ARTÍCULO

Foucault ante el neoliberalismo

Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires
Trad. de Horacio Pons
 

Michel Foucault, ese pensador en continua búsqueda y apertura de nuevos caminos teóricos para el pensamiento crítico, sigue siendo un autor cuya lectura resulta apasionante, también para el público no especializado. Sobre todo para ese público lector interesado en adquirir una mirada distanciada sobre su mundo social que muestre el núcleo de contingencia que anida en nuestras más apreciadas evidencias. Los lectores de Foucault estamos desde hace varios años de enhorabuena por la paulatina edición de los cursos que el pensador francés dictó en el Collège de France desde comienzos de los años setenta. Ahora hemos de celebrar la publicación de otro de estos cursos, el correspondiente al año lectivo 1977-1978. La relevancia de este curso se acrecienta por el hecho de que se trata de un momento realmente crítico en la evolución teórica de Foucault, pues se encuentra a mitad de camino del tipo de análisis del poder y de los sujetos plasmado en Vigilar y castigar (1975) y el posterior modelo encarnado en los dos últimos volúmenes de su Historia de la sexualidad (1984).
En Vigilar y castigar nos encontrábamos con un análisis microfísico de las relaciones de poder en el mundo moderno, que abandona la referencia tradicional obsesiva al Estado como fuente y fundamento del poder. La microfísica del poder de Foucault se ocupa, en cambio, de las relaciones de poder que recorren en forma de red los múltiples ámbitos de la sociedad y cuya forma paradigmática serían las disciplinas. Éstas son implementadas, impuestas y asimiladas por los individuos sobre los que se aplican, en el marco de espacios arquitectónicos configurados en su disposición física para tal fin: la escuela, el hospital, el manicomio, la fábrica, la cárcel. En este paradigma de análisis histórico de las relaciones de poder, los sujetos son pensados como los productos de tales relaciones. Las disciplinas convierten a los individuos en sujetos. La internalización de tales disciplinas convierte a los individuos en sujetos capaces de actuar correctamente, según los principios normativos institucionalizados socialmente. Ser sujeto, pues, aparece aquí como resultado de un proceso de objetivación, que convierte en cruel sátira la idea moderna de autonomía. Por ello, la genealogía de las disciplinas modernas, elaborada a partir de su plasmación en ámbitos como la escuela y la cárcel, suponía en Foucault una genealogía de nuestra forma moderna de identidad, de nuestra producción como sujetos por el dispositivo disciplinario de saber-poder.
A continuación de Vigilar y castigar, en 1976, Foucault publicó el primer volumen de una historia de la sexualidad, proyectada en varios volúmenes, que continuaba y ampliaba este paradigma de análisis de las relaciones de poder. Pretendía realizar una genealogía del sujeto sexuado, es decir, objetivado en una determinada experiencia de la propia sexualidad como esa verdad que nos define y que hemos de verbalizar a toda costa. Este proyecto quedó interrumpido en el primer volumen. Foucault no publicó ningún libro más hasta el mismo año de su muerte, en que aparecieron los volúmenes 2 y 3 de Historia de la sexualidad. Pero en ellos se percibe una reformulación (algunos intérpretes piensan que radical) del modelo de análisis del poder y del sujeto propuesto en Vigilar y castigar: ahora el sujeto aparece definido a partir de su forma de subjetivación, a saber, por el tipo de relación y experiencia que el individuo establece consigo mismo, y a partir del modo en que logra o no estilizar la materialidad de su propia vida a partir de prácticas (que Foucault denominará técnicas de sí) que él mismo elige. La genealogía del sujeto de deseo retrasa en el tiempo su ámbito de estudio hasta la antigüedad griega y romana, y allí encuentra un tipo de subjetivación claramente diferente del modo de subjetivación moderna, definida por la objetivación de sí promovida por el dispositivo disciplinario.
