ARTÍCULO

Erotismo y sufrimiento en el arte

Random House, Londres
 

El historiador Simon Schama se ha convertido, en las últimas décadas, en un auténtico fenómeno mediático, un sorprendente fenómeno de masas, podríamos añadir, que ha traspasado las fronteras del mundo académico y se ha abierto a lo que Dwight MacdonaldMasscult and Midcult: Essays Against the American Grain, Nueva York, The New York Review of Books, 2011. definía como el público midcult: es decir, esa inmensa muchedumbre contemporánea que busca sus referentes culturales a medio camino entre sus formas superiores y las populares, entre lo highbrow y lo lowbrow. Los datos biográficos y bibliográficos de Schama son fácilmente accesibles en la red, así que no nos detendremos en ellos aquí, pero sí debemos señalar, por lo menos, que de su formación universitaria le quedaría una importante huella por su contacto en Christ College (Cambridge) con el historiador sir John H. Plumb, un pionero en el campo de los estudios culturales y, también, la tendencia a utilizar obras de arte en sus investigaciones, no por sus méritos propios, sino como documentos capaces de arrojar luz sobre los procesos históricos. Schama debió de aprender también de Plumb el empleo de la televisión como un instrumento para alcanzar al más numeroso público posible, a la manera en que hizo este último para la BBC con la serie Royal Heritage (1977).
Schama alcanzó un temprano y general reconocimiento como historiador con su obra The Embarrassment of Riches. An Interpretation of Dutch Culture in the Golden Age (1987), si bien esta no fue su primera obra, mérito que corresponde a Patriots and Liberators. Revolution in the Netherlands 1780-1813 (1977). Para cuando salió The Embarrassment of Riches, Schama llevaba ya varios años (desde 1980) instalado en Estados Unidos, disfrutando de una cátedra en Harvard y, evidentemente, era perfectamente consciente de las posibilidades comerciales de un mercado cultural como el norteamericano, con las enormes tiradas de sus libros y de sus adaptaciones a otros medios. The Embarrassment of Riches, que, como hemos señalado, obtuvo un gran éxito, es una obra que posee grandes virtudes, en especial la amplitud de su enfoque, que recurre a numerosos aspectos de la sociedad holandesa del siglo xvii, a veces a los más nimios, para hacernos comprender las características de esa cultura en su momento de mayor esplendor. Saltando de los libros de emblemas a los mapas, de la paremiología a los signos externos de una sociedad floreciente, como el cultivo de tulipanes, del cuidado por la infancia a las instituciones filantrópicas, Schama componía un fresco cautivador del élan experimentado por los holandeses tras emerger de su larga lucha por la independencia de España. Sin embargo, para muchos historiadores, la nueva obra de Schama contenía omisiones importantes que, de hecho, mermaban su credibilidad. Básicamente, exponía Schama, su libro The Embarrassment of Riches se centraba en la crisis moral experimentada por la sociedad holandesa, que habría salido de la tiranía española para caer, desde el punto de vista más puritano, bajo la nueva esclavitud del lujo y la ostentación. Pero, en su penetrante análisis, Schama omitía importantes factores: por ejemplo, cualquier mención del notable papel desempeñado por los Países Bajos en el comercio de esclavos africanos y en su brutal utilización en las colonias, una situación ciertamente incongruente, como señalaría Susan Buck-Morss en su artículo «Hegel and Haiti»Critical Inquiry, vol. 26, núm. 4 (2000), pp. 821-865., con su ardiente defensa del derecho a la libertad de todos los pueblos. Y, ciertamente, es esta tendencia de Schama a «fabricar» selectivamente su evidencia, a partir de una «intuición» para después buscar la documentación que la sustente, la característica que ha sido más censurada por los críticos. Aunque no la única.
