¿Puede el humor cambiar el mundo? (y II)
Rafael Núñez Florencio - MORIRSE DE RISA

Quienes tuvieron en su momento su cachito de educación sentimental con la Mafalda de Quino recordarán seguramente aquella viñeta en la que la combativa criatura daba caña a sus atribulados compis con la típica proclama progre que muchos queríamos creernos: «¡Sonamos, muchachos! ¡Resulta que si uno no se apura a cambiar el mundo, después es el mundo el que lo cambia a uno!» Como digo, era una cuestión de voluntarismo o, si prefieren, un asunto de ímpetu juvenil más que propiamente revolucionario. Quedaba bien y, como todas las consignas de ese tenor, tan universales, tan aparentemente apodícticas, en el fondo comprometía poco, casi nada. Después uno se hacía más cínico de una manera natural y paulatina y, casi sin darse cuenta, terminaba suscribiendo con una sonrisa resignada el dictamen del Forges en otra viñeta no menos clásica: «Nos creíamos que íbamos a cambiar el mundo… / … y casi no podemos cambiar ni de compañía de móvil». 
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Ducharse en chubasquero
Manuel Arias Maldonado - TORRE DE MARFIL

Paterson, la última película de Jim Jarmusch, gira en torno a la vida cotidiana de un poeta del mismo nombre que vive en la ciudad homónima de Paterson, título a su vez de un poemario de William Carlos Williams. Éste, médico en este municipio de Nueva Jersey durante toda su vida, trató de reflejar en sus cinco volúmenes la correspondencia entre la vida de la ciudad y la mente del hombre moderno. Jarmusch es muy aficionado a estos juegos de palabras algo pueriles, que tienen también considerable protagonismo en Dead Man, espléndido western místico cuyo prosaico protagonista, llamado William Blake, es tomado por el peculiar indio que lo acompaña durante todo el metraje por el auténtico William Blake.
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El negro mundo de las marcas alimentarias
Francisco García Olmedo / Jaime Costa - EL PAN DE NUESTROS DÍAS

Un reciente e incisivo programa-denuncia de Jordi Évole en televisión, que versó sobre el coltán, me ha puesto al día sobre un asunto que ya conocía desde que leí la novela La canción de los misioneros, de John le Carré, quien supo adelantarse en el diagnóstico de un problema que se agravaría con la desmesurada eclosión de los teléfonos móviles y otros artilugios electrónicos. En los escaparates de los países acomodados, y también en los que no lo son, aparecen en los escaparates estos artefactos cuyo resplandor oculta la podrida oscuridad de su procedencia: el esclavizador y sus esclavos extraen el oscuro mineral que llega al fabricante a través de varios intermediarios que blanquean su origen. Esto no sería noticia en estas páginas si no fuera porque el esquema del coltán se repite para ciertos productos alimentarios, como pueda ser el cacao sin ir más lejos: cuatro o cinco grandes grupos de marcas, con Nestlé a la cabeza, envuelven en papel de plata unos atractivos productos cuya materia prima surge de la explotación laboral.
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Esbozo sobre el ensayo (y II)
José Antonio de Ory - PASAJERO EN TRÁNSITO

Poco queda hoy de la figura del intelectual-profesor de universidad. Los requisitos imprescindibles para ascender en el escalafón académico impiden al profesor pensar en nombre propio, escribir en publicaciones divulgativas o reflejar sus ideas en forma de ensayo e intentar con todo ello influir en el pensamiento colectivo. A lo que se suma una complejidad creciente del texto académico en el ámbito de las humanidades: lo que se dice es menos claro, la teoría domina el discurso y el lenguaje del intelectual devenido en académico se ha vuelto farragoso y hasta críptico: no se debe decir claro lo que se puede esconder tras lenguaje complicado: ¿o se esconde tras lenguaje complicado lo que no se sabe decir claro o que no quiere decir nada?
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Paul Celan, herido de realidad 
La visión de Fidel Martínez
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

Paul Antschel nació en 1920 en Czernowitz (Bucovina), cuando la región pertenecía al imperio austrohúngaro. Judío de nacimiento, soportó el totalitarismo soviético, que deshizo la ensoñación socialista de su juventud, y el totalitarismo nazi, que diezmó a su familia. Se suicidó en París en 1970, agotado por una depresión que le hizo perder transitoriamente la razón. Cuando se arrojó al Sena desde un puente, huía de un creciente malestar interior, alimentado por dolorosas pérdidas (sus padres no lograron sobrevivir a la deportación al Lager) e irresolubles paradojas (escribía su poesía en alemán, la lengua de los verdugos). Fidel Martínez ha recreado una vida marcada por la crueldad del poder totalitario, cuyo fin último es destruir al individuo, convertirlo en masa y procesarlo como un objeto, invocando la necesidad de crear un «hombre nuevo», presunta llave de un paraíso que pondrá fin a las imperfecciones y turbulencias del devenir histórico.
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Revolutionary Road (y II)
Manuel Arias Maldonado - TORRE DE MARFIL

