Un siniestro intercambio de alcaloides

por Francisco García Olmedo / Jaime Costa

Hoy revisitamos la historia del intercambio comercial entre el té y el opio. La planta del té, Camellia (sin. Thea) sinensis, contiene una serie de alcaloides del grupo de la metil-xantina, que en infusión tienen propiedades estimulantes para el animal humano, así como capacidad para disipar la sensación de fatiga. En algunos individuos sensibles pueden producir aceleración del ritmo cardíaco, inquietud e incluso insomnio. Los nombres de estos alcaloides ‒teobromina, teofilina, cafeína‒ sugieren un misterioso nexo con la divinidad: Theobroma no significa otra cosa que «alimento de los dioses». En el té, el alcaloide principal es la cafeína, aunque contiene otros como la teína. El té en infusión fue consumido en China durante milenios y la ceremonia del té es también muy antigua en Japón, país que importó dicho consumo desde China. La costumbre llegaría a Europa a partir del siglo XVI, primero como un lujo exótico y luego, sobre todo en la Inglaterra dieciochesca, como barata bebida popular que, para consternación de muchos, sustituyó a la cerveza y también al café. Los ingleses consumen la infusión con leche, los árabes con yerbabuena y los norteamericanos con limón y hielo.

Una taza de té puede contener entre sesenta y ochenta miligramos de cafeína y entre sesenta y ochenta miligramos de taninos, sustancias polifenólicas que pueden resultar astringentes para algunos estómagos. En los países occidentales existe hoy una habituación cultural a las bebidas con este tipo de alcaloides, aunque en un sentido estrictamente biológico no son significativamente adictivos.

El té chino es de la variedad botánica sinensis, la cual tolera bien el frio, en contraste con la variedad assamica, cuyo crecimiento es rápido y requiere altas temperaturas. Un híbrido de estas dos variedades, el Darjeeling, se cultiva en India. Aparte de estas diferencias botánicas, existen otras que tienen que ver con el modo de procesamiento: el negro o fermentado, el verde, que no se fermenta, y el oolong, parcialmente fermentado. Los chinos llevaban con tal secreto el procesado que los ingleses tardaron más de un siglo en averiguar que el té negro y el verde procedían del mismo tipo de hoja y no de dos variedades botánicas distintas.

El uso popular en Inglaterra depende de las importaciones desde China, cuyo comercio se adjudicó a la East India Company, que entre 1600 y 1858 sería el mayor monopolio mundial de esta mercancía. El comercio del té favorecía a China, que exigía el pago en oro, y es entonces cuando Inglaterra arbitra la perversa idea de cambiar el té chino por opio producido en la India.

El opio es una droga narcótica, cuya actividad biológica se debe a unos alcaloides, distintos de los antes aludidos, que se obtienen de las vainas inmaduras de la amapola Papaver somniferum. Para obtener el opio se practica una incisión en la vaina, después de la caída de los pétalos, dejando fluir un exudado que contiene una serie de alcaloides opiáceos, como la morfina, la codeína y la heroína. Estos alcaloides tienen potentes efectos fisiológicos, especialmente sobre el sistema nervioso central, y son en extremo adictivos, produciendo una dependencia física que sólo puede aliviarse mediante el consumo continuado de la droga.

El hábito del opio había llegado a China desde India, y el emperador había prohibido tanto la importación como el consumo, logrando que declinaran. La exportación ilegal de opio a China por parte de los británicos difundió la adicción y causó serias perturbaciones sociales en el país. En 1839, el gobierno chino confiscó todo el opio almacenado por los comerciantes ingleses en Cantón y se produjeron ciertos incidentes menores que, sin embargo, condujeron a una confrontación que fue rápidamente ganada por la reducida guarnición británica. Como consecuencia, se firmaron tratados en 1842 y 1843, por los que se concedían a los vencedores cinco puertos para residir y comerciar, así como una considerable indemnización de guerra. Los británicos pronto encontraron un nuevo pretexto para romper hostilidades y firmar eventualmente un nuevo tratado, el de Tientsin de 1858, por el que se ampliaban en gran medida las concesiones y, sobre todo, se declaraba legal el comercio del opio. De nada valió que los chinos se negaran a ratificar el tratado, ya que los británicos no pararon hasta capturar Pekín e imponer sus condiciones, dando fin así a las infamantes Guerras del Opio. El consumo de opio en China persistiría como problema importante hasta la llegada de Mao.

El té protagonizaría otro acontecimiento histórico de gran relevancia, la lucha por la independencia de Estados Unidos, a través de un incidente conocido como la Boston Tea Party, que se produjo en diciembre de 1773. El incidente consistió en arrojar a la bahía de Boston unos centenares de baúles llenos de té, que pertenecían a la East India Company, en protesta por la imposición de impuestos británicos sobre el producto, los cuales se consideraron injustos y se tomaron como pretexto para iniciar la Guerra de Independencia.

* Francisco García Olmedo es redactor y voz narradora del blog. Jaime Costa colabora en la prospección y documentación de los temas.

21/11/2017

 
COMENTARIOS

M.Martin 22/11/17 15:41
Gracias por informarnos de la historia del té y del opio

Fátima 23/11/17 02:10
Artículo muy interesante. Gracias !!!!!

Pedro 26/11/17 21:32
Excelente divulgación que no renuncia al rigor

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