ARTÍCULO

Último invitado

Fundación José Manuel Lara, Sevilla
Ed. de James Valender
621 pp. 25 €
Residencia de Estudiantes, Madrid
Ed. de James Valender
692 pp. 40 €
Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales / Residencia de Estudiantes, Madrid
603 pp. 60,31 #
Junta de Andalucía / Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, Málaga
229 pp. 15 €
Cenro Cultural de la Generación del 27, Málaga
275 pp. 12,50 €
 

Manuel Altolaguirre disfrutó una vida intensa, que coronó a la postre con un destello trágico un accidente de carretera. Su obra poética es breve. Sin embargo, la posteridad le es propicia, a juzgar por las publicaciones que ha acumulado el centenario de su nacimiento. La obra y la figura poética del benjamín del grupo del 27, del Manolito que evocan los textos de sus amigos, que tuvo su lugar en la antología fundacional de Diego de chiripa, por así decirlo, parecen encaminadas a una convalidación definitiva por las ediciones conmemorativas de este 2005. Cierto que Altolaguirre, cronológicamente el último de la nómina, se ha beneficiado de las experiencias de celebraciones anteriores, de modo que su centenario ha podido esquivar faltas y desmesuras precedentes e imitar aciertos, para centrarse en lo esencial.Y lo esencial, o parte sustantiva de ello, lo representan estos libros: una nueva edición de la poesía del malagueño, su epistolario completo, dos catálogos de exposición, uno de ellos monumental, y un denso estudio de su poesía.
Las fichas bibliográficas prueban, por otro lado, que la fortuna actual de Altolaguirre tiene nombre propio, el de James Valender, profesor del Colegio de México, responsable hace ya unos años de editar las obras completas del poeta y animador de buena parte de las actividades y publicaciones del centenario.Valender ha preparado la poesía de Altolaguirre para esta nueva edición, que sigue los mismos criterios de la que aprestó en 1992, completándola: retoma el proyecto de recopilación que el poeta dejó inconcluso a su muerte, muy selectivo; agrupa bajo el rótulo «Otros poemas» los que quedaron excluidos de ella o han aparecido con posterioridad –en particular los de Alba quieta (retrato) y otros poemas (1928), poemario conservado en el archivo de Juan Ramón Jiménez–, y les añade los poemas en prosa.Valender considera la del malagueño una «obra en marcha», que presenta numerosos problemas de fijación y ordenación de los textos, pero, por lo mismo, permite lecturas más abiertas de sus escritos poéticos, merecedores de lectores muy diversos.
El estudio de Laurence Breysse-Chanet, que adapta una tesis doctoral, aunque reconoce la valía de la edición de Valender, se basa en las primeras ediciones de los poemarios de Altolaguirre y no en su revisión última, pues se propone seguir su desarrollo poético paso a paso. BreysseChanet, que parte del supuesto de que en Altolaguirre vida y poesía están estrechamente imbricadas, analiza con detenimiento las raíces del poeta en un medio cultural y un tiempo muy concretos, su relación privilegiada con dicho origen y sus modos de traducir al verso vivencias propias. En la sustanciosa monografía que firma, traza el camino del poeta desde sus inicios y deduce de él, con solvencia, la reflexión poética implícita que Altolaguirre nunca se cuidó de exponer.
James Valender ha preparado también la publicación del epistolario completo del poeta. Completo quiere decir, a día de hoy, que incluye más de seiscientas cartas escritas por el malagueño o que él recibió de decenas de corresponsales, entre los que destacan sus amigos poetas (los Alberti, Diego, Lorca, Guillén, Cernuda y demás), el librero León Sánchez Cuesta, los maestros Juan Ramón Jiménez o Manuel de Falla, jóvenes escritores españoles de posguerra como Cela, sus mujeres Concha Méndez y María Luisa Gómez Mena o su hija Paloma Altolaguirre. No cabe duda de que los trabajos y los días de Valender u otros investigadores sacarán a la luz aún otras misivas, pero las reunidas en este volumen constituyen ya un monumento a la memoria del poeta y del hombre.
Más de la mitad de las cartas recogidas datan de antes del exilio y son seña de la intensa actividad literaria que, como poeta e impresor, desarrolló Altolaguirre hasta verse obligado a exiliarse en 1939. Aleixandre habló de las «cartas largas, en papeles como sábanas, con letra grandota», que escribió Altolaguirre, pero la mayoría de las que conocemos ahora son misivas apresuradas y no muy extensas, ocupadas a menudo por asuntos prácticos del oficio de impresor y muy raramente por los poemas que compusiera. Por lo mismo, la correspondencia de Altolaguirre es un banco de datos de notable interés sobre la poesía de sus contemporáneos y sobre el mundo editorial en que brotó ésta, más que sobre su propia obra de poeta. Su tarea editorial, vivida con pasión y no pocas estrecheces hasta la Guerra Civil, constituyó un nudo de relaciones y de actividades de singular significación en el panorama poético de aquel momento y las cartas dan testimonio de muchas de ellas.
La peripecia vital e intelectual de Altolaguirre no se agota, sin embargo, en dichas tareas. Los dos catálogos de exposición que rematan las ediciones del centenario lo certifican sobradamente. Ambos comparten, además de un nutrido y variado aparato gráfico, la amplia información biográfica elaborada para cada uno por Valender y sendas colecciones de estudios en buena medida complementarios, que, a la espera de que se publiquen las actas del congreso celebrado en Madrid y Málaga en noviembre, suponen una aportación significativa al conocimiento de los aspectos más destacados de la actividad creadora de Altolaguirre. El monumental Viaje a las islas invitadas. Manuel Altolaguirre (19051959) aporta, además, una generosa muestra de recuerdos y apreciaciones personales de escritores que lo trataron (Juan Ramón Jiménez, Bergamín,Aleixandre, Salinas, Guillén, Alberti, Diego, Gil-Albert o Cernuda, entre otros), y ensayos centrados en su relación con otras artes (pintura, teatro o cine) y en sus actividades como editor e impresor.
La información reunida y su variedad, la notable densidad de los estudios y el esfuerzo editorial que comporta presentarlos con dignidad y limpieza arropan de manera envidiable los textos personales y poéticos recuperados. El joven Manuel Altolaguirre llegó el último a la nómina de la poesía de su momento, pero no parece que su nombre vaya a ser de los que se lleva el viento de los años.

01/02/2006

 
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