ARTÍCULO

Respuesta a Andrés Sánchez Pascual

por VV.AA.
Revista de Libros, núm. 143 (noviembre de 2008), pp. 57-58
 

En el escrito objeto de esta réplica, en el que Andrés Sánchez Pascual ofrece su valoración de la edición de los Fragmentos póstumos de Nietzsche, volúmenes I y IV, publicada por Tecnos, se formulan un conjunto de descalificaciones graves contra esta iniciativa llevada a cabo por el grupo de investigación formado por los abajo firmantes. Según él, sus traductores son «muy deficientes» en sus conocimientos del alemán, no saben a veces de lo que está hablando el autor cuando traducen, y son incompetentes y pésimos en sus notas. Por todo lo cual la edición es, «no sólo inútil para cualquier lectura o estudio de Nietzsche, sino nociva para toda investigación sobre él», mera «mercancía averiada», y sus promotores «han abusado de la buena fe de Tecnos». Ante la magnitud de acusaciones tan graves, nos hemos visto en la necesidad de contestar con este escrito a lo que nos parece, pura y llanamente, una injustificada e inexplicable agresión.

1. Correcciones discutibles. El grueso de las acusaciones de Sánchez Pascual, centradas particularmente en la traducción del volumen I, están destinadas a tratar de hacer ver hasta la saciedad que el traductor no sabe alemán, ni griego, ni sabe de qué habla Nietzsche en lo que traduce, ni es respetuoso con sus signos de puntuación. Veamos si ello es cierto comprobando sus ejemplos. En todo caso, es ya significativa la arrogancia de Sánchez Pascual cuando, al presentar sus ejemplos, afirma una y otra vez: «Dice Nietzsche», y a continuación da su traducción como si ésta fuera lo que verdaderamente dice Nietzsche, diferenciándola así de la «mercancía averiada» de nuestro traductor, Luis de Santiago. Como nosotros no nos consideramos, como él, la voz de Nietzsche resucitado, dejaremos hablar a Nietzsche en alemán, que era como él hablaba y escribía.
Primer grupo de acusaciones: En 1 [7], el texto dice: «Die Musik ist nicht in den Dialog und den Monolog zu drängen», y el traductor traduce: «La música no se ha de introducir violentamente en el diálogo». Según Sánchez Pascual, lo que Nietzsche dice es: «La música no penetró en el diálogo». Obviamente, la versión de Luis de Santiago es más acertada. En 2 [16], el texto dice: «abblasend» (hablando de los juicios), y el traductor traduce: «juicios purgantes». Tal vez sería mejor opción «disolventes» pero, en todo caso, la elección del traductor sería más adecuada que la de Sánchez Pascual, que propone «empalidecedores». En el mismo fragmento, el texto dice: «für unser als der Spätergeborenen Urtheil», y el traductor traduce: «Para el juicio que podamos hacernos más tarde». La traducción de Sánchez Pascual («Para el juicio de nosotros que somos unos epígonos») es insostenible, pues «Spätergeborenen» no puede traducirse por «epígonos», al tratarse del juicio que nosotros, por cuanto llegamos más tarde, podemos hacernos. En 3 [5], el texto dice: «Der Selbstmord ist philosophisch nicht zu wiederlegen», y el traductor traduce: «El suicidio no se ha de refutar filosóficamente». Según Sánchez Pascual, quiere decir «Filosóficamente el suicidio no es refutable». También aquí la traducción de Luis de Santiago es más rigurosa y literal. En 3 [18], el texto dice «Nur soweit die Gefühle und Gedanken übersetzt werden können», que el traductor traduce: «Sólo en la medida en que los sentimientos y los pensamientos pueden ser traducidos». Sánchez Pascual, no sabemos con qué criterio, traduce: «Sólo en la medida en que los sentimientos pueden ser traducidos a pensamientos». Esto es una seria metedura de pata por su parte. En 4 [1], el texto dice: «Preussenbegräbniss mit Schwarzrothgold», y el traductor traduce: «Entierro de los prusianos en negro, rojo y oro». La acusación de no haber dicho que los (soldados) prusianos fueron enterrados (envueltos) en (la bandera) negro-rojo-oro es una minuciosidad, pero no una mala traducción en absoluto, pues lo que hace es respetar la prosa entrecortada del original para que el buen lector supla lo que ese estilo taquigráfico, privado y elíptico quiere decir. En cualquier caso, el traductor es libre de tomar esa opción, no hay por qué recriminarle su escrupulosidad y literalidad. En 7 [87], el texto dice: «Wenn die Kinder greise Köpfe haben», y el traductor traduce: «Cuando los niños tienen mentes de anciano». Esta es una cita de Hesíodo que el traductor traduce según la expresión alemana que le da Nietzsche, que es lo que hay que traducir, mientras que Sánchez Pascual parece remitirse a una traducción personal suya del original griego. En 19 [4], el texto dice: «ich habe dir manches schwarze Schaf geopfert – worüber sich die andren Schafe beschweren», y el traductor traduce: «te he sacrificado muchas ovejas negras – de qué se quejan las otras ovejas». Esta es una opción, aunque tal vez sería mejor «de lo que se quejan las otras ovejas». En 32 [29], el texto dice: «Wagner is für einen Deutschen zu unbescheiden», y el traductor traduce correctamente: «Para un alemán Wagner es demasiado inmodesto». En 3 [82], el texto dice: «der todte Zeus», y el traductor traduce: «El Zeus muerto». En 4 [5], el texto dice: «bis Luneville tief in der Nacht», y el traductor traduce: «hasta Luneville noche profunda». De nuevo estamos ante un relato con palabras cortas que el traductor traduce literalmente, por lo que Sánchez Pascual no tiene razón en su crítica. En 4 [5], el texto dice: «Niedergeschlagene Leute: gestern eine Million, heute an 100.000 verloren», y el traductor traduce: «Gente abatida: ayer un millón, hoy sobre 100.000 bajas». Sánchez Pascual interpreta las cifras como «marcos». Esa moneda no existía entonces y el término «ayer» tiene el significado, no sólo de «el día anterior», sino también de «en el pasado».

