ARTÍCULO

Las exigencias de la naturaleza humana

Cátedra-Teorema, Madrid, 1997
Trad. de Ángel García Rodríguez
 

A pesar de ciertos lugares comunes, muy populares en nuestras latitudes, Wittgenstein fue algo más que un espíritu convulso que se rebeló contra la vaciedad moral de la cultura tecnológica. Sin duda la repulsión moral que le producía el mundo contemporáneo le llevó a vindicar la autonomía de los valores y del sentido contra los principios de una civilización que ha buscado en la ciencia la solución a los conflictos de la condición humana. Pero su lugar en la tradición filosófica hay que buscarlo en que fuera capaz de articular ese movimiento de rechazo como una consecuencia inexorable de su tratamiento de los problemas más abstractos de filosofía de la lógica. Si hubo un problema que siempre le interesó, fue el del «rigor de la necesidad lógica», el tipo especial de necesidad que crea el lenguaje y que permite la inferencia lógica.

¿Qué tiene que ver esta cuestión con los problemas planteados en esta antología de textos, como por ejemplo, el relativismo cultural, la autonomía de los valores morales o la forma de autoadscripción de las experiencias? La importancia de la obra de Wittgenstein estriba precisamente en el modo en que su concepción del lenguaje le permite mostrar la complejidad de las conexiones entre esas cuestiones. Acepta que la necesidad lógica depende del modo en que los seres humanos aplican el lenguaje, y que esa práctica es radicalmente autónoma –no admite un punto de vista externo desde el que pueda ser evaluada como correcta o incorrecta–. Desde tal premisa, sí es posible entender su rechazo de la exaltación arbitraria del poder explicativo de la ciencia. Sin esa premisa, sus escritos no serían más que un conjunto de brillantes intuiciones. Quien pretenda aislar el pensamiento de Wittgenstein sobre cuestiones epistemológicas, morales o sociales de su filosofía de la lógica se expone a trivializar ese pensamiento.

Esta cuidada edición española debe ser recibida con alborozo por todos los interesados en la obra de Wittgenstein. La edición inglesa, de 1993, incluyendo los textos en alemán cuando éste era el idioma original, fue ya un acontecimiento, porque paliaba la arbitrariedad y la dispersión en el lento proceso de sacar a la luz los textos del filósofo vienés. Presentaba importantes textos de una manera conjunta y completaba en muchos casos ediciones anteriores.

El proceso de publicación de los textos de Wittgenstein por sus albaceas testamentarios ha producido una enorme controversia. La polémica alcanzó su cenit cuando se supo, gracias a A. Kenny y su The Legacy of Wittgenstein, que en la Philosophical Grammar se habían omitido deliberadamente cuatro capítulo del «Big Typescript». Parte de ese material se publicó más tarde, en 1986, en la Revue Internationale de Philosophie, y se incluye en esta colección bajo el título «Filosofía». Se incorpora también un inédito, las «Notas para una "Conferencia Filosófica"». Del resto de los escritos, algunos ya habían sido publicados en vida de Wittgenstein: la durísima recensión de The Science of Logic de P. Coffey, en 1913, y las «Observaciones sobre la Forma Lógica», en 1929. Los otros habían aparecido dispersos en diversas publicaciones periódicas y en algunos libros, donde se mezclaban con estudios sobre Wittgenstein y recuerdos personales de quienes le conocieron. Esta dispersión era aún más obvia en las versiones españolas. En muchos casos, la traducción estaba ya fuera de los circuitos comerciales de distribución. En otros, no existía: como sucede, por ejemplo, con las importantísimas notas que tomó Rhees de las conferencias sobre experiencia privada, publicadas en 1984, en Philosophical Investigations –no deben confundirse con las notas preparatorias del mismo Wittgenstein, publicadas mucho antes en The Philosophical Review y que también se incluyen, con importantes adiciones, en esta colección–.