En los últimos años, Schama ha publicado un número de obras no ya de difícil clasificación, sino de difícil comprensión. En Landscape and Memory (1999), por ejemplo, un estudio sobre paisajes concretos y su relación con los pueblos que los habitaron, propone un método de análisis metahistórico que prescinde de cualquier esquema espaciotemporal lógico, saltando de modo desconcertante entre tiempos y lugares diversos en favor de una mayor eficacia narrativa. No debe sorprendernos, pese a todo, pues ya en 1991 Schama había definido su libro Dead Certainties: Unwarranted Speculations, en el que analiza las extrañas muertes de dos personajes reales, pero sin conexión entre ellos de ningún tipo y separados entre sí por más de un siglo, como una «obra de ficción».
En realidad, este difuminarse de las fronteras entre verdad y ficción o, para ser más preciso, entre historia positiva y novela histórica, es una característica de cierta historiografía reciente que ha sido definida como «posmoderna»Lubomír Doležel, Possible Worlds of Fiction and History: the Postmodern Stage (Baltimore, The Johns Hopkins University Press, 2010). y que Schama encarna con la mayor fidelidad. Es una opción metodológica que parece relacionarse con la tendencia creciente a seducir a ese público midcult, antes mencionado, deseoso de participar en las formas superiores de la cultura, pero sin que ello implique excesivos esfuerzos intelectuales. En una incisiva reseña del libro de Schama Rembrandt’s Eyes (1999), John Molyneux ha señalado algunas de las características más destacadas de este posmodernismo historiográfico de Schama, poniéndolas curiosamente en relación con la crítica románticaJohn Molyneux, «Pride Goes Before a Fall» [recensión de Rembrandt’s Eyes], Reviews in History, núm. 107 (2000). Puede consultarse también en http://johnmolyneux.blogspot.com/2006/08/review-of-rembrandts-eyes.html..
En primer lugar, y en este contexto, Molyneux destaca su constante referencia al «genio» de sus personajes, que parece entender referido no ya a personas excepcionalmente dotadas, sino pertenecientes a un estrato superior de la humanidad y cuyas emociones alcanzan lo sublime. En segundo lugar, señala el énfasis en el papel desempeñado por el propio autor, que es omnisciente y omnipresente, llegando a veces de hecho a desplazar al sujeto de su estudio. En tercer lugar, podríamos añadir nosotros, la utilización de un lenguaje caprichoso y extenuante que contribuye a una especie de anonadamiento del lector, una farragosa retórica que se situaría en la antítesis del famoso «grado cero de la escritura». Todas estas características están presentes de modo superlativo en el libro que ahora reseñamos: The Power of Art. En este sentido, hay que advertir que el libro, aunque ampliado y reformado posteriormente, surgió, originalmente, de un proyecto de documental televisivo para la BBC, lo que significaba millones de espectadores cautivos, una oportunidad que, desde luego, el autor no estaba dispuesto a desaprovechar.
En efecto, ya desde la introducción, Schama despliega toda su artillería: el arte, el Gran Arte, escribe, no es agradable ni afable; de hecho, asegura, posee awful manners; nos asalta desde las paredes de los museos y galerías, nos sacude y, de algún modo, su experiencia cambia nuestras vidas. Pocos de entre los espectadores de su serie televisiva o los lectores de su libro habrán sentido, seguramente, en su vida tal género de emoción que Schama, sin embargo, parece conocer íntimamente. En realidad, el autor ha realizado la selección de obras que analiza –Caravaggio, Bernini, Rembrandt, etc.– precisamente en función de esa repentina empatía por él sentida y que desea compartir con nosotros; si no lo conseguimos, parece insinuar, será, al menos en parte, nuestra culpa.
