ARTÍCULO

El sol de los sueños

Alfaguara, Madrid, 289 págs.
 

Poco nuevo bajo este sol: un muchacho que aprende a ser adulto, amas de casa aburridas, maridos que escapan, chicos y chicas de clase media comprándose ropa en un centro comercial; todos salen de los chalets de una urbanización con piscina y vistas a la sierra. Y sin embargo, el sol brilla con hermosa intensidad en esta novela que es, sobre todo, distinta por muchos motivos. Ciertamente, pertenece a un subgénero visitado con extrema frecuencia pero que todavía es capaz de albergar obras con grados de singularidad aceptables. Estamos hablando de la novela de aprendizaje, también llamada de iniciación; la literatura anglosajona prefiere hablar de una novela de la mayoría de edad. Moviéndose siempre en segmentos del trayecto que va de la niñez como aventura a la adolescencia como enfrentamiento con la contundencia del mundo, este tipo de novela se constituye en una fuente inagotable de recursos para el narrador. No ha dudado en sumarse a la lista de cultivadores del subgénero Clara Sánchez (Guadalajara, 1955), autora ya de cinco novelas, y que con ésta ha obtenido el premio Alfaguara de este año. Curiosamente, sus dos últimas –Desde el mirador (1996) y El misteriode todos los días (1999)– fueron publicadas por Alfaguara, lo que contribuye a esa molesta costumbre que tienen las empresas de premiar a los de casa. Que quede claro, no obstante, que Últimas noticias del paraíso se merece cualquier premio y muchos lectores, a los que va a proporcionar horas de placer, inquietud y sonrisa.

Clara Sánchez, una mujer que pasa de los cuarenta años, ha concedido la voz narradora a un adolescente. Es un reto. Formalmente, el personaje de Fran no está conseguido en cuanto a su edad porque la autora o no ha sabido o ha evitado conscientemente reproducir el lenguaje de los jovencitos de los noventa, pero detrás de su discurso oral, ciertamente hay un hombre. Fran es un hombre y esto siempre es un logro espléndido cuando autor y personaje son de distinto sexo. Cuando el muchacho comienza su edad laboral, este desajuste entre palabras e ideas disminuye casi enteramente. Añádase a todo ello, la facilidad con que Sánchez huye de los tópicos de género: ninguno de los tipos presentes –la madre, el amante, la criada, los vecinos, las chicas– están descritos con clichés de lo masculino y lo femenino; entre otras cosas, porque Fran, que es quien nos habla de ellos, tiene una visión del mundo radicalmente personal.

Lo más llamativo de esta novela es que puede leerse de dos maneras: por un lado, es un relato de nuevas costumbres sociales, ágil, con intriga, impregnado de una ironía tierna y sabia, y que transmite una experiencia de felicidad, algo así como la de un eterno verano, a pesar de los cadáveres, las desapariciones y los desengaños. Por otro lado, es una novela simbólica, que admite muchos enfoques de interpretación, lo que le da el atractivo de que bajo una envoltura de ligereza haya evidente profundidad.

La autora recupera una tradición últimamente poco leída y que es la de emparejar a héroe y antagonista. Opuesto a Fran, que es atlético, vago, sensible, bueno y afectuoso, está Edu –su amigo y vecino–, que es físicamente débil, inseguro, muy inteligente y que tiene tendencia al mal. Si Edu es un superdotado intelectual, Fran es un superdotado emocional. Hay entre ellos una amistad tan ambigua que uno sospecha que componen una muy sutil versión del mito de la doble personalidad, popularizado por Stevenson. Edu y Fran: el mal y el bien; la sabiduría frente a la curiosidad; la insatisfacción contra la esperanza. No pueden pasar el uno sin el otro en una relación que es de dependencia antes que liberadora; de hecho, la desaparición, la anulación, de Edu señala la entrada definitiva de Fran en la edad adulta. Que Tania, hermana de Edu, pase de ser el objeto de deseo de Fran a convertirse en una especie de hermana para él es otro hecho que avala esta interpretación.

Hablemos del paraíso. Muy avanzada la novela se aclara de qué paraíso se trata: un apartamento en Madrid, que Fran mantiene obsesivamente limpio y ordenado (para borrar huellas y olores de poderosos fantasmas). «El paraíso terrenal. En lugar de arroyos, árboles frutales, manzanas y serpientes, una cama. Un hombre y una mujer, y acaso una cama. Es el auténtico mensaje de las mil páginas de la Biblia». Pero aquí también se dice que «el paraíso está pensado para ser expulsado de él». Esto da la clave para entender que la ahora devaluada urbanización de las afueras albergaba el paraíso de la niñez y de la adolescencia: un territorio lleno de árboles, agua, misterio y secretos emocionantes, poblado por superhéroes –el entrañable Mr. Piernas–, magos protectores –el interesante Alien–, y embargado de un fuerte y dulce aroma de irresponsabilidad y cariño. De este paraíso Fran es expulsado y pasa al purgatorio de un videoclub, desde donde ve la vida, «que sigue a pesar de nosotros, que somos piezas de una maquinaria que genera piezas sin cesar...». Desde ese punto de vista, Fran parece deducir que el sentido de las piezas únicas se encuentra en el valor que le den a la felicidad. En una ocasión su antagonista le dice: «Crees que en la vida no hay otra cosa que ser o no ser feliz...». Y es así, porque esta historia mantiene como principal valor la creencia en la felicidad, en que después de un paraíso viene otro. Fran, por ejemplo, no desliga el sexo de emociones más profundas que intensifiquen su significado. Sus tres amores están muy marcados por otros factores: Tania, por la amistad y la asimilación de la belleza; Sonia, por la compasión y el reconocimiento de la necesidad de querer, y Yu, por la plenitud del juego entre el alma y la piel y por el descubrimiento de que amar a una mujer puede ser también compartir mucho con los que la han amado antes. De este modo, cuando el amor se va deja un poso de sabiduría que ayuda al héroe a seguir contando con su dosis habitual de felicidad.

¿Es Últimas noticas del paraíso una novela erótica? Lo es y mucho, pero en un sentido muy perturbador porque se mueve siempre entre las lindes del deseo. Fran es un joven adulto muy educado y respetuoso, posee un lenguaje elegante y un humor nada estridente; por tanto, la narración de sus experiencias sexuales está empapada de estas cualidades. Pero, por otra parte, su extremada sensibilidad para observar a los demás y su consideración de que el triunfo profesional no es nada porque en lo que vale la pena gastar la energía es en ser feliz, hacen que su vida sea la de un amante a la espera, tumbado al borde de la piscina exhibiendo músculos y belleza interior. Clara Sánchez demuestra unas dotes muy especiales para escribir sobre el erotismo como un juego de deseos, en el que las miradas o la interpretación de las apetencias están por encima de cualquier contacto físico. Como toda novela de aprendizaje, ésta es una versión de la pérdida de la inocencia. Quizá la madre de Fran o los clientes del videoclub la hayan perdido para abrazar la derrota, pero Fran la pierde para ser dichoso, para conseguir a la mujer más deseada, para viajar a China; en definitiva, para alcanzar cada uno de sus sueños. Ahí está el acierto de Clara Sánchez, que ha sabido a base de sensualidad, optimismo y empatía con sus personajes aportar novedad a un antiguo subgénero.

01/11/2000

 
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