Agosto 2017
Revista de Libros
Descansamos durante el mes de agosto. Volvemos en septiembre.
¡Felices vacaciones!
Caspaña (y II)
Rafael Núñez Florencio - MORIRSE DE RISA

A la maquinaria propagandística del independentismo catalán no le basta con defender argumentalmente sus propuestas políticas. Necesita, junto a ello, presentar una Cataluña idealizada, primero en su pasado esplendoroso, con sus logros admirables, sus espléndidas victorias y sus derrotas trufadas de heroísmo; a continuación, en su presente vigoroso y dinámico, pero también penoso y conflictivo por culpa de los opresores foráneos; y por último, naturalmente, en un futuro prometedor, casi idílico, cuando se hagan realidad las aspiraciones seculares de todo un pueblo. El complemento indispensable de esa estampa paradisíaca es la caracterización del enemigo –España, Estado español o, simplemente, el Estado– como el envés o negativo de todas esas cualidades que se celebran como propias.
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Caspaña (I)
Rafael Núñez Florencio - MORIRSE DE RISA

El humor como arma de combate. El humor como forma sutil de continuar el proselitismo. El humor al servicio de determinados intereses. El humor como instrumento de penetración y difusión. El humor como bandera de reconocimiento de los nuestros en luchas enconadas. En el fondo, si quieren, todos los matices y variantes se condensan en esto: el humor como continuación de la guerra por otros medios (pretendidamente pacíficos, aunque no estoy muy seguro). Hay bromas que carga el diablo, chistes que disparan sin piedad, caricaturas ofensivas que son peores que muchos reproches, viñetas que incitan al odio, descalificaciones burlescas que hieren más que amenazas formales.
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El más negro de todos los humores
Rafael Núñez Florencio - MORIRSE DE RISA

Cuando mencionamos las palabras «humor negro», de una manera casi automática, poco menos que inconsciente, nos preparamos para algo así como un chiste o una broma sobre la muerte, la enfermedad, la desgracia o, por decirlo en una palabra, el mal que le ha sucedido o puede sucederle a alguien, de modo real o ficticio. En el mundo y en el tiempo en que vivimos, «humor negro» es sinónimo de broma cruel, lindante con lo políticamente incorrecto y, por tanto, susceptible de ser tomada o comprendida como una provocación, sobre todo si afecta a colectivos tradicionalmente marginados: los judíos, quienes sufren alguna deformidad física o enfermedad mental, o incluso las mujeres como un todo (cuestiones de género). A este respecto, dicho sea de paso, lo primero que habría que objetar, si nos ponemos puristas, es la propia denominación, por lo que revela de asociación del negro con la cara más desgraciada de la vida. ¡Qué porvenir más negro me espera!
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Tópicos (y II)
Rafael Núñez Florencio - MORIRSE DE RISA

Los dos textos de los que les prometí el otro día que iba a ocuparme son muy desiguales en contenido y en ambición comprensiva. Baste decir con respecto a lo más obvio, su extensión, que el escrito por John Carlin, titulado «Españoles vs. británicos», es un simple artículo de prensa que no superará los cuatro o cinco folios, mientras que el escrito por Ian Gibson es un auténtico libro –de más de cuatrocientas páginas– que, además, no se propone tanto teorizar o hablar genéricamente de España y los españoles cuanto contar sus Aventuras ibéricas, como delata ya el propio título. Al final, sin embargo, como no podía ser menos, el trasfondo de dichas aventuras es el paisaje y el paisanaje peninsulares, con lo que llegamos al mismo punto de partida. Así que puede decirse, sin forzar las cosas, que a ambos textos los hermanan tres cosas: un fuerte componente autobiográfico, un soterrado tono irónico y, lo que es más importante de todo, el intento de dar una imagen del conjunto del país y de los españoles como colectividad desde la óptica de un observador que mantiene un pie dentro y otro fuera del ámbito ibérico.
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Tópicos (I)
Rafael Núñez Florencio - MORIRSE DE RISA

Por esta vez, no me andaré por las ramas y lo diré con una contundencia que no deje la más ligera sombra de duda: me encantan los tópicos. Sí, me gustan los tópicos y voy a dedicar este artículo a contar por qué y argumentar a favor de ellos. Por supuesto, sé perfectamente que con esto me expongo a que más de uno que yo me sé me mire desde las alturas de su superioridad intelectual con una mezcla de desprecio y conmiseración. ¡Qué digo! ¿Más de uno? En realidad, lo difícil sería encontrar una excepción a la regla general de desaprobación. Simplemente calificar algo de tópico en una controversia política, en una tertulia o en la más modesta charla insustancial, deja inerme al así interpelado: «¡Eso que dices es un tópico!» «¡No estás más que sosteniendo tópicos!» ¡No se hable más! La consideración de tópico −¡y no les digo ya nada de topicazo!− deja un argumento para el arrastre y al que lo sustenta en una posición más que incómoda, a la defensiva, con apremiante necesidad de justificarse. ¡Hombre, sí, quizás, pero...!
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¡Así se escribe la historia!
Rafael Núñez Florencio - MORIRSE DE RISA