2. Mentiras con mala fe. A partir del segundo grupo de acusaciones, todas las pretendidas demostraciones de errores de Luis de Santiago con el alemán, el griego, los signos de puntuación, etc., están realizadas a partir de una manipulación del texto original, por increíble que esto parezca, pero que cualquiera puede comprobar si se toma la molestia de verificarlo. Así, en la Kritische Studien Ausgabe, que es en la edición en la que se basa la traducción de Luis de Santiago, en 1 [30] el texto dice: «Bauernspruch», y el traductor traduce correctamente: «dicho campesino». En 2 [6], el texto dice: «im ersten Griechland», y el traductor traduce correctamente: «en la Grecia primitiva». En 2 [16], el texto dice: «Täuschung», y el traductor traduce correctamente: «engaño». En 3 [38], el texto dice: «Worte», y el traductor traduce correctamente «palabras». En 3 [61], el texto dice: «verstimmen», y el traductor traduce correctamente «falseadas». En 5 [12], el texto dice: «Tacte», y el traductor traduce correctamente «cadencia». En 5 [107], el texto dice: «Welt», y el traductor traduce correctamente «mundo». En 7 [116], el texto dice: «Realität», y el traductor traduce correctamente «realidad». En 7 [127], el texto dice: «Musiker», y el traductor traduce correctamente «músico». En 7 [127], el texto dice: «ausbreitenden», y el traductor traduce correctamente «progresiva». En 8 [99], el texto dice: «edelsten Gedanken», y el traductor traduce correctamente «ideas nobilísimas». En 9 [42], el texto dice: «Selbstbetrachtung», y el traductor traduce correctamente «Comprensión de sí mismo». En 9 [53], el texto dice: «Natur», y el traductor traduce correctamente «Naturaleza», etc., etc. Lo mismo sucede con todos los ejemplos en los que se acusa al traductor de errores en la traducción de las palabras griegas y en los signos de puntuación, y que no seguimos exponiendo aquí por falta de espacio.
Para acusar a alguien de no saber alemán, ni griego, etc., lo elemental es enjuiciar si su traducción se corresponde mejor o peor con el texto que ese alguien ha traducido. Lo que ha hecho Sánchez Pascual ha sido un montaje –como vamos a explicar–, trastocando el texto que ha servido de base a la traducción de Luis de Santiago para sentenciar, seguidamente, que éste no sabe alemán, ni griego, etc., porque su traducción no se corresponde, lógicamente, con el texto modificado que él ha manipulado.

