LA CHINA DE XI JINPING
Si la demografía es el destino…
Julio Aramberri - LA CHINA DE XI JINPING

En julio de 2016, la población de la República Popular china rozaba los mil cuatrocientos millones de personas, lo que la convertía en la sociedad más numerosa del planeta. En demografía, como en tantas otras cosas, China estaba en su apogeo. Como en otras tantas cosas, haber alcanzado esa cima también resultaba una estadística efímera, cuando no engañosa. A partir de 2030 la curva demográfica comenzará a venirse hacia abajo y se colocará en 1,3 millardos en 2050. Las previsiones demográficas que se extienden más allá de los próximos treinta años son, en general, poco fiables, pero, en cualquier caso, Naciones Unidas estima que en 2100 el país contará con novecientos cuarenta millones de habitantes, es decir, habrá perdido unos cuatrocientos cincuenta millones, diez veces la población actual de España. Otras predicciones, mucho peores, hablan de una caída cercana a los ochocientos.
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Xi Jinping, montero mayor
Julio Aramberri - LA CHINA DE XI JINPING

A Mancur Olson, un economista estadounidense a quien un merecido reconocimiento sólo le ha llegado después de muerto, le interesaban especialmente algunos aspectos centrales de su disciplina: la escasez, la acumulación y los marcos institucionales  que permiten superar la primera y aumentar la segunda. Son asuntos de primer orden –diríase filosóficos si esa voz no levantase urticaria entre el gremio– y ayudan a comprender las razones que han llevado a Xi Jinping y sus seguidores a convertir la lucha contra la corrupción en la condición necesaria del proyecto político al que etiquetan como el sueño chino.
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Los capitalistas rojos
Julio Aramberri - LA CHINA DE XI JINPING

La expresión china xintiandi puede traducirse como «nuevo paraíso». De hecho, ése es el sentido que se le da en las escuelas de la República Popular para explicar a los jóvenes estudiantes el cometido del Partido Comunista Chino: forjar xintiandi, un mundo mejor, un nuevo paraíso, vaya. Gracias a su asociación positiva con el Partido, la expresión ha pasado con éxito al mundo del marketing y de ahí ha dado su nombre a zonas residenciales, a tiendas de ropa y decoración, a cines y teatros, a hoteles y restaurantes; a lo que se tercie. Sólo una tropa de mala entraña puede resistirse a la llamada del paraíso.
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En la encrucijada
Julio Aramberri - LA CHINA DE XI JINPING

Los nueve primeros meses de 2016 han transcurrido sin que en la economía china se haya reproducido el desconcierto que caracterizó al año anterior. Sin embargo, la relativa calma no ha apaciguado los recelos de los analistas. Si en 2013 una mayoría confió en las proclamas reformistas del nuevo equipo dirigente, tres años más tarde la incertidumbre campea entre el gremio. Hace pocas semanas, Foreign Policy, una prestigiosa revista estadounidense especializada en cuestiones internacionales, se lamentaba de la creciente división de opiniones. Aunque casi todos los observadores mantienen el mismo diagnóstico –la economía china necesita reequilibrarse para asegurar un crecimiento estable–, su confianza en la capacidad del Gobierno para acometer esa tarea se ha erosionado con rapidez y ha generado conclusiones irreconciliables.
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Más difícil todavía...
Julio Aramberri - LA CHINA DE XI JINPING

Todos los espectadores de televisión han visto alguna vez el número de los platillos giratorios. Consiste en situar un plato sobre una varilla flexible a la que se hace girar sobre su eje, lo que, a su vez, impulsa al plato a dar vueltas sobre sí. Según la habilidad del artista, al primer plato le siguen otros, que pueden llegar hasta doce o quince, girando todos a la vez. Por supuesto, a medida que van entrando en acción nuevos platos, la inercia de los primeros se reduce y obliga al malabarista a volver atrás para cimbrear de nuevo sus varillas y evitar caídas. Después de un rato de saltar cada vez más frenéticamente aquí y allá para que todos los platos se mantengan en equilibrio dinámico, el público rompe a aplaudir y el acróbata, suficientemente probada su pericia, va recogiéndolos uno a uno, saluda y se retira.
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Una resaca keynesiana
Julio Aramberri - LA CHINA DE XI JINPING