Hoy voy a tirar piedras contra mi propio tejado. Mejor dicho, contra una de las cubiertas de ese tejado a dos aguas bajo el que me he cobijado toda mi vida profesional. Sobre la otra cubierta no hace falta que me ponga ahora a tirar piedras, por la sencilla razón de que ya se han encargado otros muchos desde un pasado inmemorial en lanzar proyectiles de grueso calibre hasta el punto de que lleva ya un tiempo indeterminado hecha un auténtico colador. Perdón, me dejo llevar por el hilo de esa metáfora tan trivial y, lo que es más grave, me temo que no me explico adecuadamente. Pongamos nombre a todo. Verán, una de las vertientes de mi tejado es la filosofía. Sobre el valor de la filosofía, ¿qué puedo decirles a estas alturas? Yo mismo, cuando mis alumnos más díscolos o críticos me preguntan para qué sirve la filosofía, empiezo por decirles provocadoramente con una sonrisa de oreja a oreja: ¡para nada! 
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¡Qué difícil es hacer reír!
Rafael Núñez Florencio - MORIRSE DE RISA

Hacer humor es una tarea muy difícil. ¿Por qué? Supongo que, entre otros muchos motivos, estará relacionado con determinadas actitudes e inclinaciones con que nos asomamos a la vida y nos enfrentamos al mundo, culturalmente hablando. De todos es sabido, por ejemplo, que en nuestro ámbito occidental –y más en nuestro país−, el pesimista tiene un plus de atención y un prestigio inmerecido, mientras que el optimista y el risueño pasan la mayoría de las veces por ingenuos, cuando no simplemente por tontos de baba. El pesimista es el profeta y el optimista representa el candor. Es lo mismo que sucede con la palabra y el silencio: el callado suele beneficiarse de una predisposición a su favor, como si fuese un sabio siempre en potencia, mientras que el locuaz nos despierta un recelo instantáneo. Es frecuente oír a personas graves y circunspectas decir que valoran mucho el sentido del humor. La experiencia me ha hecho desconfiar inmediatamente de ellas. 
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Putas y sumisas (y algunas monjas)
Rafael Núñez Florencio - MORIRSE DE RISA

Yo creo que quien mejor entendía este asunto era Manolo Escobar. Por lo menos, era el que mejor lo sintetizaba: «No me gusta que a los toros / te pongas la minifalda». Además, la cosa tenía su gradación. «No me gusta», le decía al principio, y enseguida se lo volvía a repetir: «No me gusta...» Aunque la chica fuera un poco tonta (y dábamos por sentado que si era guapa o estaba buena, algo lela sí era, ¡no lo iba a tener to!) sabía perfectamente que ese «no me gusta» significaba algo más una mera opinión. Además, el hombre –suponemos que con santa paciencia− se lo explicaba bien clarito: «La gente mira parriba / porque quieren ver tu cara». Bueno, eso era un eufemismo (¿sabría la chica lo que era un eufemismo?), porque, como cualquiera de los españolitos de los años sesenta sabía de sobra, no se miraba parriba en esas circunstancias para ver precisamente la cara. Las caras se ven de frente, como es obvio, no de abajo arriba. En fin, dejémonos de zarandajas. 
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El humor agresivo: el caso de Gracia y Justicia (y II)
Rafael Núñez Florencio - MORIRSE DE RISA

Gracia y Justicia fue una de las principales revistas satíricas que existieron durante la Segunda República. Nació algunos meses después del 14 de abril, fecha de proclamación de aquel régimen. Exactamente, el primer número vio la luz el 5 de septiembre de 1931. Se mantuvo durante casi todo el tiempo que duró el sistema político que tanto criticaba, con un largo paréntesis de suspensión –cuatro meses− después de la sanjurjada (la fallida sublevación del general Sanjurjo del 10 de agosto de 1932). Como tantos otros diarios y revistas de la época, sufrió otras prohibiciones y secuestros porque, en contra de lo que suelen pensar los no versados en asuntos históricos, la República no fue nada complaciente con la prensa (de derechas y de izquierdas). Más bien se distinguió por todo lo contrario: una confrontación bastante reiterada con las actitudes y publicaciones críticas, a las que en buena medida se les aplicó durante un largo intervalo aquella auténtica ley de excepción que fue la «Ley de Defensa de la República».
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El humor agresivo: el caso de Gracia y Justicia (I)
Rafael Núñez Florencio - MORIRSE DE RISA

Un pleonasmo, sé que dirán algunos –no sé si muchos− al leer el título de esta entrega. El humor es agresivo o no lo es. También suele decirse que el humor dispara siempre contra alguien. Ya he señalado aquí mismo en otras ocasiones que entiendo el humor como un vasto universo en el que cabe de todo y en el que no tiene sentido despachar patentes de corso. Puede hacerse humor de muchos tipos y no necesariamente contra a la contra. Aunque en esta ocasión es precisamente de este tipo de humor del que quiero tratar aquí. De un humor combativo, vitriólico, corrosivo. Un humor que nace precisamente como arma de combate. Normalmente, a lo largo de la historia –por lo menos, de nuestra historia, es decir, en el ámbito occidental− el humor de esas características se ha dirigido contra los poderes establecidos y, en particular, contra los grandes pilares de la sociedad, la Corona (o, en su defecto, el Gobierno o la cúspide del Estado), el Ejército y la Iglesia. 
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