ARTÍCULO

Un maestro de la historia intelectual

Quaderns Crema y Residencia de Estudiantes, Barcelona y Madrid, 1997.
382 págs.
Biblioteca Nueva, Madrid, 1997
175 págs.
 

Vicente Cacho Viu (1929-1997), fallecido a finales de noviembre del pasado año en Madrid, se dio a conocer en 1962 con el primer volumen de un estudio sobre la Institución Libre de EnseñanzaLa Institución Libre de Enseñanza I. Orígenes y etapa universitaria (1860-1881), Rialp, Madrid, 1962, 572 págs., Prólogo de Florencio Pérez Embid. que, como suele ocurrir con muchos trabajos seminales, habría de convertirse en elemento de identificación del autor en el mundo académico durante muchos años.

El libro fue Premio Nacional de Literatura de aquel año y, lo que sin duda era tanto o más importante para el autor, recibió el reconocimiento de las personas que procedían de los ambientes institucionistas, entre las que habría que destacar a Natalia Cossío –la hija de don Manuel Bartolomé (18571935)–, que le había abierto con anterioridad las puertas de la quinta de San Victorio y le había puesto en contacto con otros institucionistas durante la preparación del libro. Uno de ellos, Antonio Jiménez Landi, también fallecido en 1997, afirmó con rotundidad, durante la presentación de su exhaustivo estudio sobre la Institución Libre de EnseñanzaLa Institución Libre de Enseñanza y su ambiente I. Los orígenes de la institución;II. Período parauniversitario. III. Periodo escolar (1881-1907). IV. Período de expamsión influyenye, Ministerio de Educación y Cultura/Universidad de Castilla-La Mancha, Madrid, 1996. Las palabras de Cacho Viu han sido reproducidas, con ligerísimas modificaciones, en el número 6 de esta revistas., que todos los investigadores de la Institución tenían contraída una enorme deuda con las pautas de interpretación que les había brindado la obra pionera de Cacho.

El libro de Cacho sobre la Institución, que había aparecido publicado con la indicación de que era la primera parte de un estudio más amplio, no habría de tener continuación desde el momento en que el autor se convenció –lo que debió ocurrir muy pronto– de que el período universitario cerraba la etapa verdaderamente significativa de la Institución y que lo que quedó en los años siguientes fue nada más –y nada menos– que el magisterio socrático de Giner, ejercido desde la sobria casa del paseo del Obelisco, y su constante preocupación porque el Estado patrocinara empresas educativas –como la Junta de Ampliación de Estudios o el Instituto Escuela– que ayudaran a implantar la moral de la ciencia. Desde la fecha de la publicación del libro sobre la Institución, y durante un largo período de más de diez años, Cacho Viu apenas publicó nada, si se exceptúan algunas contadas apariciones en la prensa con artículos conmemorativos de tema cultural.

Por otra parte, desde mediados de los setenta, Cacho fijó su residencia en Barcelona y ciertos avatares profesionales le permitieron un contacto asiduo con los riquísimos fondos del Ateneu barcelonés, en donde desarrolló una profunda investigación sobre el nacionalismo catalán, entendido como una moral colectiva que ha actuado como factor de modernización en la España contemporáneaEl volumen que recoge y actualiza sus principales estudios sobre el catalanismo estaba pendiente de publicación en el momento de su muerte.. No deja de ser significativo, a este respecto, que su primer artículo sobre temas catalanes lo dedicara, en 1975, a Josep Pijoan (1879-1963), que representaba el más caracterizado punto de contacto entre Cataluña y la Institución, así como una de las personas que mejor supo ver la importancia del magisterio personal de GinerMi don Francisco Giner (1906-1910), Repertorio Americano e Imprenta Alsina, San José de Costa Rica y Barcelona, 1927. y de las empresas por él inspiradas.

Los artículos que empezó a publicar a finales de los setenta sirvieron para comprobar que el profesor Cacho se había embarcado en una ambiciosa empresa en la que su libro sobre la Institución había servido, básicamente, como detonante de un estudio más amplio sobre las grandes morales sociales que formularon –trasvasando siempre modelos europeos– propuestas de regeneración en la España del período intersecular que, para Cacho, se iniciaba con la regencia de doña María Cristina (1885) y llegaba hasta el desencadenamiento de la Primera Guerra Mundial, aunque la cronología política sólo sirva aquí para dar una referencia de fechas a la experiencia de la crisis del positivismo y los intentos que se hicieron para superarla.

Con esas investigaciones, Cacho había optado decididamente por el campo de la historia intelectual que, como señalara el también recientemente desaparecido Isaiah BerlinThe New York Review of Books, vol. XXXIX, núm. 10 (28-5-1992)., en una entrevista de 1992, es una especialidad de investigación compleja, imprecisa y que requiere grandes dotes psicológicas y de imaginación, ya que, en ella, las ideas son presentadas como flotando entre unos y otros hasta formar un «clima intelectual» capaz de afectar los comportamientos y los sentimientos de los individuos tanto, o más, que los factores materiales o los cambios políticos. En el caso de Vicente Cacho ese empeño, unido a las carencias en el género de las obras completas y las ediciones críticas de la mayoría de los intelectuales españoles, le llevó a tenacísimas campañas de lectura de prensa –El Imparcial, de Madrid; La Veu, de Barcelona–, así como de la literatura de la época, que afloran con extraordinaria fluidez en sus escritos.

