ARTÍCULO

Sobre las políticas públicas medioambientales en la España de la UE

 

El valor de esta obra radica, principalmente, en su carácter pionero. La autora se embarca en una evaluación de las políticas públicas medioambientales de la España reciente. Esto es, esencialmente, de la España de la Unión Europea. Para ello se hace comenzar la obra con un análisis de la Unión Europea como sistema político en su relación con los estados nacionales. Analiza a continuación la lógica subyacente a la producción de directrices medioambientales y descubre que las políticas públicas europeas están fuertemente inducidas por un grupo de países muy activos en la protección medioambiental (la troika Alemania, Dinamarca, Holanda). Estos países tienen larga tradición en políticas públicas medioambientales estrictas y, al mismo tiempo, su opinión pública es extraordinariamente sensible a la protección del medio ambiente. Esto hace que sus gobiernos vengan obligados a tratar las políticas públicas medioambientales como una de las prioridades permanentes de la agenda política. Y esto tiene consecuencias paradójicas para España.

España es el atraso en la política medioambiental. Y en este caso no está claro si este atraso tiene alguna ventaja en el sentido enunciado por Veblen. Aquí no hay tradición alguna de políticas públicas medioambientales (nos dice la autora), ni hay una opinión pública que las exija, ni siquiera movimientos sociales con entidad suficiente como para producir una y otra. Esto es, en España, aun habiendo problemas graves de degradación ambiental, no se dan las condiciones que permitan la aparición endógena de una política pública medioambiental. Sin embargo, y aquí está el papel relevante de la UE, la presión exógena obliga a España al cumplimiento, a regañadientes, de las directivas europeas. Parecería que aquí la astucia de la razón juega a favor de España. Pero no hay tal cosa. Los objetivos de la política medioambiental se fijan por aquellos países que llevan la iniciativa de su protección en Europa. Países que tienen problemas medioambientales (por su grado de desarrollo, urbanización, industrialización y posición geográfica) radicalmente distintos de los de España.

En suma, a España no le basta con la importación de directrices para la realización de políticas públicas sino que precisa del desarrollo de una iniciativa propia en este campo. La autora compara en esto a España y Alemania como manera de orientar la corrección del déficit de iniciativa medioambiental español. Y así descubre en el corporatismo alemán y en su movimiento ecologista dos de las claves que explican la competencia medioambiental de Alemania. Una lección de la que España puede sacar algún provecho.

Por último, no sólo hay una evaluación detallada y una propuesta en este examen de las políticas públicas medioambientales de la España de la UE. El lector también encontrará abundante información sobre aspectos aquí meramente enunciados y sobre muchos otros que van desde la construcción de la UE a la gestión atmosférica y de aguas.

01/03/1998

 
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