Los grandes medios globales, siempre ansiosos de novedades, saludaron como un acontecimiento histórico, otro más de la monótona ristra que celebran cada año, la designación del nuevo equipo directivo del Partido Comunista Chino en su Décimo Octavo Congreso Nacional (8-14 de noviembre de 2012). El flamante Comité Permanente del Politburó, encabezado por Xi Jinping, el nuevo secretario general del Partido, presidente de la República Popular y presidente del Comité Militar Central, es decir, comandante en jefe de los ejércitos, fue saludado como el protagonista de una etapa decisiva para los cambios políticos y económicos que esos mismos medios consideraban no ya deseables sino por completo imprescindibles. Así pues, cifraron grandes esperanzas en los nuevos siete miembros del órgano supremo de dirección con el mismo entusiasmo con que habían girado una letra de cambio al presidente Obama cuatro años antes. 
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Nunca pasa nada
Julio Aramberri - LA CHINA DE XI JINPING

La etapa gubernamental de Hu Jintao (presidente de la República y secretario del Partido Comunista Chino) y Wen Jiabao (primer ministro) entre 2003 y 2012 representa para muchos chinos de hoy el punto más apacible de la era de las reformas. El sistema político parecía haber entrado en una etapa de institucionalización creciente; los congresos del Partido venían celebrándose regularmente cada cinco años; del gobierno personal se había pasado a la responsabilidad colectiva; los dirigentes eran designados por un plazo máximo de diez años; una mayoría de chinos y chinas aceptaba, si no con entusiasmo, sí con sosiego el pacto pos-Tiananmén 1989; Hu se olvidaba de la lucha de clases como motor de la historia y prefería hablar de la sociedad armónica, un concepto enormemente vago pero llamado a desplazar a Marx por Confucio; China parecía estar transitando hacia lo que Aviezer Tucker ha llamado la etapa tardía de los regímenes totalitarios y ejercía aún una represión extensiva pero de baja intensidad.
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En la cumbre
Julio Aramberri - LA CHINA DE XI JINPING

En China, el 8 es el más auspicioso de los números. No sé a qué pueda realmente deberse su buen fario, pero la explicación ritual apunta a una homofonía: el número () suena casi indistinguible de la palabra que significa fortuna o prosperidad (). Y así, en los muchos restaurantes que cuentan con comedores privados, uno de ellos suele llevar el número 888 y ser el primero que se reserva. Según Wikipedia, en 2003 un teléfono cuyos numerales eran todos ellos ochos lo vendió su afortunado propietario por 280.000 dólares a una compañía de aviación y los números de vuelo de muchas de ellas a ciudades chinas importantes suelen incluir dos y tres ochos. En las antípodas, algo similar ha causado la desgracia del cuatro (), demasiado cercano a la muerte () como para no sobresaltar a quien lo escucha. Muchos hoteles chinos no tienen habitaciones que acaben en ese número; en muchos edificios, el cuarto piso y sus compuestos (14º, 24º, etc., o 40º y siguientes hasta el 49º) no existen.
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El socialismo de rasgos chinos
Julio Aramberri - LA CHINA DE XI JINPING

Transparencia y aceptación de responsabilidades no son normas de conducta fácilmente soportadas por las burocracias cuya general renuencia se eleva a límites insospechados en los partidos comunistas. Fue Lenin quien definió los rasgos fundamentales del centralismo democrático. La adopción de políticas en el seno del Partido puede ser objeto de discusiones internas, habitualmente soterradas en la medida de lo posible, pero, una vez decididas aquéllas, requieren que todos los militantes las acepten sin filtrar al exterior dudas o eventuales discrepancias. La fortaleza de los baluartes comunistas –piensan los convencidos– se muestra en su berroqueña unidad a la hora de defender la línea general y esa avenencia redunda en un aumento de su legitimidad. 
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Pacto de sangre
Julio Aramberri - LA CHINA DE XI JINPING

A comienzos de los años ochenta, el triunfo de los veteranos era total y los maoístas centristas, con Hua Guofeng a la cabeza, habían perdido definitivamente la partida. Aunque Deng Xiaoping mostraba escaso interés por la acumulación de títulos grandilocuentes, todo el poder era suyo con la ayuda de dos firmes seguidores: Hu Yaobang y Zhao Ziyang. En alguna ocasión Deng se refirió a ellos como «mis dos manos».
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