Resultado de esos trabajos es que, durante sus últimos seis meses de vida, han aparecido los dos libros que aquí se comentan, y ha entregado a los editores otros dos volúmenes, que se editarán durante este año. Tanto el volumen dedicado al 98 como los que están pendientes de edición recogen materiales que ya son conocidos por los especialistas pues casi todos ellos aparecieron, en una primera redacción, en revistas científicas y publicaciones colectivas.

De todos modos, ninguna de estas publicaciones recientes es una simple recopilación de artículos que, por otra parte, aparecen profundamente revisados. En realidad, se trata de lo contrario. Los libros son los grandes apartados, ya completos, de un amplio estudio al que el autor tuvo que renunciar, tal vez porque se dio cuenta de que su fin no estaba lejano.

En ese proyecto Cacho buscaba proporcionar –y lo ha conseguido plenamente– un conjunto de claves para abordar la historia intelectual de España, en el tránsito del siglo XIX al XX . Su estudio sobre la Institución le había puesto en la pista de una tradición liberal española –por la que sentía una personal afinidad–, que siempre consideró relacionada con otros ambientes intelectuales europeos en donde se elaboraban muchas de las imágenes y claves interpretativas utilizadas por nuestros intelectuales. La familiaridad de Cacho con las fuentes literarias de otros países europeos le permiten dar numerosas pruebas en ese sentido y rescatar al pasado español de visiones casticistas, empeñadas en subrayar las peculiaridades del fenómeno español.

El primer gran apartado de ese amplio proyecto de Cacho, al que se refiere el libro que lleva el título Repensar el 98, está dedicado a marcar las pautas directrices de la vida intelectual española en el período intersecular. En él se recogen, junto a algunos artículos aparecidos hace ya cierto tiempo, como el dedicado a trazar un paralelo entre las circunstancias de la derrota francesa de 1870 y la española de 1898, o el dedicado a las relaciones de Ortega con los hombres de la generación anterior a la suya, algunas reflexiones muy recientes en las que caracteriza las grandes morales colectivas que se ofrecieron como soluciones a la crisis finisecular del positivismo, así como los mecanismos que llevaron a la articulación de los canales de información en los que los intelectuales españoles –tanto los barceloneses como los madrileños– dependieron acusadamente del foco parisino, una vez que Barcelona se independizó como capital de la cultura.

Para esa caracterización global, Vicente Cacho ha usado con profusión el instrumento que le ofrecía el concepto de generación, idea comúnmente aceptada por los protagonistas del período por él estudiado. Desde esa perspectiva, ha señalado notable asimetría entre los casos barcelonés y madrileño, ya que si en Barcelona correspondió la primacía a la generación finisecular, inspirada por Prat de la Riba, en Madrid fue Ortega quien consiguió un liderazgo intergeneracional, firmemente establecido a partir de 1913.

Desde ese marco conceptual, la figura de D'Ors aparece como una figura excéntrica, por su afán de insertar un mensaje procedente del nacionalismo integral francés en el horizonte político del nacionalismo catalán: ese sería el fascismo que hace tiempo caracterizó Zeev Sternhell y que, al ser invocado por Cacho para el caso de D'Ors, ha provocado una cierta inquietud en quien no ha acertado a distinguirlo del fascismo político que se impone en Europa en los años veinte.

Publicados con sólo unos meses de diferencia, es aconsejable anteponer la lectura del volumen de Biblioteca Nueva antes de abordar la peripecia personal de D'Ors, exquisito escritor pero imposible de asimilar a las propuestas que traía consigo el nacionalismo catalán, que no necesitaba de soluciones autoritarias ya que encontraba un vehículo de expresión suficientemente adecuado en las instituciones que proporcionaba el Estado liberal de la Restauración.

La biografía intelectual de D'Ors, que ha proporcionado Cacho, rompe con muchas interpretaciones reduccionistas de la figura de Xènius, a la vez que lo inserta en el sutil juego generacional ideado por Prat de la Riba al que Cacho –en una más de sus provocadoras imágenes interpretativas– ha presentado como un Jaurès del catalanismo, por su extraordinaria capacidad integradora.

Del estudio de Cacho emerge una figura de D'Ors en la que, desviando la atención del episodio de la ruptura con el catalanismo –que tanto ha distorsionado la imagen del personaje–, se pone de relieve el profundo drama del hombre de letras, y del intelectual, que nunca dejará de experimentar la notable distancia entre la conciencia de su misión y las posibilidades reales de llevarla a la práctica. Un personaje que se mueve con soltura por el triángulo (París-Barcelona-Madrid) trazado por Cacho al describir la circulación de las ideas en aquellos años pero que siempre encontrará dificultades para acomodarse en cualquiera de esas ciudades, empeñado, como estaba, en la permanente tarea de construirse una imagen de sí mismo.

El estudio sobre D'Ors, que se complementa con un apasionante epistolario, constituye, por la misma excepcionalidad del personaje, un ejemplo acabado de las formulaciones de «moral de autor» descrita por Cacho y una oportunidad de comprobar la efectividad de los modelos de interpretación que él propone.

Dos libros, en definitiva, que nos confirman en la idea de que hemos perdido a un maestro de la historia intelectual, pionero entre los historiadores españoles.

01/03/1998

 
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