ARTÍCULO

Memorias cruzadas en una España convulsa

 

Dos personas que no se conocían, pero que resultan estar emparentadas. Con dos familias que vivían en lugares muy distintos de la geografía española, pero cuyas trayectorias se habían cruzado en el primer cuarto del siglo xx gracias a una corta relación que no llegó a ser matrimonio pero de la que nació un niño. Dos personas, Marina Pino y Jon Juaristi, que se encontraron por azar, cuando la primera leía en una tribuna del segundo algo que hasta entonces desconocía por completo, esto es, que su abuelo, Tomás Bilbao Hospitalet, el padre de aquel niño, era también el hermano de Marina, la abuela de Jon y mujer de Pablo Juaristi Landaida.
Dos familias realmente distintas: una, la de los Bilbao, perteneciente a ese complejo mundo de la modernización vasca del cambio de siglo, relativamente próspera gracias al buen hacer de un modesto albañil, Patricio, convertido en «un próspero constructor» en tiempos de las obras del Ensanche bilbaíno. Otra, la del militar Amadeo Ynsa Arenal, abuelo materno de Marina Pino, residente en tantos lugares como sus ocupaciones le impusieron, ascendido a comandante en 1928 tras varios años destinado en el norte de África; un militar que, al parecer, «nunca quiso ser militar», condenado a vivir de su sueldo base desde que la reforma Azaña lo convirtiera, ya con la Segunda República, en «disponible forzoso».
Si algo muestra la laboriosa y meritoria reconstrucción que Jon Juaristi y Marina Pino han hecho de las trayectorias de ambas familias es la enorme complejidad sobre la que descansan muchas de las «memorias familiares» del convulso siglo xx español. Los Bilbao, un clan numeroso y marcado por la fuerte personalidad de su fundador, Patricio, al que Jon Juaristi, su biznieto, califica de «ambicioso, duro, peleón y aborrascado», alguien capaz de urdir las adecuadas «estrategias económicas, profesionales, matrimoniales y políticas» para lograr el ascenso social codiciado, todas ellas resumidas en el término «nacionalismo». No en vano, en el Bilbao de la época, este euscalerríaco era conocido como «el contratista de Sota», por Ramón de la Sota y Llano. En la familia Bilbao convivieron diversas tendencias del nacionalismo vasco, algunas muy mal avenidas, como la sabiniana, a la que se adscribía Pablo, el abuelo de Jon, y la de Comunión Nacionalista, que era la de Sota y Patricio. Pero también ahí estaba el abuelo de Marina y tío abuelo de Jon, Tomás Bilbao Hospitalet, arquitecto de éxito hasta los años treinta y miembro fundador de Acción Nacionalista Vasca. En cuanto a los Ynsa, experimentaron con no poca valentía y dignidad las consecuencias del torbellino de los treinta. El comandante Ynsa consiguió mejorar la situación económica de su familia gracias a las nuevas tareas de orden judicial que se le encomendaron como resultado de la violenta e ilegítima insurrección de octubre de 1934; pero, cuando estalló la Guerra Civil, su decisión de no secundar la sublevación y marchar al frente de un batallón a Aragón tuvo un desenlace trágico.
La Guerra Civil alteró por completo el que podría haber sido cauce natural de ambas familias. La decisión de Tomás Bilbao de aceptar en las últimas semanas de la guerra una cartera ministerial en el gobierno del socialista Juan Negrín marcaría por completo sus años del exilio, reclamado por la diplomacia franquista y obligado finalmente, tras una precipitada huida de París poco antes de la ocupación nazi, a embarcar con destino a México. Por lo que se refiere a los Ynsa, para Ana, la madre de Marina Pino y esposa del que fuera niño nunca reconocido de Tomás Bilbao, la guerra tuvo una doble y trágica consecuencia: de un lado, la muerte en el frente de su padre; de otro, la condena a una dura vida de posguerra. Por si todo esto fuera poco, aparte de las otras víctimas de la guerra que salen en este libro (como José María Juaristi Landaida, el hermano del abuelo de Jon, exdiputado carlista, asesinado en un convento-cárcel de Bilbao en enero de 1937), también aparece Paracuellos. Allí murió Félix del Río, el hombre con que Antonia, la madre del niño no reconocido de Tomás Bilbao, había reconstruido su vida en Madrid.
En A cambio del olvido, Jon Juaristi y Marina Pino han logrado rescatar con elegancia y rigor ese pasado fascinante, a la vez que trágico, de sus respectivas familias. Si la del primero es una biografía ligada a lo ocurrido con el nacionalismo durante la guerra y la dictadura, la de la segunda es un relato de la vida de una familia destrozada por la muerte del comandante Ynsa y sometida a un destino difícil en la Barcelona de posguerra vivida desde la perspectiva de los vencidos. En esta especie de vidas paralelas, reconstruidas mediante dosis bien administradas de memoria personal, investigación rigurosa, memorias familiares y no pocas hipótesis, los autores han conseguido mantenerse dentro de la verdad, pero no dejarse esclavizar por las limitaciones del oficio de historiador.
Ambos han escrito este libro desde posiciones y lugares bien distintos (confiesan, de hecho, haberlo hecho «a través de Internet»); y aunque eso a veces tiene ciertos costes, el resultado es positivo. Marina Pino consigue arrastrar al lector hasta introducirlo en su infancia de posguerra y hacer que sienta de cerca la tragedia de la biografía personal de su padre, el hijo no reconocido de Tomás Bilbao Hospitalet. Mientras que Jon Juaristi, con su demostrada agudeza en temas de nacionalismo vasco, ha indagado y recuperado la biografía de su tío abuelo y ministro sin cartera del último Gobierno de Negrín.
Un último apunte: en este cruce de «memorias», por usar la expresión de los propios autores, en muchos aspectos marcadas por la derrota y la desgracia, llama la atención lo mal que casan los habituales relatos de la llamada «memoria histórica», y en especial ese particular empeño de algunos historiadores en pontificar mediante visiones dicotómicas y férreas determinaciones, casi siempre implícitas, de carácter ideológico. La «indagación» de Marina Pino y Jon Juaristi nos ayuda a estar prevenidos contra la poca sensibilidad de esa historia ideológica de la España de los años treinta, en la que predomina la justificación de la intransigencia y en la que los prejuicios ideológicos evitan explicar que las historias con nombres y apellidos no suelen responder bien al dogma del maniqueísmo. Al contrario, como refleja este libro, casi siempre están pobladas de dilemas morales, complejas tramas familiares, miedos, valentía y tantas otras muestras de la compleja condición humana.

01/12/2011

 
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