Mystic River: lobos, vampiros y pelotas en una alcantarilla
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

¿Existe el destino? ¿Puede lucharse contra la fatalidad? ¿Somos libres para elegir o, sencillamente, sobrevivimos? En Mystic River (Clint Eastwood, 2003), la vida de tres amigos quedará marcada por una brutal agresión sexual acontecida durante su infancia. Jimmy Markum (Sean Penn), Dave Boyle (Tim Robbins) y Sean Devine (Kevin Bacon) juegan al hockey en la calle de un barrio obrero de Boston. Dave es torpe e inseguro; Jimmy, avispado e inteligente; Sean, sensato y tranquilo. Sus personalidades ya están definidas, pero aún permanecen abiertas y permeables. Cualquier incidente podría ser crucial para su futuro. Dave, que juega de portero, envía la pelota a una alcantarilla. Su desafortunado golpe interrumpe el partido. Los intentos de recuperar la pelota fracasan y Jimmy propone coger un coche prestado para dar una vuelta. Sus amigos se niegan, pero aceptan escribir sus nombres en el cemento fresco de una acera en obras con una pequeña navaja. Jimmy y Sean completan sus nombres, pero Dave se queda a medias. 
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El cuarto poder
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

El columnista de un gran periódico a veces no se diferencia mucho de un gánster. En Sweet Smell of Success (Chantaje en Broadway, 1957), J. J. Hunsecker (Burt Lancaster) cuenta con el apoyo de sesenta millones de lectores. Su columna en The New York Globe forja o arruina reputaciones. J. J. Hunsecker es narcisista, autoritario y egocéntrico. Se codea con senadores, empresarios, estrellas de cine y teatro. Aficionado a las palabras grandilocuentes, invoca el patriotismo y la ética, pero sus artículos se abastecen de chismes, calumnias y venganzas personales. Sidney Falco (Tony Curtis) es su agente de prensa, un joven sin escrúpulos que sueña con llegar a lo más alto. Su única preocupación es no defraudar a Hunsecker para algún día ocupar su lugar. Cuando Hunsecker le encarga que rompa el idilio entre su hermana Suzie (Susan Harrison) y un guitarrista de jazz, Falco recurre a las artimañas más sucias, desencadenando un drama de consecuencias imprevistas.
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Caspaña (y II)
Rafael Núñez Florencio - MORIRSE DE RISA

A la maquinaria propagandística del independentismo catalán no le basta con defender argumentalmente sus propuestas políticas. Necesita, junto a ello, presentar una Cataluña idealizada, primero en su pasado esplendoroso, con sus logros admirables, sus espléndidas victorias y sus derrotas trufadas de heroísmo; a continuación, en su presente vigoroso y dinámico, pero también penoso y conflictivo por culpa de los opresores foráneos; y por último, naturalmente, en un futuro prometedor, casi idílico, cuando se hagan realidad las aspiraciones seculares de todo un pueblo. El complemento indispensable de esa estampa paradisíaca es la caracterización del enemigo –España, Estado español o, simplemente, el Estado– como el envés o negativo de todas esas cualidades que se celebran como propias.
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Histéricos anónimos
Manuel Arias Maldonado - TORRE DE MARFIL

Cada día tiene su afán, solía decirse; ahora sería más exacto afirmar que cada día tiene su controversia. Nuestras sociedades son tan conflictivas, al menos sobre la pantalla del ordenador, que no se entiende el empeño de los agonistas en lamentar los efectos adormecedores del presunto consenso liberal. Esta vez le ha tocado al mundo del cómic, según aprendo en el activo muro digital de mi amigo Pepo Pérez, dibujante y teórico del medio himself. No obstante, se trata de una polémica que trasciende el cómic, a la vez reflejando y amplificando una tendencia preocupante que afecta al conjunto de la esfera pública: aquella que limita la libertad de expresión en nombre del presunto daño que produce su ejercicio. Es un tema que hemos abordado con anterioridad en este blog, atendiendo sobre todo al ejercicio de victimología en que parece haberse convertido la participación en la conversación pública. Pero el caso que nos ocupa invita a contemplar otros aspectos del mismo.
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Pleitos alimentarios
Francisco García Olmedo / Jaime Costa - EL PAN DE NUESTROS DÍAS

Periódicamente nos llegan noticias de pleitos alimentarios que llaman la atención por su dimensión económica. No puede decirse que éstos sean algo nuevo, ya que, al parecer, en un tiempo tan lejano como 1989, los productores de manzanas demandaron a CBS News por unos comentarios relativos al fitosanitario Alar, un regulador del crecimiento, y en 1996 los ganaderos tejanos hicieron lo mismo contra la presentadora de televisión Oprah Winfrey por un comentario desacertado sobre el mal de las vacas locas. En ambos casos los demandantes perdieron su pleito. Gloso aquí dos casos judiciales, planteados actualmente en Norteamérica, que ofrecen ciertas singularidades, y aludiré al final a una insidiosa epidemia de demandas falsas contra la hostelería española.
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Los placeres prohibidos en los Estados Unidos de Lillian Hellman
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

