ARTÍCULO

Comer, leer, pensar

Alianza, Madrid
320 pp. 17,50 €
 

Como su título indica, este no es un libro de cocina sino una reflexión en torno a todos los aspectos y componentes, aun de los aparentemente más alejados, del buen y del mal comer, y para hacernos enseguida una idea del tono, nada como esta afirmación que encontramos ya en el primer capítulo: «El otoño es la estación de los frutos en sazón; el invierno, la gloria de la cocina, cuando casi todo el movimiento de la casa se desarrolla a su alrededor; la primavera, la exuberancia de la huerta. ¿Y el verano? ¿Para qué es bueno el verano? Para las barbacoas». En ella está recogida tanto la nostalgia de un mundo que fue (¿qué casa gira hoy en invierno en torno a la cocina?) como el talante unas veces entusiasta, otras desdeñoso, del autor, un cultísimo lector y escritor asturiano amante de la buena mesa y tan leído que incluso cita al apache Gerónimo. De hecho, lo que este libro aúna es gastronomía y cultura libresca. La cantidad de citas traídas a cuento del asunto que se trate muestran a ese lector curioso y desprejuiciado que no se detiene ante nada que apunte a un camino de conocimiento, de manera que lo que también nos propone, de la mano de la cocina, es un viaje literario, lo que hace la lectura doblemente reconfortante.
Junto a ese viaje, la propuesta de Ignacio Gracia Noriega es una especie de exposición de buenas costumbres para disfrutar de la buena mesa, que incluye también reprimendas por las malas costumbres y certeros juicios de valor. La suya es una visión más bien masculina de la cocina, pero es ante todo un libro escrito para gente de buen comer (y también para reprender a las mujeres que abandonan los fogones) que habla de gastronomía con seriedad, poniendo en su lugar cuando corresponde a las numerosas tonterías que se cuecen en este mundo alimenticio (como puede verse, por ejemplo, en el capítulo dedicado a los alimentos afrodisíacos) y del que conviene decir enseguida que su mayor virtud es su sentido del humor... y también del malhumor: cuando considera que hay que repartir estopa, reparte estopa; de ello no se libran ni el «campanu», ni Marinetti, ni las modas, ni las monjas; pero lo que reparte sobre todo es un saber bien sentado, porque difícilmente se encontrará en el libro un juicio culinario que esté mal fundado. En el libro se habla de todo porque aquí no hay recetas sino, a lo más, consejos y, sobre todo, reflexiones acerca del placer de comer y el modo de disfrutar y, de paso, de cómo está el mundo; así que el libro hay que leerlo sin prisas; si se me permite una comparación fácil, diría que hay que saborearlo, empezando por lo bien escrito que está. «La gran aspiración del ejecutivo moderno –dice Gracia Noriega– es ser instantáneo, que, como se sabe, es prerrogativa diabólica [...]. Como la prisa es moda propia de este tiempo, mucha gente anda todo el día azorada para darse importancia».
No lejos de su querido Chesterton, utiliza las anécdotas como ilustración de una reflexión, ama la paradoja, fulmina con sentencias contundentes y no se casa con nadie, como demuestra el capítulo sobre la sidra, una muestra maestra de literatura satírica. El gusto por la anécdota revela a un buen conversador, persona imprescindible para disfrutar de una buena sobremesa. El único reproche que debo hacerle es que no debe mezclarse la ideología con la comida, lo que hace de cuando en cuando y a veces en capítulos completos, como «Gastronomía política» y Gastronomía y política», donde manifiesta ideas algo tópicas y más cercanas al exabrupto local que a una necesidad textual. El libro está formado por artículos recopilados, lo que se advierte especialmente en las repeticiones de una misma referencia; lo cual, lejos de parecer desidia, se agradece porque a la triple virtud del conocimiento, el entretenimiento y la jovialidad, añade una grata sensación de sencillez y cordialidad.
Frente a la cascada de publicaciones que tratan de proporcionar a ese nuevo tipo de profesional con ínfulas que hoy en día padecemos una suerte de cursillo acelerado de gastronomía para lucirse ante las amistades, el libro de Ignacio Gracia es un libro dirigido al lector inteligente que piensa y que busca lo que de bueno tiene la vida para su satisfacción personal e íntima. Lo dice el autor cuando cita a Ernst Jünger para corroborar que el gusto es un sentido especializado e interiorizador que, en fin de cuentas, significa la individualidad. La misma individualidad e intimidad que se necesita para leer un texto cargado de buen sentido, por cierto. Y como el gusto se comparte si el otro es persona curiosa y receptiva, confío en que el lector, al término de su lectura y convenientemente enriquecido, se disponga a cocinar (si sabe) o a fatigar restaurantes dignos de tal nombre pasando del leer al comer con la elegante lentitud de esos actos nobles y sentimentales que son propios de una vida satisfactoria.

01/10/2009

 
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