La hoja biónica: ¿emulando a Fritz Haber?
Francisco García Olmedo / Jaime Costa - EL PAN DE NUESTROS DÍAS

En la Alemania de principios del siglo XX, Fritz Haber logró convertir el nitrógeno atmosférico en amonio y nitratos a escala de laboratorio, un proceso que se convertiría en un éxito industrial con la colaboración entre éste y Carl Bosch. Más de la mitad de la humanidad come hoy gracias a dicho proceso que provee los fertilizantes necesarios para la producción de nuestros alimentos. En medio siglo se ha triplicado el número de seres humanos que reciben el alimento necesario, mientras que la proporción de quienes no lo reciben se ha reducido a la tercera parte (una cifra en torno a ochocientos millones a lo largo del período considerado). La disponibilidad de fertilizantes y de las nuevas variedades de los principales cultivos han sido los principales responsables de este logro. De cara al futuro, se plantea el problema de que el proceso Haber-Bosch consume ingentes cantidades de energía fósil, contribuyendo grandemente al impacto ambiental de la práctica agrícola y haciendo problemática su expansión futura. 
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¡Así se escribe la historia!
Rafael Núñez Florencio - MORIRSE DE RISA

Hoy voy a tirar piedras contra mi propio tejado. Mejor dicho, contra una de las cubiertas de ese tejado a dos aguas bajo el que me he cobijado toda mi vida profesional. Sobre la otra cubierta no hace falta que me ponga ahora a tirar piedras, por la sencilla razón de que ya se han encargado otros muchos desde un pasado inmemorial en lanzar proyectiles de grueso calibre hasta el punto de que lleva ya un tiempo indeterminado hecha un auténtico colador. Perdón, me dejo llevar por el hilo de esa metáfora tan trivial y, lo que es más grave, me temo que no me explico adecuadamente. Pongamos nombre a todo. Verán, una de las vertientes de mi tejado es la filosofía. Sobre el valor de la filosofía, ¿qué puedo decirles a estas alturas? Yo mismo, cuando mis alumnos más díscolos o críticos me preguntan para qué sirve la filosofía, empiezo por decirles provocadoramente con una sonrisa de oreja a oreja: ¡para nada! 
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Forever Changes
Manuel Arias Maldonado - TORRE DE MARFIL

Se dice con frecuencia que el futuro ha colapsado sobre el presente, porque ya no creemos en el progreso: las teleologías ilustradas que prometían un mundo mejor habrían perdido todo su crédito entre los iracundos ciudadanos occidentales. ¡Fukuyama al paredón! Sin embargo, las noticias sobre su muerte son exageradas. Esos mismos ciudadanos plantean una demanda unánime al sistema político, que es la demanda del cambio. Hay que cambiar, es decir: mejorar. Acabamos de verlo en Francia, donde distintos tipos de cambio han sido propuestos en campaña. La oferta vencedora de Emmanuel Macron, caracterizada por un inesperado optimismo, ha sido descrita por el novelista Michel Houellebecq como «una terapia de grupo» para los franceses. Aunque quizá nadie ha expresado mejor el carácter ineludible de una promesa implícita en la lógica democrática que aquel Felipe González tardío que, tras ganar con apuros las elecciones generales de 1993, entendió que sus votantes le demandaban «un cambio sobre el cambio». 
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El Cid, el programa MasterChef y las fronteras culinarias
Francisco García Olmedo / Jaime Costa - EL PAN DE NUESTROS DÍAS

Se debería saber que algunos platos nacionales, tales como la tortilla de patatas, el pisto, la paella, el pa amb tomàquet, el gazpacho o el salmorejo, jamás los cató el Cid; ni siquiera Isabel la Católica lo hizo. Ingredientes esenciales de esos platos no habían llegado en aquellos tiempos a las cocinas peninsulares, un hecho que parecen ignorar los guionistas y los cocineros-presentadores del insoportable concurso televisivo MasterChef, cuyo programa del pasado 23 de abril tenía por reto preparar la mejor comida medieval en un castillo templario, orden militar que, como sabemos, existió entre los años 1118 y 1312 de nuestra era. Como puede verse a partir del minuto 49 del programa, los concursantes utilizaron productos vegetales tan poco medievales como el tomate, el pimiento, la patata y la calabaza. Si hubieran sido menos ignorantes en su propia especialidad, no incluyendo alimentos que en el siglo XII no se conocían podrían haber enseñado algo a los sufridos telespectadores.
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Valle-Inclán en la picota
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

No descubro nada si apunto que las letras españolas no atraviesan su mejor momento. Espero que los autores contemporáneos no se sientan ofendidos, pero me temo que sería inútil buscar algo semejante a Galdós, Unamuno, Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez o Valle-Inclán. Nos separan más de trescientos años de nuestro Siglo de Oro, pero nuestra Edad de Plata es un fenómeno relativamente cercano. La catástrofe política, moral, social y cultural que representó la sublevación militar de 1936 frustró la continuidad de uno de los períodos más fecundos de nuestra historia literaria, artística y musical. Incomprensiblemente, un revisionismo intempestivo cuestiona el mérito de algunos escritores de esa hornada, atribuyéndoles una excesiva autocomplacencia –que en algunos casos devino en egolatría−, una deplorable torpeza –que bordeó el desaliño− o una imaginación insuficiente –que alentó cierto provincianismo, incompatible con las tendencias más renovadoras de la cultura europea. 
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Sloboda Narodu!
Manuel Arias Maldonado - TORRE DE MARFIL

