ARTÍCULO

Apocalypse Now

Muchnik Editores, Barcelona
222 págs. 2.100 ptas.
 

APOCALIPSIS: Último libro del Nuevo Testamento que se refiere a lo que ocurrirá al acabarse el mundo. 2. Situación espantosa o tremenda. 3. La intervención divina en los asuntos humanos se verá acompañada de grandes cataclismos, persecuciones, guerra, hambrunas y otras plagas.

No cabe duda de que Andrés Sorel es nuestro gran escritor apocalíptico. Lo fue en una de sus primeras obras, La agonía de Castilla, y lo vuelve a ser ahora en estas Voces del Estrecho. Si en la primera nos hablaba de una Castilla ya difunta donde sólo sobrevivían los esqueléticos restos de su pasado, en su última entrega nos cuenta otro gran «apocalipsis», el que se está produciendo cada día en las aguas del Estrecho. Esta última obra es mucho más sobrecogedora porque se trata de un apocalipsis en directo, que se produce cada día ante nuestros ojos y que aflora en las páginas de los periódicos o en las imágenes de la televisión... Castilla ya había «fenecido» cuando Sorel tomó la pluma pero las aguas del Estrecho nos devuelven cada día la imagen de sus víctimas más recientes... Apocalypse Now.

La profecía de este apocalipsis que narra Sorel estaba ya contenida en el libro de Goytisolo Reivindicación del conde don Julián. La utópica guerra santa que profetizaba Goytisolo en las páginas de su libro, la nueva invasión de las huestes de Tariq sobre la península, se ha cumplido con creces en nuestros días, si bien no con el carácter guerrero que Goytisolo había vaticinado.

Le falta a Sorel la grandeza de la retórica goytisolana, la corrosiva subversión que impregnaba aquel magnífico discurso de hace treinta años... Si Goytisolo contemplaba las costas españolas desde Tánger mientras soñaba con aquella delirante invasión islámica de la Península, Sorel, desde el otro lado del Estrecho, desde nuestras costas, se lamenta de los funestos resultados del cumplimiento de la profecía de Goytisolo, de los cientos de personas que han perdido ya la vida en las aguas del Estrecho... La terrible invectiva de Goytisolo se torna en elegía en los labios de Sorel, que recoge las voces que aún flotan en las aguas –las voces de los muertos– para darles vida de nuevo en las páginas de su obra.

Rindiendo tributo a Melville –otro gran escritor apocalíptico– el autor nos introduce a estas «voces del Estrecho» por medio de Ismael, el sepulturero del pueblo... Es Ismael el encargado de recoger los despojos humanos que aparecen en las playas y darles –¿cristiana?– sepultura. Y los muertos, agradecidos, le conceden el don de comunicarse con ellos, incluso de asistir a las reuniones que aquellas almas en pena tienen cada noche en un edificio deshabitado a las orillas del mar. Penan las almas la falta de sus cuerpos que en todo o en parte se tragó el mar y cumplen una condena de cuarenta años –según precepto coránico– en espera de reunirse definitivamente con sus restos mortales... Para entretener la espera, se cuentan los muertos historias de cuando eran vivos (como quería Valle en sus esperpentos) y así puede el lector, desde su muerte, averiguar la historia de su vida.

Sorel en su obra rescata la vida de estos náufragos, indaga sobre las razones que les impulsan a emprender la arriesgada travesía, condena tanto las condiciones de vida de las que huyen en sus respectivos países como la indiferencia española ante los cadáveres que afloran en sus costas...

En su novela, Sorel se hace eco de las palabras del propio Goytisolo: «Occidente derribó el muro de Berlín para levantar otro muro en el estrecho de Gibraltar». Pero, a diferencia de Goytisolo, responsabiliza de la tragedia no sólo a Occidente sino a la propia sociedad magrebí que todavía encadena a las mujeres al hogar y a su marido e impulsa a muchas de ellas a huir a los países occidentales en busca de la libertad. El estrecho de Gibraltar sería así esa gran falla que separa dos mundos que han renunciado a entenderse y los náufragos que se han precipitado en ella serían las grandes víctimas de esta incomprensión.

De esta incomprensión nace el lamento del propio Sorel, esta elegía a los sin nombre que él decide, en la hora de su muerte, nombrar.

Le falta a la novela de Sorel calado social y humano, es decir, una mayor y más exhaustiva investigación sobre la vida de esos náufragos... Esos hombres y mujeres que nos cuentan la historia de sus vidas responden más a estereotipos sociales que a personas de carne y hueso... Pero, como señalábamos al principio, no pretende Sorel escribir una crónica social sino más bien un alegato moral que despierte nuestras aletargadas conciencias... Su vocación apocalíptica presta coherencia a este autor tan singular dentro del panorama de nuestra literatura actual, que ha tenido además la valentía de plantear el problema más candente con el que el país se enfrenta hoy en día... Despierten, pues, nuestras adormecidas conciencias antes de que todos sucumbamos al apocalipsis que Sorel con su voz desgarrada nos vaticina.

01/01/2001

 
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