ARTÍCULO

Un género literario menor: las efemérides

Les edicions de Bitzoc, Palma de Mallorca, 1997
Selección presentada por Basilio Baltasar
134 págs.
Pre-Textos, Valencia, 1997
120 págs.
 

Las coletáneas de artículos aparecidos en la prensa diaria, la prosa de a pie, son un balón de oxígeno que de vez en cuando le viene muy bien a la Literatura con mayúscula, la prosa de a caballo. ¡Qué delicia, para poner sólo ejemplos de la generación del 98, poder descansar de Unamuno con Julio Camba, o del Azorín novelista con el Azorín cronista parlamentario!

Los dos libros que aquí nos ocupan, no pueden ser más diferentes. Necrológicas recoge 33 artículos de elogio fúnebre, debidos a 32 autores y publicados entre el 24 de noviembre de 1976 y el 8 de julio de 1997; todos ellos en las páginas de El País excepto el dedicado a Carlos Barral, que proviene del ABC. Para acabar con los números redondos, en cambio, es obra de un solo autor, Enrique Vila-Matas, e incluye las 52 columnas con las que homenajeó a otros tantos escritores en Diario 16, durante casi un año, del 3 de septiembre de 1995 al 23 de julio de 1996, en que, a falta de nueve columnas que completasen el ciclo, se le acabaron las ganas de seguir escribiendo sin que le pagasen: luego completó por su cuenta esas nueve columnas para poder hacer el libro tal como lo había concebido.

Las diferencias entre ambos libros no se agotan en este recuento. El segundo es bueno; el otro, peor fuera meneallo. Pero habrá que hacerlo.

En Necrológicas son varias las preguntas que nos asaltan al terminar de leerlas. Una, circunstancial, es la de si a lo largo de algo más de veinte años no ha habido ningún otro periódico español que haya honrado a los ilustres muertos censados en su índice: o a otros, y mejor. Otra, menos circunstancial, y aunque el volumen se subtitule precavidamente «Veinte años de muertos ilustres», la de cómo es posible que no se seleccione ni una sola necrológica de las sin duda también ilustres muertas que ha habido en ese lapso: y las ha habido. Al menos en España habría algún que otro ejemplo ilustre, mencionaré nada más que a las dos ejemplares Marías, la Zambrano y la Moliner. Y una tercera pregunta es de fondo: ¿son de veras notas necrológicas?, ¿lo es el ladrillo hagiográfico que Raúl Morodo le dedica a Tierno Galván? Traigo sólo este ejemplo, como pondré, de auténtica nota necrológica, por excepción, la que Rafael Argullol dedicó emocionado al grande e inolvidable José María Valverde. Por último decir que alguna errata les ha salido estupenda: como botón de muestra ésa según la cual (en el texto de Bergamín sobre Malraux) la claridad bien entendida empieza por uno mismo.

La idea inicial de Para acabar con losnúmeros redondos es tan buena como la de Necrológicas. A Enrique Vila-Matas se le encrespaban los ánimos cada vez que llegaba uno de esos aniversarios que dan lugar a frondosos suplementos culturales: los 100 años del nacimiento de Fulanito, los 50 de la defunción de Menganita, etc. Y entonces decidió festejar él aniversarios no redondos. Los 282 años de la venida al mundo de Sterne, sin ir más lejos. Y como Vila-Matas es dueño de una prosa fluida y ocurrente, culta sin empacho y personal sin regodeo ombliguista, le salen miniaturas redondas, preciosos camafeos. El de Fernando Pessoa, por ejemplo, es de auténtica antología. Lo que pasa, y es de rigor señalarlo, es que para acabar con los números redondos se necesita manejar muy bien los que no lo son. Vila-Matas hace, según él, una excepción expresa con André Breton, celebrando su centenario, pero yo le he contado casi una decena de otros no menos redondos: los 80 de Roland Barthes, los 60 de Georges Perec, los 140 de Freud, los 85 de Max Frisch, los 25 del suicidio de Paul Celan. En fin, peccata minuta. No tan peccata minuta, por el contrario, es que el 3 de agosto de 1997 nos asegure que tan sólo faltan 437 días para el año 2000. Si Pitágoras no miente, en esas calendas faltaban aún 880 días.

Sea como fuere, ambos libros bien merecen una atenta lectura. Las efemérides como género literario tienen su nicho en el templo de las Musas, con una candelita perpetua encendida en su honor. Me cuento entre sus feligreses más asiduos, e incluso practicante.

01/02/1998

 
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