ARTÍCULO

Variaciones sin melodía

 

La publicación de un libro de Carlos Alonso Zaldívar, con el sugerente título de Variaciones sobre un mundo en cambio, es siempre una buena noticia para todos los que en este país nos interesamos por las cuestiones internacionales. Ya que el autor –ingeniero aeronáutico, diplomático, líder del partido comunista durante la transición-es una de las personalidades más atractivas e interesantes entre las que por estos pagos se dedican a los asuntos exteriores. Basta con repasar su currículo para darse cuenta de ello, ya que Carlos Alonso Zaldívar fue asesor de Francisco Fernández Ordóñez durante su etapa como ministro de Asuntos Exteriores y, después de pasar algunos años en nuestra embajada en Washington, fue llamado a la Moncloa tras la caída del muro de Berlín para organizar un departamento de estudios que ayudara al entonces presidente del Gobierno, Felipe González, a navegar por los procelosos mares de un mundo en cambio. Habiendo cumplido esta tarea a satisfacción de propios y extraños, en 1994 fue designado embajador de España en Seúl, privilegiado observatorio, donde ha escrito el libro que hoy reseñamos.

El que Variaciones sobre un mundoen cambio tuviera casi seiscientas páginas, aunque un poco intimidante, no hacía sino anticipar un verdadero banquete para los que normalmente nos encontramos ayunos de auténtico alimento intelectual. Sin embargo, la lectura de esta «ópera magna» de Alonso Zaldívar deja al voraz comensal tan harto como insatisfecho, con la poco agradable sensación de que le han llenado el estómago a base de aperitivos sin haberle servido nada con verdadera sustancia. Y hace añorar al lector habitual de libros anglosajones esa figura del editor, mitad padre mitad tirano, que ayuda y obliga al autor a transmitir su mensaje utilizando el número exacto de palabras y de páginas que son necesarias, ni una menos, pero tampoco ni una más.

Con esto no pretendo decir que el libro de Carlos Alonso Zaldívar no sea interesante o que no merece la pena leerlo; al contrario, el lector preocupado por las relaciones internacionales y sin tiempo para seguir los innumerables debates que se desarrollan en los foros políticos e intelectuales, que tan bien conoce el autor, encontrará en el libro de Zaldívar una reserva inagotable de informaciones fiables y buenos análisis sobre la mayor parte de los temas que están hoy sobre la mesa. Desde el cambio tecnológico al islamismo, pasando por la situación en Rusia, la Unión Monetaria, las guerras yugoslavas, la demografía, el medio ambiente, el librecambismo, el estado del bienestar, el futuro de la Unión Europea, las pujantes economías asiáticas, la democracia, los derechos humanos, los Estados Unidos, etc. Y, al final del libro una cordial invitación del autor para que cada uno se confeccione su propio menú, largo y estrecho.

No encontrará, sin embargo, el lector clave fundamental alguna, acertada o equivocada, para orientarse en este mundo en cambio. Abrumado o fascinado por las innumerables variaciones que descubre, Carlos Alonso Zaldívar, renuncia a resolver el enigma que le plantea nuestro tiempo, no se arriesga a dar una respuesta quizás por temor a equivocarse, haciendo gala de la, en este caso inútil, virtud de la prudencia.

No se trata tampoco de que Variaciones sobre un mundo en cambio carezca de ambición, ya que Alonso Zaldívar comienza el libro anunciando su propósito de ocuparse «de lo que puede pasar en el mundo durante los próximos veinte o veinticinco años y de la manera en que ello puede afectar a España». El problema estriba quizás en que el autor, que en la introducción de su libro anuncia su intención de pertrecharse «con los métodos de la academia» para responder a tan difíciles cuestiones, renuncia a cualquier ayuda teórica, tras un breve simulacro de quince páginas, en las que afirma haber dado cuenta de todo lo que la teoría económica y la de las relaciones internacionales tiene que ofrecer, y decide seguir adelante, «prescindiendo de las pretensiones y rubores de la academia».

En lugar de las pobres aportaciones de la academia, Alonso Zaldívar, recurriendo a su formación de ingeniero, saca de su vieja mochila un par de rancias referencias al azar y a la necesidad, que aderezadas con unas cuantas metáforas extraídas de la física y las matemáticas, le sirven de coartada para justificar el desorden de las siguientes quinientas páginas, en nombre de una supuesta teoría de la complejidad.

Es esta carencia de «grandes ideas» lo que puede reprocharse a este interesante libro de Carlos Alonso Zaldívar, que queda muy lejos no sólo de lo que el autor se proponía realizar, sino del libro que hubiera podido escribir tan cualificado observador de la vida internacional. Ya que si confusos son los tiempos actuales, no lo eran menos, los posteriores al Tratado de Versalles, cuando un joven economista llamado Keynes escribió un libro profético, titulado Lasconsecuencias económicas de la paz. Y si la situación actual es endiabladamente compleja no lo era menos en el verano de 1939, cuando E. H. Carr envió a la imprenta su lúcido análisis del período de entreguerras, con el nombre de La crisis de losveinte años. 1919-1939.

Pero para demostrar que la tarea era posible no hace falta viajar tanto en el tiempo, ya que fue en el verano de 1989 cuando un colega de Alonso Zaldívar de origen japonés, que trabajaba en el departamento de estudios del Departamento de Estado norteamericano, publicó un breve artículo titulado ¿El fin de la Historia?, con una interpretación de los acontecimientos de la segunda mitad de los años ochenta que conmocionó a los círculos políticos e intelectuales de Occidente. Y aún más cercana está la publicación en ForeignAffairs el año 1993 del famoso artículo de Huntington «¿Choque de civilizaciones?», sobre el que tanta tinta se ha derramado.

¿Por qué se siguen reeditando hoy y leyendo con avidez los trabajos de Keynes y Carr, por qué se sigue y se seguirá debatiendo en torno a las ideas de Fukuyama o de Huntington? Porque, acertadas o equivocadas, son sin duda arriesgadas y sugerentes e interpretan una poderosa melodía sobre las que es posible componer un ilimitado número de variaciones. Carlos Alonso Zaldívar hubiera necesitado tan sólo quince páginas, en lugar de las más de quinientas que ha escrito, para haber añadido su nombre a esta insigne lista, un logro que si no ha conseguido en esta ocasión, aún está a su alcance.

01/06/1997

 
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