Mulet contra la anticiencia

por Francisco García Olmedo

La revista National Geographic dedica su número de marzo de este año a «La guerra contra la Ciencia», y en él se trata de explicar por qué en un mundo tan dominado por los avances científicos y tecnológicos tantas personas en apariencia razonables se inclinan por adoptar posturas por completo anticientíficas o meramente acientíficas. Oigo también en un noticiario que uno de cada cuatro españoles todavía cree que el Sol gira alrededor de la Tierra y en otro que «Veintiún premios Nobel “estudiaron” en la Universidad de Princeton». Acabo dudando de si sirve de algo mi modesto esfuerzo por divulgar la ciencia. Por el momento seguiré en el intento.

Recibo el libro Medicina sin engaños (Barcelona, Destino, 2015), de José Miguel Mulet, que pasa revista a «todo lo que se necesita saber sobre los peligros de la medicina alternativa» y me siento reconfortado. Mulet es un investigador valenciano que ha acabado convirtiéndose en esforzado guerrero contra la anticiencia, poniendo en peligro tal vez su propia carrera científica. Sus armas son libros con títulos tan elocuentes como Los productos naturales, ¡vaya timo! o Comer sin miedo, que afortunadamente están teniendo amplia difusión. Parece que incluso alguno va a aparecer hasta en chino. Mulet escribe con bienhumorado desenfado y los títulos de algunos capítulos de su último libro dan buena idea del tono y amplitud de su discurso, que no deja títere con cabeza en el enorme repertorio de la superchería médica: «Psicología, psiquiatría y lo que no es lo uno ni lo otro»; «Medicinas naturales. Morir es también natural»; «Homeopatía, el azúcar más caro del mundo»; «Medicinas orientales, acupuntura y otros cuentos chinos»; «Osteopatía, quiropráctica y cuellos que crujen»; «El corazón de las tinieblas: alternativas en la lucha contra el cáncer, antivacunas, negacionistas del SIDA y otros», son algunos ejemplos.

Nuestra vida se enfrenta a infinidad de riesgos reales y ficticios que a menudo ni nuestra intuición ni nuestro sentido común pueden distinguir. La tecnociencia que nos rodea es cualquier cosa menos dócil a la intuición. Como ha señalado alguien, el método científico permite dilucidar si lo que decidimos creer está basado en las leyes de la naturaleza o no. El método científico tiene sus limitaciones, pero carece de rival.

La idea de una Tierra plana sobrevivió siglos después de Galileo y la noticia del descubrimiento de que la tierra gira sobre sí misma y alrededor del Sol no ha llegado todavía a muchos españoles, a juzgar por los resultados de la encuesta arriba aludida. La falsa conclusión de que una determinada antena es responsable de los cánceres diagnosticados en sus alrededores tiene a menudo más seguidores que las conclusiones contrarias del más riguroso de los análisis estadísticos. No son pocas las personas que siguen creyendo en los poderes curativos del agua imantada, a pesar de que los físicos no se cansan de reiterar de que el agua no es susceptible de imantarse, y los médicos de informar de que nada imantado ha curado nunca a nadie. La lista de estos desmanes intelectuales es interminable.

Quien crea que la anticiencia echa raíces en los sectores menos cultos de la sociedad se equivoca por completo, ya que numerosas personas de altas cualificaciones militan en ese campo: José María Aznar y Václav Klaus, jefes de Estado, niegan la explicación científica del cambio climático; otros de sus colegas son creacionistas y, según parece, hasta el mítico Steve Jobs insistió en tratarse un cáncer de páncreas detectado tempranamente mediante una dieta mágica y no recurrió a la medicina científica hasta que fue demasiado tarde.

A veces los daños causados porque alguien abrace la anticiencia son limitados o afectan exclusivamente al individuo errado, pero si la persona tiene relevancia política o mediática, los daños a terceros son inevitables. Además, cualquiera que sea la proyección del militante anticientífico, hay casos en que los daños a terceros se producen como consecuencia directa de su actuación: véase si no el caso de quienes rechazan las vacunas, que ponen en peligro la inmunidad colectiva.

Los científicos e investigadores suelen salir bien parados en las encuestas sobre la fiabilidad de los distintos profesionales, pero, al parecer, no lo suficientemente bien como para hacer funcionar correctamente a la sociedad en aquellos aspectos que tienen un componente científico o técnico.

19/05/2015

 
COMENTARIOS

Alberto Pakistan 19/05/15 11:31
lo anticientífico y lo científico es relativo, siguiendo a Kunh, es tan factible que la tierra gire alrededor del sol como que sea lo contrario, porque entre una verdad científica y una mentira anticientífica no hay más que una coyuntural diferencia de consenso

Alberto Montaner 20/05/15 12:39
Eso si uno se cree lo que dice Kuhn. El caso con el relativismo gnoseológico es que es inverificable: lo mismo puede tener razón que no tenerla y es imposible averiguarlo. Así que aducir a Kuhn aquí es irrelevante (salvo que uno le de más importancia al principio de autoridad que a la experiencia empírica). Mientras tanto, consensos aparte, parece que nadie ha conseguido saltar de un balcón sin describir la trayectoria predecible por la física.

M.Martin 20/05/15 16:11
Las ideas "geniales" existen en todos los ambientes y entre todo tipo de gente, siempre hay "listos" dispuesto a opinar de cualquier cosa y si es de ciencia mucho más, sobre todo en el campo de la medicina.

J.A. Alfaro 21/05/15 13:57
Vista la reseña del libro de Mulet "Medicina sin engaños" y su explícito índice, casi seguro que estoy de acuerdo con él en casi todos sus contenidos.
También es casi seguro que aborreceré su estilo "graciosillo" y pseudohilarante basado en la ridiculización de quien ha caído en el error o el engaño.
Sólo espero que haya utilizado en este último libro argumentos científicos de verdad para no desvirtuar esa lucha contra la anticiencia, en lugar de utilizar falacias, sofismas y engaños, como en el de "Los productos naturales, vaya timo", y que utilizó para atacar a una disciplina científica, como es la agricultura ecológica.

César Fernández 26/05/15 10:44
Como cualquier teoría es incomparable con otra, sr. Pakistan, ¿para qué vamos a hacer el trabajo de contrastarlas y comprobar su eventual eficacia, no?

La estructura de las revoluciones científicas de Kuhn es desde hace tiempo, vivo su autor, una obra que no se tiene en pie. Ni él mismo sabía qué decía con el concepto "paradigma".

Que no conozcamos todo, que haya errores en conclusiones y procedimientos, que el entorno social y los prejuicios sesguen... no implica que no haya una realidad y una forma racional y razonable de acercarse a ella

Jose Antonio 04/04/16 11:22
Simpatizando con Alfaro, añadir que aqui se habla de Steve Jobs como ejemplo que intentó curarlo con licuados. Pero José Manuel Lara Bosch (el dueño del grupo Planeta) enfermó de cáncer de páncreas e intentó curarlo con todo lo mejor de la medicina que puede pagar el dinero. Los dos están muertos, ambos duraron más o menos lo mismo. A lo mejor, lo que tenemos que aceptar es que hay enfermedades incurables e imprevisibles.

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