Esbozo sobre el ensayo (y II)

por José Antonio de Ory

Poco queda hoy de la figura del intelectual-profesor de universidad. Los requisitos imprescindibles para ascender en el escalafón académico impiden al profesor pensar en nombre propio, escribir en publicaciones divulgativas o reflejar sus ideas en forma de ensayo e intentar con todo ello influir en el pensamiento colectivo. A lo que se suma una complejidad creciente del texto académico en el ámbito de las humanidades: lo que se dice es menos claro, la teoría domina el discurso y el lenguaje del intelectual devenido en académico se ha vuelto farragoso y hasta críptico: no se debe decir claro lo que se puede esconder tras lenguaje complicado: ¿o se esconde tras lenguaje complicado lo que no se sabe decir claro o que no quiere decir nada?

En origen, el pensador pensaba, claro, y a partir de lo que pensaba escribía. El ensayo era el modo de poner su pensamiento por escrito. Hoy en día, hasta en el campo de las humanidades, el académico investiga. Resultado de su investigación son papers farragosos que no surgen de pensamiento organizado sino de procesos de trabajo imitados de las ciencias que producen datos con los que se articula un discurso. Ahí el ensayo no puede entrar siquiera; su naturaleza le impide ser resultado de una investigación. De la reflexión, de la elucubración, sí, hasta de la conversación, la discusión o el debate; nunca de la investigación. Escribir ensayo, como publicar en periódicos, suplementos culturales o las revistas −no indexadas− que compra el público interesado ajeno al mundo universitario, generan opinión y marcan la conversación colectiva, no da los tan imprescindibles puntos. Los profesores no tienen tiempo entonces que perder y prefieren publicar en la revista universitaria que se los da, aun sabiendo que serán leídos por mucho menos gente y carecerán, por tanto, de influencia en el panorama real. Fernando Savater tuvo problemas a principios de los años setenta para que el sistema académico de entonces aceptara su Ensayo sobre Ciorán como tesis doctoral. Hoy ni se habría considerado ni se entendería el intento; como Unamuno u Ortega tendrían que elegir entre ser profesores y hacer carrera digna en la universidad o ensayistas de prestigio e influencia social.

* * *

Ciencias ha sido toda la vida lo contrario de Letras. El bachillerato era de ciencias o de letras y todo el mundo entendía qué eran una cosa y otra. Hasta uno mismo, joven estudiante, era con todas las consecuencias de ciencias o de letras.

Ciencia, en singular, es lo que el Diccionario de la Real Academia llama «conjunto de conocimientos obtenidos mediante la observación y el razonamiento, sistemáticamente estructurados y de los que se deducen principios y leyes generales».

ciencia.
(Del lat. scientĭa).
1. f. Conjunto de conocimientos obtenidos mediante la observación y el razonamiento, sistemáticamente estructurados y de los que se deducen principios y leyes generales.
2. f. Saber o erudición. Tener mucha, o poca, ciencia. Ser un pozo de ciencia. Hombre de ciencia y virtud.
3. f. Habilidad, maestría, conjunto de conocimientos en cualquier cosa. La ciencia del caco, del palaciego, del hombre vividor.
4. f. pl. Conjunto de conocimientos relativos a las ciencias exactas, fisicoquímicas y naturales. Facultad de Ciencias, a diferencia de Facultad de Letras.

He ahí la clave, que de la observación y el razonamiento estructurados sistemáticamente −la investigación− se infieran principios y leyes generales. Es científico aquello que se obtiene a partir de un procedimiento sistemático, frente a lo aproximado, opinable o subjetivo. Mientras el derecho, los oficios manuales, la filosofía, la teología, las artes, la literatura, la arquitectura o hasta la economía se basan en juicios, interpretaciones subjetivas o habilidades personales, la ciencia parte de la observación y el razonamiento.

La investigación es elemento indispensable de la ciencia: una avanza en la medida en que hay la otra. No hay ciencia sin investigación: «acción que tiene por fin ampliar el conocimiento científico, sin perseguir, en principio, ninguna aplicación práctica», la define también el Diccionario. La investigación científica actúa de manera directa −originaria− sobre aspectos de la realidad. La vida y sus modos de funcionamiento existen previamente, pero sólo la investigación permite conocerlos y actuar sobre ellos. Sin ella no hay forma de saber cómo funcionan el cuerpo humano o los seres vivos que nos rodean, sería imposible entender las enfermedades y procurar curarlas, no se podría entender el universo. Aunque universo y vida estén ahí, la investigación científica es algo primario, que crea conocimiento ex nihilo y ex novo: no hay física, matemáticas o química sin actividad científica. El científico que investiga en física, química o biología no sólo desarrolla su especialidad científica: la conforma; el matemático hace las matemáticas, hay ciencia biológica porque hay biólogos, ciencias químicas porque hay químicos; física, astronomía, zoología, arqueología, porque hay físicos, astrónomos…

Investigar es lo que hacen los científicos. Y lo que hace que lo sean: el científico investiga como el artista crea, el filósofo piensa, el arquitecto proyecta o el jurista interpreta las leyes. Cada disciplina científica es investigación en marcha, trabajo que actúa sobre la realidad y crea conocimiento primario. Podrá ser luego aplicada o divulgada, pero la investigación está en el origen de la ciencia y es sine qua non. Parte de su esencia.