¿Qué ha ocurrido aquí? ¿Se ha producido un cambio de paradigma en Foucault a la hora de analizar el poder y el sujeto? ¿O bien ha habido una reorientación de la mirada teórica sobre determinados aspectos del poder y el sujeto antes no considerados, pero en el marco de una continuidad teórica respecto al modelo de Vigilar y castigar? Para responder a esta cuestión los materiales de los cursos de Foucault constituyen una herramienta fundamental. Hasta ahora se han publicado en castellano los cursos correspondientes a los años 1973-1974 (El poder psiquiátrico), 1974-1975 (Los anormales), 1975-1976 (Defender la sociedad) y 1981-1982 (La hermenéutica del sujeto). Aún restan por publicarse los cursos de 1978-1979 (El nacimiento de la biopolítica; ya publicado en francés, aún falta su traducción al castellano), 1979-1980 (El gobierno de los vivos), 1980-1981 (Subjetividad y verdad) y 1982-1983 y 1983-1984 (Gobierno de sí y gobierno de los otros). En el año 1976-1977 Foucault no impartió ningún curso.
Es entre Defender la sociedad y Subjetividad y verdad donde hay que analizar el juego de continuidades y discontinuidades del planteamiento de Foucault. Defender la sociedad representa ya una determinada inflexión (en la cual participa en cierta medida también el primer volumen de Historia de la sexualidad) en el proyecto de análisis del poder del pensador francés, pues en ese curso el objeto de estudio no son sólo las disciplinas aplicadas sobre los individuos en el mundo moderno, constituyentes de las formas modernas de subjetividad, sino el tipo de técnicas de poder aplicadas también en la modernidad sobre las poblaciones, lo que Foucault va a denominar biopoder y biopolítica. Seguridad, territorio, población continuaría este proyecto, pero introduciendo novedades teóricas ciertamente relevantes. Vamos a hacer un recuento de las más significativas:
a) Se introduce la noción de gubernamentalidad como ese tipo de práctica estatal de poder que toma como objeto a la población. A continuación, ya en el curso siguiente, se ampliará el significado de esta noción para nombrar la manera en que una determinada institución o posición de poder dirige o conduce la conducta de los individuos. Esto permite abrir la cuestión del gobierno y del buen gobierno, así como el problema de la relación entre el gobierno de sí y el gobierno de los demás. Ésta es una cuestión que Foucault ve plantearse de manera aguda en el siglo xvi, en el marco de lo que considera un «retorno del estoicismo»: la cuestión de «cómo gobernarse a sí mismo» (p. 110). Naturalmente, esto va de la mano de una serie amplia de cuestiones: «¿Cómo gobernarse, cómo ser gobernado, cómo gobernar a los otros, por quién se debe aceptar ser gobernado, cómo hacer para ser el mejor gobernante posible?» (ibídem). Éste es sin duda uno de los problemas que marcan la transición de la atención teó­ri­ca de Foucault desde la biopolítica hacia la relación con uno mismo que va a definir la forma de sujeto en el planteamiento de sus últimas obras.
b) Es de reseñar, además, el hecho de que este curso de Foucault se propuso explícitamente como un ejercicio de método para comprobar la validez de los análisis microfísicos de las relaciones de poder para efectuar un «análisis global de la sociedad» (p. 17). En concreto, a partir de los análisis microscópicos Foucault pretende «alcanzar los problemas generales que son los del Estado» (p. 409). Nos encontramos, pues, con una reconsideración del alcance y pretensiones de la analítica del poder. Ya no cabe ser leída como una renuncia consciente a las cuestiones y problemas globales y la supuestamente metafísica noción de totalidad. Ahora se sostiene que «entre el nivel del micropoder y el nivel del macropoder, no hay nada parecido a un corte, y que cuando se habla de uno [no] se excluye hablar del otro. En realidad, un análisis en términos de micropoderes coincide sin dificultad alguna con el análisis de problemas como los del gobierno y el Estado» (ibídem). El análisis microfísico posibilita así efectuar «la genealogía del Estado moderno» (p. 405). Esta ampliación del alcance de la analítica microfísica del poder constituye, efectivamente, un paso adelante en relación con el modelo de análisis de Vigilar y castigar.