¿Cuál es la imagen de Wittgenstein que nos revelan estos textos? En primer lugar, es inevitable la fascinación por la integridad intelectual que se desprende de todas y cada una de estas páginas. Fue un acierto de los editores incluir, por ejemplo, el prefacio para un diccionario de alemán, pensado para escuelas primarias, que Wittgenstein escribió cuando abandonó los círculos intelectuales de Inglaterra y se convirtió en un maestro de escuela, en los años veinte. En este texto de humilde apariencia, percibimos la misma autoexigencia y la misma pasión por el rigor que podemos encontrar en las más abstractas lucubraciones sobre filosofía de la lógica.

El primero de los textos originales incluidos data de 1913. Las notas tomadas por Y. Smithies de las clases sobre la libertad de la voluntad son de finales de los cuarenta –aunque también se incluyen cartas dirigidas a G. H von Wright que son posteriores–. En esos treinta y cinco años, Wittgenstein había de cambiar el destino de la filosofía en el siglo XX . Primero, elaborando una obra de arquitectónica belleza que exploraba los límites del lenguaje, desde el supuesto de que su única función era la de representar hechos. El Tractatus Logico-Philosophicusfue considerado casi inmediatamente como la obra de un genio y fue adoptado como formulación definitiva de los principios del positivismo lógico, mientras su autor insistía una y otra vez en que lo más importante del libro era la fundamentación de la autonomía de los valores, que debían ser situados al margen de los hechos, de modo que cualquier intento reductivo estaba necesariamente condenado al fracaso. Hay aquí una obvia línea de continuidad entre su primera filosofía y el rechazo del cientificismo que es consustancial a sus últimas concepciones del lenguaje.

La aparición de la ciencia moderna en el Renacimiento afectó decisivamente a la relación entre ciencia y filosofía. Desde Galileo, los filósofos han intentado definir una esfera propia de la actividad filosófica que fuera compatible con el éxito de la ciencia natural a la hora de explicar, predecir y manipular la naturaleza. La idea de la filosofía como ciencia última de la realidad, una especie de policía intelectual sobre el resto de las ciencias, ha ido desapareciendo paulatinamente de nuestro medio intelectual. No encontraríamos en la obra de Wittgenstein ninguna protesta ante este proceso de redefinición de tareas. Pero sí encontramos el más absoluto rechazo de una de las más extendidas interpretaciones del proceso: la idea de que la visión científica del mundo puede servir para cuestionar los aspectos esenciales de la visión ordinaria del mundo. Hay en este volumen al menos cinco textos que nos muestran diversas variaciones sobre este fondo común: la «Conferencia de Ética», las «Observaciones sobre La Rama Dorada de Frazer», el texto titulado «Filosofía» y las reflexiones sobre causalidad y libertad de la voluntad. Hay un argumento unificador en todos estos casos: una cierta concepción del mundo, que la cultura contemporánea nos parece mostrar como inevitable, está producida por una profunda incomprensión de la forma lógica de las explicaciones científicas.

Dos ilustres filósofos, Kant y Heidegger, pueden mencionarse como ejemplos de esta actitud de rechazo de un aspecto crucial de la cultura contemporánea, la extensión ilegítima del dominio propio de las explicaciones científicas. Las reflexiones de Wittgenstein sobre la aprehensión de la relación causal pueden servir de botón de muestra. Como Kant, Wittgenstein considera que la epistemología empirista no respeta las condiciones de posibilidad de la misma ciencia. Como Kant, insiste en que la tradición humana está equivocada cuando busca en la mera regularidad todo el fundamento de la necesidad causal. Como Kant, muestra que cualquier regularidad sólo cuenta como instancia de la relación entre causa y efecto si consideramos que los rasgos constitutivos de la relación causal son internos a la regularidad misma. Para ambos filósofos, el orden causal en la experiencia es una condición de posibilidad de la experiencia de un mundo de objetos. Hay sin embargo una importante diferencia: para Kant, cierto material caótico es ordenado por estructuras de la mente humana que son condición de posibilidad de la experiencia del mundo y del mundo de experiencia. Para Wittgenstein, la apelación a lo trascendental se da en un nivel distinto: no se habla de estructuras puras de la razón, sino de la acción humana. La noción de causa está en el corazón mismo de nuestro esquema conceptual, porque está vinculada a las condiciones de posibilidad de cualquier categor....

01/08/1998

 
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