Se ha dicho que la muerte de Fidel Castro representa el tardío fin del siglo XX, dada la capacidad del difunto para simbolizar la alternativa comunista a la democracia liberal-capitalista; una valencia simbólica que sin duda explica algunos de los nostálgicos elogios vertidos sobre su figura. Y es que si el siglo XX ha terminado, lo hace con él también el encantamiento ejercido por las grandes utopías políticas, esas revoluciones permanentes llamadas a producir sociedades cerradas y redondas en su perfección. Aunque quizá sería más exacto decir que su prestigio se ha visto mermado, sin que ello garantice su desaparición: la insatisfacción con la realidad siempre encontrará su mejor consuelo en las satisfacciones que proporciona el ideal. ¡Difícilmente nos convertiremos de buenas a primeras en una especie realista! Ahí está la atracción que despierta el califato yihadista para demostrarlo.
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El sector agroalimentario en el Acuerdo Económico y Comercial con Canadá
Francisco García Olmedo / Jaime Costa - EL PAN DE NUESTROS DÍAS

Tras siete años de negociaciones, el 31 de octubre de 2016 se ha firmado un Acuerdo Económico y Comercial Global con Canadá (AECG, o CETA, por su acrónimo inglés). El tratado, que ahora debe ser ratificado por los parlamentos de los países de la Unión Europea, ha suscitado las reticencias de importantes líderes europeos y el rechazo de Valonia, una de las Bélgicas que pugnan entre sí, que provocó tres días de retraso en la firma.

Los valones dieron su brazo a torcer cuando recibieron garantías respecto al mercado agrícola y a los tribunales de arbitraje para resolver conflictos entre los países y las multinacionales, los principales puntos calientes que deben preocuparnos en tratados como el CETA o el TTIP, aunque ciertamente no los únicos. 
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Esbozo sobre el ensayo (I)
José Antonio de Ory - PASAJERO EN TRÁNSITO

Se confunden ensayo y texto académico. Similares ambos, claro, aparentemente al menos, uno y otro textos de no ficción y en que se habla de algo real. Algo, digamos, con existencia previa al momento de la escritura y a la mera imaginación del escritor, pero distintos en el resto, en lo fundamental, ejercicios diferentes movidos por impulsos y empeños diferentes.

Cada vez más, por cierto. La práctica universitaria que para obtener puntos en el cursus honorum académico ha impuesto la necesidad de publicar libros y textos indexados que a menudo nada aportan y a nadie interesan ha demostrado ser perversa y convertido la publicación universitaria en un fin en sí mismo: lo importante no es qué se escribe, sino publicarlo. Así que buena parte de lo que se publica está mal escrito: por interesante que sea el asunto, lo que dice no atrae por lo mal dicho que queda.
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El humanismo desencantado de Primo Levi (y II)
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

El Evangelio de Juan atribuye a la Palabra la creación del mundo. Dios es el Verbo, el Logos, y separó la luz de las tinieblas, impidiendo que prevaleciera la oscuridad. En Auschwitz, impera la oscuridad porque no hay palabras para expresar la ofensa que representa «la destrucción del hombre». Su lógica es puramente negativa, pues despoja a los deportados de todo, reduciéndolos a la pura animalidad de la res confinada en un matadero, sin otra perspectiva que ser sacrificada: «En un instante –escribe Primo Levi−, con intuición casi profética, se nos ha revelado la realidad: hemos llegado al fondo. Más bajo no puede llegarse: una condición humana más miserable no existe, y no puede imaginarse. No tenemos nada nuestro». La forma de proceder de los verdugos no obedece sólo a la crueldad, sino al propósito de liquidar la identidad de los prisioneros, su ser íntimo y personal. 
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¿Puede el humor cambiar el mundo? (I)
Rafael Núñez Florencio - MORIRSE DE RISA

Esto de cambiar el mundo es una manía –o una aspiración, si pretendemos ser correctos− que sigue dando guerra hoy en día, bien entrado ya el siglo XXI. Como todo el mundo sabe, en su formulación más influyente en el devenir del mundo contemporáneo procede del insigne Karl Marx –aunque no fue él, ni muchísimo menos, ni el único ni el primero que se consagró a dicha causa− y luego fue una aspiración que guió la vida –y la muerte− de incontables filósofos, intelectuales, profetas y líderes políticos, amén, naturalmente, de las decenas de millones de personas que confiaron en ellos y que creyeron también que cambiar el mundo era posible y que valía la pena intentarlo. En nuestro entorno tiene un gran predicamento entre los jóvenes un movimiento político cuyo líder habla de asaltar el cielo o los cielos, una expresión que curiosamente puso en órbita el antes citado Karl Marx, ¡hace siglo y medio!, al referirse a los revolucionarios de la Comuna de París (1871).
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