c) Otra novedad relevante de este curso es su reconstrucción histórica del modelo de poder pastoral cristiano. Anticipando la posterior ampliación histórica de la mirada genealógica hacia la Antigüedad, nos encontramos aquí con toda una historia del concepto de poder pastoral desde los griegos (en concreto, desde Homero) hasta el cristianismo, pasando por la tradición hebrea, reconstrucción histórica que realiza una larga y detenida escala en Platón. Significativamente, y como ocurrirá en el último período de la producción teórica de Foucault, en el contraste histórico entre la antigüedad griega y el cristianismo, este último va a aparecer como punto de partida del tipo de relaciones de poder y de identidad subjetiva que define problemáticamente nuestro presente, quedando la antigüedad griega en una posición aparentemente favorable, en tanto que liberada de las distorsiones introducidas por el paradigma cristiano. Esta apreciación aparentemente positiva de la Antigüedad, que al lector de los últimos escritos de Foucault le resulta tan llamativa, contradice, en cambio, uno de los pilares de esa herramienta teórica forjada por Nietzsche y asumida por Foucault en su trabajo de historiador: la genealogía. Pues el sentido de ésta, tal como el mismo Foucault lo formuló en un excelente trabajo de comienzos de los años setenta, es mostrar que en el origen histórico de lo que constituye las evidencias incuestionables y normativas para nuestro presente sólo podemos encontrar lo carente de significado, lo absurdo, o, peor, lo inmoral, lo problemático, la violencia desnuda. De ahí que la investigación genealógica ponga de manifiesto en el origen de nuestra identidad algo obsceno, algo incapaz de actuar como fundamento legitimador, como punto de apoyo firme o como parámetro normativo para nuestra identidad. Pero el modo en que la genealogía foucaultiana comienza a caracterizar aquí lo griego antiguo lo deja aparecer de una forma distinta, casi como un posible referente normativo para criticar al cristianismo posterior. Pero esto no es ya ge­nea­lo­gía. Tiene más que ver, en cambio, con la forma de historia monumental del primer Nietzsche (cuya influencia puede rastrearse en el concepto de tradición de Ser y tiempo de Heidegger), cuyo objetivo era presentar a los agentes sociales actuales una figura del pasado como paradigma normativo para su acción. El matiz conservador e incluso reaccionario de esta forma de historiografía nietzscheana ha salpicado también a los estudios históricos del último Foucault en las discusiones que ha generado entre los intérpretes de su obra tras su muerte.
d) Un importante hito en la transición hacia el tipo de conceptualización del sujeto del último Foucault lo constituye el concepto de «contraconducta», introducido por primera vez en este curso. Esta categoría es importante porque constituye una primera explicitación y concreción de la tesis anterior de Foucault, en el primer volumen de Historia de la sexualidad, que afirmaba que donde hay poder hay resistencia, con la que parecía contentarse para explicar la génesis de dinámicas de resistencia y oposición subjetivas a los dispositivos de poder imperantes. Tal tesis no constituía realmente ninguna explicación de la génesis de resistencias, pues se limitaba a postularla como correlato de los dispositivos de poder. Esto resultaba aún más problemático en tanto que en Vigilar y castigar el sujeto es concebido, como decíamos, como producto de determinadas relaciones de poder que se implementan sobre el individuo. Si ser sujeto es sólo esto, ¿cómo explicar los fenómenos de resistencia, oposición y protesta? La supuesta respuesta de Foucault a esta cuestión claramente no resolvía nada. Ahora, en este curso, Foucault parece esbozar una dirección de análisis a partir de la cual cabría iluminar el significado de sus últimos escritos. Las contraconductas son modos de comportamiento que adoptan la forma de una «lucha contra los procedimientos puestos en práctica para conducir a los otros» (p. 238). Convergería con el significado de la noción de «disidencia», en tanto que remitiría a «las formas de resistencia que conciernen, apuntan, tienen por objetivo y adversario un poder que se asigna la tarea de conducir, conducir a los hombres en su vida, en su existencia cotidiana» (p. 236). En este contexto habla Foucault incluso de «rebeliones de conducta» (pp. 225 y ss.). Tenemos aquí, en definitiva, una primera conceptuación de una cuestión de gran relevancia para comprender el sentido y dirección del posible desplazamiento teórico del último Foucault.
