RESEÑAS

Espíritu crítico

Pierre Bayle
Diccionario histórico y crítico. Tomo I: A-AFRO
Edición coordinada por Juan Á. Canal
Oviedo, KRK, 2012
240 pp. 50 €

A veces el mundo editorial español, atenazado por el pesimismo y la inseguridad, ofrece sorpresas verdaderamente extraordinarias: ¿alguien podría imaginar que, entre la selva de novelas históricas y esotéricas escritas por periodistas reciclados, guías gastronómicas y libros de autoayuda, apareciera de pronto el Diccionario histórico y crítico de Pierre Bayle? Si, además, se trata de la edición completa en veinte volúmenes, cuyo primer tomo ya ha visto la luz pública, la admiración está justificada. Una joya de estas proporciones requiere un saludo especial, no sólo por la valentía editorial que supone, sino porque rinde un servicio genuino a la cultura española, haciendo accesible uno de los monumentos más decisivos de la historia intelectual de Europa. En efecto, el Diccionario de Pierre Bayle, siempre señalado como el hito más destacado en el camino hacia la Ilustración y la Enciclopedia, es, en el fondo, un gran desconocido, un texto que nunca se lee directamente, sólo a través de citas o en antologías. La posibilidad de tenerlo entero, ver su plan, la estructura de su composición y acceder a todos sus artículos es algo enteramente nuevo para el lector culto en español.

Publicado en 1697, alcanzó rápida popularidad entre las clases cultas europeas, que se sirvieron de él como alimento habitual, lo que contribuyó a extender el espíritu crítico y racionalista que preparó la Ilustración. El Diccionario, la obra magna que ocupó el final de su vida, es el resultado de la agitada existencia de Pierre Bayle, transcurrida siempre entre persecuciones religiosas, querellas teológicas y polémicas filosóficas. Calvinista de nacimiento, convertido transitoriamente al catolicismo, sufrió durante el reinado de Luis XIV –que derogó el edicto de Nantes– el retorno de las prohibiciones y acosos al protestantismo, lo que terminó por obligarlo a emigrar a Holanda, siguiendo el mismo camino que Descartes medio siglo antes. En Róterdam prosigue su obra, que choca frontalmente con la ortodoxia calvinista, representada justamente por su primer protector, el teólogo Pierre Jurieu, enfrentamiento que termina en un severo juicio del recién aparecido Diccionario; Bayle acepta, prudentemente, un acuerdo con su iglesia. Con anterioridad, la publicación de la revista Noticias de la república de las letras cimentó su fama con los numerosos comentarios críticos a libros del momento, prueba anticipada de la extraordinaria erudición del Diccionario.

Surgido posiblemente como réplica al Gran diccionario histórico del jesuita Luis Moréri, la obra de Bayle tiene, sin embargo, caracteres propios que lo destacan en su género. Ante todo porque el adjetivo «crítico» refleja perfectamente el contenido esencial del diccionario y marca incluso su estructura; Bayle dispone el texto de cada voz en dos partes claramente diferenciadas: el cuerpo principal, destinado a resumir los conocimientos básicos (hechos históricos, pensamientos, etc.) sobre la persona o el lugar de que se trata y, a pie de página, una ingente cantidad de notas en las que realiza su valoración crítica con una gran profusión de datos contrapuestos, refutaciones y teorías alternativas, basado todo ello en una gran erudición, documentada en las citas bibliográficas. Ese segundo nivel crítico del texto, el más extenso y atractivo, responde a la concepción inicial del Diccionario, destinado esencialmente a corregir los numerosos errores de los diccionarios que le precedieron más que a la exposición sistemática de contenidos consolidados. Es en este modo de proceder donde se encuentra el punto fuerte del Diccionario de Bayle y de donde surge su legado más importante para el saber histórico: la crítica y la contrastación de los datos es el momento decisivo a la hora de hacer historia, por encima de su mera acumulación. Y es que, sin duda, es en ese momento crítico donde Bayle muestra su verdadero talento y, a la vez, su trasfondo filosófico escéptico.

El famoso escepticismo de Bayle obedece más a su método crítico de introducir dudas y buscar contradicciones con el fin de conmover una opinión consolidada que a la profesión de una explícita tesis escéptica. Como señaló un crítico literario: «Enseña el método cauteloso y huidizo, el arte de insinuar, de arrojar la duda en los espíritus para a continuación esquivar toda respuesta». Probablemente late en Bayle la convicción de que la razón está más dotada para debelar la falsedad y el error que para proclamar altivamente la verdad. Su cuidado en mostrar la dificultad de sostener una verdad que sea intersubjetivamente reconocida frente a la variedad de refutaciones y opiniones divergentes así lo insinúa. Pero este criticismo de Bayle no se aplica sólo a las grandes cuestiones filosóficas o religiosas; por el contrario, es la minuciosidad con que somete a discusión datos o afirmaciones que parecen perfectamente triviales lo que llama la atención de su Diccionario. Es quizás esa minuciosidad lo que llevó a Menéndez Pelayo a atribuirle una «erudición menuda» y a devaluar interesadamente el sentido general del Diccionario.

Otro rasgo llamativo es la ausencia de un criterio reconocible para la selección de las personas o lugares llamados a entrar en el Diccionario. Es evidente que faltan inexplicablemente voces decisivas en la configuración de su propio pensamiento, como Descartes, o en el filosófico general, como Platón, mientras que el lector contemporáneo se extrañará de la abundancia de entradas de personajes o ciudades hoy sin interés. Pero todo ello nada enturbia el valor intrínseco de una obra única, que merece todo el reconocimiento, con independencia incluso de la extraordinaria historia de sus efectos. Un reconocimiento que hay que extender al equipo editor, compuesto por catedráticos y profesores de bachillerato, lo que en este tiempo de depresión pedagógica contribuye, sin duda, a elevar el ánimo.

Ramón Rodríguez es catedrático de Filosofía en la Universidad Complutense. Su último libro publicado, coeditado con Stefano Cazzanelli, es Lenguaje y categorías en la hermenéutica filosófica (Madrid, Biblioteca Nueva, 2012).

21/09/2012

 
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