Las palabras que dan título a este texto fueron las últimas del partisano croata Stjepan Filipović antes de ser ahorcado por los nazis el 22 de mayo de 1942; la expresión se convirtió, desde entonces, en el eslogan oficioso de la resistencia yugoslava. Desde hace unos meses, es también la primera canción del nuevo álbum de The Radio Dept., banda sueca de synth-pop que ya había utilizado la traducción del viejo lema balcánico en otra de sus canciones. En ambos casos, la banda invoca ese heroico precedente para arremeter contra los Demócratas de Suecia, partido político de ultraderecha al que las últimas encuestas otorgan un escalofriante 23,9% de intención de voto. No es algo nuevo: allá por 1992, el grupo neoyorquino Sonic Youth publicaba «Youth Against Fascism» para denunciar la presunta difusión del fascismo a lo largo de Estados Unidos. Entre nosotros, Los Planetas acaban de cerrar su último álbum con «Guitarra roja», cuya letra corresponde a un poema del cantante argentino Julián Martín Castro en el que una «guitarra libertaria» pide el fin de la tiranía y la implantación del anarquismo.
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Desvaríos sobre el aceite de palma
Francisco García Olmedo - EL PAN DE NUESTROS DÍAS

Al aceite de palma le han hecho salir de su astuta madriguera y se ha abierto la veda para perseguirlo sin cuartel por montes y valles. Andaba escondido en las etiquetas bajo la legal pero impresentable denominación de «grasas vegetales», una forma de disfrazar el hecho de que es una de las grasas más saturadas que se conocen, en contraste con la mayoría de los aceites vegetales, como los de oliva, girasol, soja, etc. A partir de la reciente obligación de que este aceite aparezca con su verdadero nombre, mucha gente ha adquirido conciencia de algo que ya era sabido: su abrumadora ubicuidad en los productos de la industria alimentaria. Se intenta justificar que dicha presencia es imprescindible para asegurar las propiedades físicas y organolépticas de los distintos productos, algo que no es así exactamente, ya que la realidad es que la gracia de este aceite es ser barato y abundante.
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Simone Weil, la virgen roja
Rafael Narbona - VIAJE A SIRACUSA

Simone Weil ha pasado a la historia como una revolucionaria desencantada y una mística que se quedó voluntariamente en el umbral de la Iglesia católica, rechazando el sacramento del bautismo. De origen judío, su escepticismo religioso se convirtió en amor a Dios en 1937, poco después de trabajar en una fábrica, donde la desdicha ajena penetró en su carne y en su alma. Durante su breve y polémica carrera como profesora de filosofía, le acompañó el apodo que le habían asignado sus compañeros de universidad: la «virgen roja». Su estilo de vida coincidía con las reglas de un ascetismo severo: alimentación frugal, pobreza relativa y abstinencia sexual. Su austeridad en lo material y carnal convivía con el compromiso político con la clase trabajadora. Su identificación con el comunismo se resquebrajó cuando descubrió que la Unión Soviética se había convertido en un régimen totalitario, donde se pisoteaban las libertades y una elite burocrática acumulaba bienes y privilegios. Sobrevivió su simpatía hacia los sindicatos como respuesta necesaria a los abusos de un sistema económico que sólo reparaba en los beneficios.
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¡Qué difícil es hacer reír!
Rafael Núñez Florencio - MORIRSE DE RISA

Hacer humor es una tarea muy difícil. ¿Por qué? Supongo que, entre otros muchos motivos, estará relacionado con determinadas actitudes e inclinaciones con que nos asomamos a la vida y nos enfrentamos al mundo, culturalmente hablando. De todos es sabido, por ejemplo, que en nuestro ámbito occidental –y más en nuestro país−, el pesimista tiene un plus de atención y un prestigio inmerecido, mientras que el optimista y el risueño pasan la mayoría de las veces por ingenuos, cuando no simplemente por tontos de baba. El pesimista es el profeta y el optimista representa el candor. Es lo mismo que sucede con la palabra y el silencio: el callado suele beneficiarse de una predisposición a su favor, como si fuese un sabio siempre en potencia, mientras que el locuaz nos despierta un recelo instantáneo. Es frecuente oír a personas graves y circunspectas decir que valoran mucho el sentido del humor. La experiencia me ha hecho desconfiar inmediatamente de ellas. 
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Tiempo para la ira (y II)
Manuel Arias Maldonado - TORRE DE MARFIL

Para alguien en busca de explicación para las turbulencias de nuestra época, Pankaj Mishra tiene una respuesta: todo empezó ayer. Tal como exponíamos aquí la semana pasada, el intelectual británico sugiere en su último y resonante libro −Age of Anger, recién publicado en España con el título de La edad de la ira (Galaxia Gutenberg)− que las raíces del nihilismo contemporáneo hay que encontrarlas en la mezcla de desorientación y resentimiento que provoca la modernidad. Ahora, la globalización ha expandido el alcance del proceso de modernización y generado nuevas formas de dislocación. Paradójicamente, aduce Mishra, son los propios principios de la modernidad liberal los que provocan reacciones agresivas en su contra: quienes pretenden ser individuos libres y autónomos se desesperan ante la imposibilidad de serlo. Y la razón de que no lo sean está en las desigualdades socioeconómicas globales, consecuencia a su vez del fracaso de las elites liberales a la hora de honrar sus promesas emancipatorias. De ahí el resentimiento, la frustración, la violencia.
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