Norodom Sihanouk

por Julio Aramberri

La biografía de Norodom Sihanouk en Wikipedia recuerda que el recién fallecido rey de Camboya aparece en el Guinness como el personaje que más cargos públicos haya desempañado a lo largo de su vida. Fue rey dos veces; príncipe soberano otras dos; juntó nueve presidencias de gobiernos constitucionales y muchas de un sinfín de otros en el exilio. Hasta fue jefe de Estado (1974-1975) bajo los jemeres rojos (les méroux, como se les conoce en el país, en una contracción piscícola del francés: les Khmers rouges). Tras su segunda abdicación en 2004, se le pagaba culto bajo el título de Rey-Padre de Camboya y Preahmâhaviraksat o Sagrado, Bravo y Gran Guerrero. Podría pensarse que la suya fue una trayectoria de acróbata de circo, pero sus saltos y sus cabriolas, tan súbitos unos, tan arriesgadas las otras, se sucedían con una velocidad para la que el equilibrismo tradicional no tiene equivalente. El genio de Sihanouk brillaba en campeonatos de patinaje sobre hielo. Nadie como él para la pirueta cruzada, la pirueta en Y, la Biellmann, el donut, el cañón, lo que se terciase, y así pasaba de una figura a la siguiente con la fugacidad y la maestría de los ases. Sihanouk dominó la vida política de Camboya durante decenios, pero poco bueno salió de sus alocadas cabriolas para la sociedad local. A cambio, él consiguió tener casi siempre a mano el poder.

La derrota de Francia ante Hitler en junio de 1940, consentida y aun celebrada por un sector de la opinión francesa, resonó mucho más allá del hexágono. Francia, recuérdese, era el segundo imperio del mundo y en sus dominios tampoco se ponía el sol. El gobierno de Vichy obtuvo el visto bueno del Führer para mantener las colonias. Ya quedaría tiempo para el reparto de los despojos una vez ganada la guerra. Además, así no tenía Alemania que hacer de policía en África, en Oriente Medio o en el Sudeste asiático. La administración colonial, fiel al gobierno colaboracionista con escasas excepciones, siguió, pues, en pie. Solamente en marzo de 1945, con el territorio francés ya liberado y los de Vichy refugiados en Sigmaringen, dio Japón el paso de ocupar las colonias francesas del Sudeste asiático e instaurar su propia administración. El dominio colonial francés expiraba. En Vietnam, en Laos, en Camboya, los movimientos proindependentistas estallaron incontenibles y acabaron por imponer sus objetivos pese a los esfuerzos de la Cuarta República por meter al genio indócil en su botella.

A Sihanouk le había hecho rey el gobierno de Pétain en 1941, pero en 1945, siempre atento a la voz de la calle y a sus mejores intereses, el nuevo monarca se inclinó por la independencia. Camboya fue el primer territorio de la Indochina francesa que la logró, en 1953 y de forma relativamente pacífica. La nueva Camboya contaba con una constitución democrática (otorgada por el monarca, según recordaba su texto), pero pronto se comprobaron las resistencias que eso generaba entre los grandes terratenientes y en palacio. En 1955, su brazo político, el partido Samkung, arrasó en las elecciones, mientras la oposición denunciaba un fraude. Durante los próximos quince años, ese partido sería el apoyo básico del rey, pero la discordia crecía en su seno. Sihanouk dudaba del éxito final de la intervención estadounidense en Vietnam y, con buen acuerdo, pensaba que esa eventualidad oscurecería el futuro de sus defensores. La permisividad con que el Vietcong se servía de la autopista Ho Chi Minh colmó la paciencia norteamericana y el desacuerdo con Sihanouk se saldó con el golpe de Lon Nol, que en 1970 proclamó el fin de la monarquía para dar paso a la República Jemer.

David Chandler, autor de una conocida historia de Camboya, piensa que Sihanouk veía a Camboya como su familia y su patrimonio personal. Igual que sus antepasados. También como una compañía de teatro que actuaba bajo su dirección. Sus súbditos tenían que conformarse con un papel secundario. Otros, más jóvenes, se resistían a una perpetua minoría de edad y de entre ellos iban a surgir los méroux que se echaron al monte en 1967.

Tras el golpe de 1970, el rey se refugió en Pyongyang y en Pekín, algo que se haría consuetudinario con los años. Desde Pekín anunció la creación del FUNK (Frente Nacional Unido de Kampuchea) y del GRUNK (Gobierno Real Unido Nacional de Kampuchea), en los que acogió o, mejor dicho, se acogió a los comunistas. Sihanouk visitaría luego la zona en que se habían implantado, una muestra de apoyo clave para que la guerrilla reclutase miles de campesinos. Los nuevos milicianos creían luchar por el rey –no necesariamente por los comunistas–, y la presencia real junto a ellos les evitaba tomar partido. Más tarde, Sihanouk presentaría su alianza con los méroux como una astucia para mantenerse al frente del país y defender su independencia, pero ésa es una débil excusa para su verdadera pasión: el poder. Tan fuerte era que por dos años aceptó convertirse en el jefe de Estado de aquella república de asesinos. Al final, no es que él se marchara; fueron ellos quienes le dieron boleta cuando sus servicios perdieron valor de mercado. Otra vez a Pekín y a Pyongyang, dos ciudades en cuyo aire se sentía libre o, al menos, confortable. En la capital de Corea del Norte disfrutaba de un palacio con sesenta habitaciones y sala de cine privada.

La ocupación de Camboya por Vietnam (1979-1989) volvió a reverdecer sus esperanzas y, en 1982, Sihanouk se apresuró a formar un nuevo gobierno provisional en el exilio con varios pecios del naufragio mérou. Su infinita ansia de paz para su país se vio finalmente colmada cuando, tras la retirada vietnamita, los acuerdos de París (1991) crearon un nuevo marco, en el que Sihanouk volvía a ocupar el trono de Suryavarman II, el constructor de Angkor Wat. Después de su abdicación condicional en 2004, Pekín lo acogería con frecuencia. La muerte lo sorprendió allí. No en vano es Phnom Penh una de las pocas ciudades que ha bautizado a un amplio bulevar con el nombre de Mao Zedong.

El budismo theravada que rige en Camboya cree firmemente en la metempsicosis. Uno tiene en este bajo mundo la recompensa por su virtud o el castigo por sus vicios en otra vida anterior. No hay duda de que Preahmâhaviraksat tuvo un pasado impecable, pero no estoy seguro de que la próxima encarnación se la pase en Pekín o en Pyongyang rodando películas olvidables. Tal vez se vea de perrito pekinés.

18/10/2012

 
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