinados aspectos parciales dedicó ya, ciertamente, su atención, y otros han sido visitados de forma reiterada por la bibliografía preexistente, pero el interés principal de la obra radica en una visión globalizadora de la cuestión, tanto en sus aspectos teóricos y doctrinales como en sus resultados prácticos, con el rosario de atentados y acciones violentas de matriz anarquista que salpicaron sobre todo el tránsito de los siglos XIX al XX, básicamente en Europa. El libro añade a los méritos que ya se han reseñado antes de Juan Avilés uno adicional que resulta extremadamente atractivo pero que, al mismo tiempo, abre la vía a posibles discrepancias y, en definitiva, a un debate francamente enriquecedor: y es que, en una materia como el terrorismo anarquista, que por esencia resulta preñada de gran cantidad de interrogantes y misterios –cuyo secretismo se agudiza en España  a la vista de los numerosos vacíos y silencios que guardan nuestros archivos judiciales y militares–, el autor, tras apurar los datos identificables, procura en todos los casos adelantar hipótesis o buscar explicaciones plausibles a las zonas oscuras de su investigación. Uno puede discrepar en alguna ocasión de ciertas conclusiones, pero las tesis de Avilés suelen basarse en razonamientos que siempre merecen ser considerados y que se fundamentan en un conocimiento exhaustivo de la información que se halla al alcance del estudioso, mediante la búsqueda constante en los archivos y la lectura concienzuda de una amplia bibliografía, incluida la de otros países.

A veces el desacuerdo puede resultar relativamente intrascendente, como, por ejemplo, el que le plantea al firmante de esta reseña la sorprendente asimilación que establece Avilés entre el misterioso grupo anarquista barcelonés Benvenuto Salud, culpable, según la policía, de varias conspiraciones del fin de siglo, y otro que fue llamado después Benevento por cierto periódico de la Ciudad Condal, cuando en realidad ese último grupo existió en Barcelona unos años antes y no tuvo ningún carácter violento, como es bien sabido. En otros casos, se echa en falta una profundización de aspectos de detalle que, siempre bajo nuestro particular punto de vista, hubiéramos deseado ver más desarrollados: personajes como Paulino Pallás, que discurren demasiado de soslayo por el libro, son merecedores de un primerísimo lugar en el martirologio anarquista; elementos objetivos que tuvieron mayor importancia de la que se desprende del libro, como la cobardía o la venalidad del aparato judicial –incluida la absoluta arbitrariedad de la jurisdicción militar– o la corrupción de una policía totalmente ineficaz que inventó de continuo falsos relatos o conspiraciones inexistentes para disimular su inutilidad; o el análisis, aunque fuera sucinto, de las reacciones y las exigencias de una sociedad terriblemente asustada e indignada ante la desprotección a la que les sometían los sucesivos gobiernos. Otras veces, en cambio, el lector no puede sino rendirse ante explicaciones pormenorizadas y sensatas, como las que intentan esclarecer asuntos objetivamente tan complejos y tan turbios como, por ejemplo, el célebre caso de la Mano Negra en Andalucía. Por último, en otros casos menos controvertidos, Avilés ordena adecuadamente los materiales disponibles y nos ofrece, una vez más, síntesis claras y precisas de los hechos.

El libro se cierra con un interesante epílogo que plantea respuestas a seis preguntas que no pueden por menos de suscitarse tras la lectura del estudio. Se trata, en este caso, de un auténtico ensayo final que a menudo se traslada en el tiempo y se proyecta hacia la realidad de nuestro tiempo y el terrorismo que sigue amenazándonos. Son, desde luego, interrogantes y respuestas pertinentes sobre lo que Juan Avilés llama criminales altruistas, sobre sociopatía y nihilismo, sobre las redes del terrorismo anarquista, sobre los aspectos propagandísticos de los atentados, sobre democracia y terrorismo, y sobre el terrorismo y el declive de la violencia. Todos estos temas nos conducen a un final de la obra que resulta más bien tranquilizador para los lectores, después de un doloroso recorrido que, forzosamente, aun cuando sólo fuera por su mera acumulación, no podía más que habernos causado un profundo y natural desasosiego.

Nos hallamos, en definitiva, ante una obra que resume de forma altamente encomiable la complejidad de las ideas que dieron base y justificación al uso de la violencia revolucionaria por parte del anarquismo, así como la aplicación concreta de esas teorías en la lucha social de la Europa (y la Norteamérica) de finales del siglo XIX.

Antoni Dalmau es miembro de la Societat Catalana d’Estudis Històrics. Sus últimos libros son Siete días de furia. Barcelona y la Semana Trágica (julio de 1909) (Barcelona, Destino, 2009) y El procés de Montjuïc. Barcelona al final del segle XIX (Barcelona, Ayuntamiento de Barcelona, 2010).

20/05/2014

 
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