e) Por último, cabe destacar que todo el análisis histórico desplegado por Foucault en este curso pretende poner las bases para la realización de una ge­nea­lo­gía del (neo-)liberalismo. Esta investigación será continuada en el siguiente curso de Foucault, El nacimiento de la biopolítica, donde se realiza un análisis de lo que el autor francés denomina liberalismo alemán de los años 1948-1962 y del liberalismo estadounidense de la Escuela de Chicago. Es esta referencia problemática a la propia actualidad (el ascenso de un nuevo modelo de regulación política, denominado ya entonces como neoliberalismo) lo que impulsa la mirada del historiador a recorrer las primeras fases de la modernidad en busca del proceso de emergencia de la gubernamentalidad liberal, base de la gubernamentalidad moderna y contemporánea. En esta genealogía del liberalismo llama la atención lo que podría pensarse que es una convergencia de Foucault con los análisis de la sociedad moderna de la tradición hegeliano-marxista. Y es que, según Foucault, la nueva gubernamentalidad liberal se configura, desde el siglo xviii, a partir de la constatación por parte de los economistas de la época de «todo un dominio de procesos que hasta cierto punto pueden calificarse de naturales» (p. 399). Los economistas, sobre todo los fisiócratas, habrían afirmado que en el ámbito de las relaciones económicas «no sólo existe un curso determinado de las cosas que no se puede modificar, sino que al tratar de modificarlo no se hace más que agravarlo» (p. 394). De esta manera, en el seno de la sociedad moderna, recortada respecto a una naturaleza secularizada como el ámbito de lo convencional, lo artificial y lo no natural, reaparece una nueva naturalidad, «otra naturalidad» (p 400): este nuevo «dominio de naturalidad [...] es la economía» (p. 405). La experiencia y la justificación teórica de la economía capitalista como segunda naturaleza define para Foucault las tareas del modelo emergente de gubernamentalidad liberal: el objetivo del Gobierno ya no es reglamentar, pues, aparte de que no puede reglamentarse lo natural, intentarlo sólo resulta contraproducente. El Estado liberal asume, en consecuencia, una posición de respeto hacia esos procesos naturales económicos. Lo cual no significa que deba permanecer en una actitud de mera pasividad: deberá intervenir necesariamente para procurar y facilitar que se desenvuelva la autorregulación natural de los procesos económicos. La gubernamentalidad liberal tendrá así como objetivo el garantizar activamente que la segunda naturaleza consolidada quede libre de posibles intervenciones torpes, arbitrarias y ciegas que desvíen la necesidad de sus procesos naturales (p. 404). Obviamente, el sentido de esta genealogía dependerá de cómo se valore esta constatación –por parte de los economistas y gobernantes de la época moderna– de una nueva naturalidad, a saber, de ese devenir en segunda naturaleza la economía capitalista aquí referida. Y es que el tipo de diagnóstico epocal es muy distinto si tal emergencia de una segunda naturaleza se considera como un proceso que posee una problemática dimensión ideológica arraigada en la forma de apariencia social necesaria de la sociedad de mercado (como sostuvo, por ejemplo, Theodor W. Adorno), o como un decurso necesario e irreversible de las sociedades modernas que remite al hecho de que el mercado se erige en un modo de integración y de coordinación de la acción social funcional respecto de las exigencias sistémicas de reproducción material en las condiciones que caracterizan a las sociedades complejas altamente diferenciadas (como defiende Jürgen Habermas). Habrá que acudir al siguiente curso de Foucault, del cual anuncia Fondo de Cultura Económica la próxima publicación de su traducción castellana, y a otros materiales coetáneos para comprender más adecuadamente la relación del autor francés con el (neo-)liberalismo en este último período de su vida. 

01/05/2007

 
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