Bioalcohol y política

por Francisco García Olmedo

Ante el fracaso de numerosas inversiones importantes en el desarrollo de los procesos para producir alcohol a partir de biomasa vegetal, y ante el disparate lógico que supone subvencionar el alcohol producido a partir de granos –ya que, en el mejor de los casos, apenas ahorra emisiones de gases invernadero–, expresamos en estas mismas páginas nuestras dudas sobre el futuro de este biocarburante. Ahora, sin embargo, en la revista Science se da cuenta  de unos resultados que hacen renacer nuestras esperanzas, aunque se encontrarán con barreras políticas difíciles de salvar. Me refiero a la inauguración de una planta para producir etanol a partir de la celulosa de los residuos agrícolas, una fuente que supondría utilizar algo habitualmente descartado y que no interferiría con la producción de alimentos.

La mencionada planta, junto a otras más pequeñas, podría producir anualmente hasta trescientos cuarenta millones de litros del carburante. El problema es que la demanda de alcohol en Estados Unidos está cubierta con el muy subvencionado alcohol de grano, que incluso se exporta a otros países, y que retirar la subvención a este alcohol es algo que ni republicanos ni demócratas quieren hacer, por conservar los votos de los maiceros del Medio Oeste, como bien se muestra en más de un capítulo de la excelente serie televisiva El ala oeste de la Casa Blanca.

Para resolver el problema, habría que promover el uso de gasolinas con más del diez por ciento obligatorio de alcohol que se exige en la actualidad. Así se hace en Brasil con gran ahorro de combustibles fósiles, pero en Estados Unidos existe una gran resistencia política a desarrollar la red de distribución que sería necesaria. Según el Departamento de Energía, los costes de producción de alcohol a partir de tallos de maíz y de otros residuos celulósicos ha bajado desde los 2,38 dólares por litro en 2001 a menos de 0,53 dólares en la actualidad, y hay que ser optimistas respecto a los posibles abaratamientos futuros. Está por ver qué influencias sobre el alcohol celulósico tendrá en un futuro inmediato la eclosión de los hidrocarburos procedentes del cracking.

18/11/2014

 
COMENTARIOS

Miguel Pantoja 18/11/14 12:17
Entiendo que de la política española sobre el aprovechamiento de residuos agrícolas mejor ni hablamos...

Manuela Martin 20/11/14 11:20
Cuando se mete la política por medio y subvenciona cosas absurdas se suele llegar a disparates impresionantes.
Siempre que paso por la central de Bioetanol de Babilafuente (Salamanca) en la que salen dos columnas impresionantes de dióxido de carbono, además de todo lo que se haya producido para el cultivo del cereal pienso como se puede decir que se disminuye el dióxido de carbono con el bioetanol a partir del cereal.

Conrado Fresno 30/01/15 18:06
Quisiera hacer algunas precisiones al comentario de Manuela Martín que nos ayuden a todos a formarnos una opinión más completa sobre el asunto del bioalcohol.
En primer lugar, aclarar que la "política" no es más que la gestión organizada de los recursos y que, como toda actividad humana, está sujeta a errores. Pero gracias a decisiones "políticas" (principalmente en forma de subvenciones o desgravaciones fiscales) se consiguen implantar y permitir que con el tiempo se vayan perfeccionando procedimientos de producción de energía alternativos a los combustibles fósiles, que en un primer grado de desarrollo se muestran siempre como económicamente inviables.
En segundo lugar, indicar que las columnas que salen de la central de Bioetanol de Babilafuente no son de dióxido de carbono, que es incoloro, sino de vapor de agua, lo mismo que las columnas que emergen de las centrales nucleares o térmicas.
Y por último, decir que el balance del dióxido de carbono tanto en el cultivo de cereales como en la producción de bioetanol es negativo, esto es, que se genera en total menos dióxido de carbono del que las plantas asimilan para la producción de biomasa. Eso incluyendo producción de fertilizantes, combustible para las tareas agricolas, recolección y transporte hasta la central, consumo de la propia central, más el generado en la fermentación anaerobia que da lugar al etanol.
Cuestiones a tener en cuenta serían si este balance es lo suficientemente positivo para nuestros intereses y si nos parece apropiada la utilización de determinadas materias primas en estas centrales. La producción de cereales se destina a muchos usos (alimentación humana y animal, pero también generación de materias primas para otras industrias) y el uso en la producción de combustibles no tendría por que descartarse de antemano. Surgirán inconvenientes, como el desvío de producción hacia estas centrales cuando resulte económicamente interesante. o el cambio en el uso tradicional de ciertos terrenos, pero nada que no sea solventable en su momento.

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