Nadie cuestiona el talento de William Wyler, pero carece del reconocimiento reservado a los directores a los que se atribuye un estilo propio. De origen francés, Wyler (1902-1981) desarrolló toda su carrera en Hollywood. Su forma de dirigir es limpia y elegante. Su colaboración con Bette Davis (JezabelLa carta La loba) puso de manifiesto su habilidad para dirigir a grandes actores, preservando su intensidad al tiempo que contenía sus excesos. Las películas de Wyler se caracterizaban por un fuerte acento literario, donde prevalecían los finales amargos (La heredera) o levemente esperanzadores (Los mejores años de nuestra vida). Vacaciones en RomaHorizontes de grandeza y Ben-Hur aligeraron el trasfondo dramático, demostrando que podía manejarse con fluidez en el terreno de las grandes superproducciones. Ese giro restará profundidad a su cine, acercándolo a un público menos exigente, que le dará la espalda en la década posterior. Wyler se embarcará entonces en proyectos más modestos, pero más sinceros. The Children’s Hour (La calumnia, 1961) pertenece a esa época. 
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El comunismo después del comunismo
Manuel Arias Maldonado - TORRE DE MARFIL

Apenas quedan unos meses para que conmemoremos el golpe de Estado bolchevique que, guerra civil mediante, desembocó en el formidable experimento soviético con el comunismo de Estado. Formidable en ese doble sentido de la palabra que evocaba Cioran: descomunal y temible. Ironías de la historia, el recuerdo se solapa con el revival: la Gran Recesión ha devuelto una cierta popularidad al ideal comunista: Thomas Piketty se convirtió en un superventas, Jeremy Corbyn es jaleado en Glastonbury y Manchester pone una estatua a Friedrich Engels. Para estudiar el fenómeno, un equipo de Der Spiegel ha dedicado dos años a elaborar una historia del comunismo en formato televisivo que, en forma de doce episodios de una hora, proyectará la emisora pública ZDF. Tuvieron la amabilidad de convocarme a una entrevista en su sede de Hamburgo, donde respondí a las preguntas que siguen de un modo parecido al que aquí reproduzco.
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Peligros de la leche cruda
Francisco García Olmedo / Jaime Costa - EL PAN DE NUESTROS DÍAS

La falta de productos lácteos en España después de la Guerra Civil llevó a mi padre a comprar una vaca para asegurarse el suministro. Se alojó la vaca en una modesta huerta que teníamos cerca de Sevilla. El preciado líquido nos llegaba diariamente en autobús y de inmediato se hervía para esterilizarlo, ya que había que evitar la transmisión del bacilo de la tuberculosis que afectaba a una importante fracción de la cabaña vacuna. En aquella cultura rural eran notorios los peligros de la leche cruda, aunque siempre había algún incauto que resultaba afectado por imprudencia.

La leche hervida tenía un sabor a «tostado» que no a todos gustaba. Cuando se implantaron por ley las centrales lecheras hacia mediados de los años sesenta, el consumo inicial fue principalmente de leche esterilizada industrialmente que también tenía el mencionado sabor. 
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Doce hombres airados
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

Sidney Lumet (Filadelfia, 1924-Nueva York, 2011) empleó el lenguaje cinematográfico para explorar los sótanos del sistema político y judicial, sin retroceder ante ningún dilema o conflicto moral. A veces menospreciado por sus orígenes televisivos, Lumet nos ha legado una obra desigual, pero con las inequívocas señas de identidad del cine de autor, con un estilo fluido e innovador que se preocupa igualmente por las cuestiones éticas y formales, sin perder en ningún caso la perspectiva del intelectual que se debate entre el compromiso y el desencanto. Hijo del actor judío Baruch Lumet y de la bailarina Eugenia Wermus, Lumet ambientó la mayor parte de su filmografía en Nueva York, transformando la ciudad de los rascacielos en el principal escenario de sus ficciones: «He vivido en Nueva York toda mi vida y es como una segunda piel para mí». Lumet debutó como actor de teatro en los escenarios de Broadway, con sólo cuatro años, y comenzó a dirigir a finales de los años cuarenta, rodando varios episodios de las series televisivas Danger You y You Are There. En 1957 inició su carrera de director cinematográfico con Twelve Angry Men (Doce hombres sin piedad). 
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Caspaña (I)
Rafael Núñez Florencio - MORIRSE DE RISA

El humor como arma de combate. El humor como forma sutil de continuar el proselitismo. El humor al servicio de determinados intereses. El humor como instrumento de penetración y difusión. El humor como bandera de reconocimiento de los nuestros en luchas enconadas. En el fondo, si quieren, todos los matices y variantes se condensan en esto: el humor como continuación de la guerra por otros medios (pretendidamente pacíficos, aunque no estoy muy seguro). Hay bromas que carga el diablo, chistes que disparan sin piedad, caricaturas ofensivas que son peores que muchos reproches, viñetas que incitan al odio, descalificaciones burlescas que hieren más que amenazas formales.
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