Schama se convierte de esta manera en nuestro guía, no solo en el mundo artístico, sino en una especie de mundo fantástico donde se producen insospechados contactos a través de los siglos. Así, en el capítulo dedicado a Caravaggio, cuando el autor se encuentra en la Capilla de los Caballeros de Malta, en la catedral de La Valletta, estudiando la La decapitación del Bautista, aparece un hombrecillo con sotana negra, arrugado y con nariz ganchuda, que insiste en que acepte un objeto, una antigua llave de hierro; después lo llevará ante el lienzo de Caravaggio y, ante su asombro, descubrirá que es la misma llave que cuelga del cinturón del verdugo. En tono portentoso, afirma: «No estaba preparado para sostener en mi mano algo que Caravaggio había sostenido en la suya». En el capítulo de Bernini, son tres monjas las que, en una tarde de calor insufrible, entran en la penumbra de la iglesia romana de Santa Maria della Vittoria, en la que el autor se encuentra sentado en un banco, absorto en la contemplación del Éxtasis de Santa Teresa. Al cabo de un rato, dos de ellas se marchan y la tercera permanece ensimismada. Schama consigue que este trivial hecho adquiera connotaciones misteriosas: ¿en qué pensará la joven monja?, se pregunta. ¿Qué sensaciones puede experimentar ante una escultura que, admitámoslo, irradia erotismo?
Porque el erotismo es otra constante en los análisis que el autor hace de sus «héroes», ya sea el homosexual de Caravaggio, el ardientemente hetero de Bernini, con su romance con Costanza Bonarelli, el fieramente humano de Rembrandt, el insaciable de Picasso o el torpe y patético de Van Gogh. Schama recurre insistentemente a la vida amorosa de sus protagonistas, aunque en muchas ocasiones no parece que esta posea especial relevancia para una mejor comprensión de sus obras. Uno no puede evitar la impresión de que lo que busca el autor es dramatizar sus personajes, hacerlos más atractivos para un público no excesivamente interesado en questions de finesse. Lo mismo cabe decir de su enfoque de los artistas que ha elegido como genios incomprendidos y rebeldes. En el caso de Caravaggio, esta postura, aunque siempre disfrutara de la protección de importantes personajes, podría resultar verosímil. Pero, ¿pueden aplicarse semejantes adjetivos, por ejemplo, a Jacques-Louis David? Realmente es difícil hacer pasar a este, por lo demás, maravilloso pintor, sicofante y adulador profesional, un camaleón dispuesto a cambiar de bando a la menor oportunidad, por un artista «sufridor», por mucho que Schama afirme que, con la Revolución, el artista se sentía «un hombre nuevo en un mundo nuevo».
Erotismo y sufrimiento, pues, como los dos ingredientes básicos, si no de los gigantes del arte escogidos por Schama, sí del modo en que el autor pretende presentárnoslos buscando la empatía del lector. Pero también del espectador. Porque, debemos recordarlo una vez más, el origen del libro está en los guiones que escribió el autor para la serie de televisión del mismo nombre. Y, sin duda, es en este carácter digamos «masivo» de su obra donde hay que buscar algunos de los rasgos más inciertos de la misma: no solo la tendencia a enfatizar los aspectos emocionales de la trayectoria vital de sus protagonistas, o a sazonarlas con anécdotas de carácter picante, como ya hemos señalado, sino también el empleo de ciertas expresiones frívolas, buscando seguramente hacer menos tediosa la erudición, como, por ejemplo, describir el sueño de Van Gogh de formar una especie de comuna artística en la Provenza con Gauguin como «zen con aceite de oliva» (p. 320) o referirse a El sufrimiento de Andrómaca de David afirmando que el pintor buscaba «unir al mensaje de la Antigüedad un sensacional culebrón familiar» (p. 183), como si estuviese buscando nuestra complicidad.
En 1969, lord Kenneth Clark presentó su formidable documental televisivo Civilisation, que posteriormente saldría también en forma de libro con el mismo título. No cabe duda de que Schama lo tuvo en mente al enfrentarse a su propio documental y libro; sin embargo, hay todo un mundo de diferencias entre uno y otro. Los episodios de Civilisation dejan que las obras de arte ocupen siempre el centro del escenario; lord Clark ofrece los datos esenciales con elegante reticencia y solo, como casi disculpándose, hace algún comentario, siempre pertinente, siempre iluminador. Finalmente, su inglés claro, conciso y, nos atreveríamos a decir, musical constituye un placer para la mente y el oído. Ambas series, en fin, pueden verse actualmente online y su comparación puede resultar provechosa.

01/12/2011

 
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