El Diccionario define las ciencias, en plural, como «conjunto de conocimientos relativos a las ciencias exactas, fisicoquímicas y naturales»; y explica: «Facultad de Ciencias, a diferencia de Facultad de Letras». Diferencia esencial: en las facultades de letras, en el ámbito de las letras, de las humanidades, la investigación es, en todo caso, a posteriori, actividad de segundo grado. Original y sine qua non es la creación; quienes desarrollan actividad de primer grado son escritores, creadores, artistas, los que piensan a nombre propio o tienen la pulsión de pintar, escribir, componer: Picasso, Wittgenstein, Thomas Mann, Valle-Inclán, Shostakóvich, Juan Muñoz, Doris Salcedo, Philip Roth, Chillida, Gavin Bryars. Quienes analizan y diseccionan su trabajo llevan a cabo, en cambio, actividad de segundo grado, que añade, pero no conforma.

Quienes descubren la existencia de los agujeros negros o confirman el bosón de Higgs crean conocimiento. Por pequeño que sea, cada paso que da un científico respecto a lo que muchos han ido investigando y descubriendo antes es un avance de la ciencia en su conjunto. Quien estudia el Quijote, Ulises, Las meninas o Shibboleth trabaja, en cambio, sobre lo que otro ha creado previamente. Aporta conocimiento, sin duda, pero no afecta a la esencia de la literatura o el arte. Sin científicos y su actividad investigadora no hay ciencia; sin estudios literarios o investigación sobre arte o música, la creación existe igualmente y permanece.

El trabajo de un historiador, un crítico de arte o un profesor de estudios culturales no es diferente del de un historiador de la ciencia o un divulgador de la biología o de la medicina, importantes unos y otros, sin duda, pero no esenciales en el sentido literal de esta palabra. No es lo mismo la medicina que la historia de la medicina, ni la historia que la historiografía. No es lo mismo investigar y descubrir la Teoría de la relatividad o enunciar los Teoremas de la incompletitud que investigar sobre las vidas y el trabajo de Einstein o Gödel, como no lo son la literatura que los estudios culturales, el arte que la historia del arte, el teatro que las teorías dramatúrgicas. Esenciales son Gödel, Velázquez o Joyce; importantes pero prescindibles en última instancia quienes los estudian.

* * *

Es novedad de nuestros tiempos, sin embargo, que al trabajo en las humanidades también se lo llame «investigación», como si su objeto fuera igual o similar al de las ciencias. El Grupo de investigación de la Bibliotheca Mystica et Philosophica Alois M. Haas de la Universidad Pompeu Fabra tiene dos «líneas de investigación»:

Estudios comparativos de la Edad Media y el siglo XX: comparación de distintos fenómenos culturales en las sociedades medievales y en el siglo XX, tanto desde el punto de vista de la recepción como en base a elementos de semejanza. La experiencia visionaria constituye uno de los temas fundamentales de análisis y comparación (en especial, en la mística medieval y en los artistas del siglo XX).

Estudios de Estética y Religión: estudio de lo sagrado y de sus distintas transformaciones, así como de la pervivencia de los lenguajes religiosos, en el arte y el pensamiento contemporáneos. Búsqueda de nuevos paradigmas para la elaboración de una estética y una hermenéutica de la religión.

¿No es contradicción en términos investigar lo sagrado, investigar la experiencia visionaria? Labores que siempre fueron reflexión, estudio, interpretación, profundización, hermenéutica (arte de interpretar textos), hasta análisis, son ahora investigación. El estudio de un libro, la interpretación de un cuadro o un poema, el estudio de fuentes de una novela, el análisis de una partitura: todo investigación. En los doctorados de humanidades ya no se piensa, sino que se analiza, se estudia o se debate: se investiga. El doctorado en Humanidades de esa misma Universidad Pompeu Fabra «tiene como objetivo formar investigadores altamente cualificados para iniciar una carrera docente e investigadora en el mundo científico y académico, o bien iniciar una carrera profesional en el mundo de las artes y la cultura. La finalidad del doctorado consiste en la realización de una tesis doctoral, un trabajo dirigido por un profesor del programa de doctorado que ha de ser original y propio sobre un tema concreto dentro de las líneas de investigación propuestas».

Todo se pretende ciencia hoy; se aplican supuestos métodos científicos de investigación a la teoría literaria, los estudios culturales, la historia del arte o aun los estudios comparativos de la Edad Media o la historia de la mística; y la Real Academia tendrá tal vez que eliminar su acepción «Conjunto de conocimientos relativos a las ciencias exactas, fisicoquímicas y naturales. Facultad de Ciencias, a diferencia de Facultad de Letras».

Pensador no es cualquiera: hace falta capacidad de observación, talento literario y conocimiento profundo de un ámbito de la realidad y el suficiente de otros cuantos para trascender. Al trabajo académico, en cambio, le basta con esconderse tras una supuesta labor investigadora y pergeñar textos de los que ya nadie espera atractivo estético ni mayor aportación. No hay que pensar en nombre propio para hablar de una obra literaria, no hay que saber mirar para hablar de pintura, no hay que haber estudiado a fondo y tener cultura suficiente para escribir sobre literatura, arte, filosofía; con investigar, basta: recoger fuentes, analizarlas, recopilar datos, tratarlos, recopilar estadísticas, extraer resultados, son manera de tratar una obra de arte o el pensamiento místico. Y con todo ello escribir un paper, citar a unos cuantos pares para que luego nos citen ellos y publicar el resultado en una revista indexada.

20/12/2016

 
COMENTARIOS

Manuel 24/12/16 11:12
Revista muy interesante

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