3. La sucia estratagema inconfesada. Pero entonces, se preguntará el lector, ¿es que Sánchez Pascual se ha vuelto loco? De entrada, su aparente y teatral desmantelamiento de la traducción trata de causar la impresión de que es fruto de un estudio filológicamente exhaustivo y minucioso de las casi mil cuatrocientas páginas de la traducción, cotejándolas de punta a punta con el original alemán. Pero eso supone un arduo y enorme trabajo de mucho tiempo y una buena dosis de honestidad intelectual. Para ahorrarse lo primero, y por carecer de lo segundo, nuestro inquisidor ha encontrado un atajo tan insidioso como pueril para formular sus críticas.
Los volúmenes complementarios a la edición Colli-Montinari en la que se basa nuestra edición, esto es, los Nachberichte que vienen publicándose periódicamente desde los años setenta, señalan errores existentes en la edición alemana cometidos por Colli y Montinari al leer los manuscritos de Nietzsche y fijar el texto de su edición. La corrección de estos errores ha ido incorporándose paulatinamente al texto de la edición alemana a medida que han ido descubriéndose y a medida que han ido sucediéndose sus reediciones. La estratagema de Sánchez Pascual ha consistido en tomar la lista de errores que todavía, a día de hoy, no han sido incorporados al texto de la última edición de la Kritische Studien Ausgabe en el que nosotros nos hemos basado (muchos de ellos señalados, además, en volúmenes de los Nachberichte que han aparecido con posterioridad a la fecha en que nuestra traducción entró en la imprenta), para ir señalando cómo, en efecto, nuestro traductor no da la traducción de esas correcciones.
Por ejemplo, en 32 [29] Sánchez Pascual suplanta el texto que dice «Para un alemán…» por «Para el alemán…», con lo cual, lo que es una traducción literal impecable, se presenta como un contrasentido aberrante. Suplantando así el texto en el que se basa la traducción sin decirlo, se permite ridiculizar la traducción de «Bannspruch» por «anatema» en 1 [30], de «die echten Griechen» por «los griegos primitivos» en 2 [5], en vez de por «los griegos auténticos», de «Rausche» por «engaño» en vez de por «embriaguez» en 2 [16], etc.
Esta crítica, que sería legítima y a la que ya nosotros nos habíamos anticipado en las introducciones a los volúmenes I y IV indicando el carácter de work in progress de toda edición crítica, se convierte, en cambio, en las manos de Sánchez Pascual en una artimaña sucia por esta forma en que la utiliza y por los objetivos que parece perseguir con ella. Si el sentido de su escrito hubiese sido hacer una reseña crítica de nuestra edición, lo lógico y normal es que hubiese explicado esto y nos hubiese criticado no haber incorporado las correcciones que él señala (muchas de las cuales, como queda dicho, se advierten en fuentes que no podíamos consultar). Pero lo ha ocultado completamente, de lo que se deriva que su intención era otra, a saber, utilizar esto para desprestigiar nuestra edición y, sobre todo, para desacreditar e injuriar a Luis de Santiago. Porque entonces le parece posible acusarle, en el colmo de la mala fe, de no saber alemán ni griego ni francés, y de no entender de qué habla Nietzsche porque su traducción no se corresponde con un texto manipulado que no es el que él está realmente traduciendo.

4. Edición crítica. Pero incluso si Sánchez Pascual hubiese jugado limpiamente y nos hubiese formulado esa crítica, el absolutismo enfático con el que alude a un supuesto texto «definitivamente establecido» para tratar de desprestigiar nuestra edición por no haberse atenido a él, es algo muy fácil de refutar, pues sólo es la consecuencia de un desconocimiento grave de lo que hoy debe entenderse que es una edición crítica.
Sánchez Pascual nos acusa de que nosotros hacemos una tergiversación interesada de este concepto de «edición crítica» al aplicárselo a nuestra traducción. Desde luego, la nuestra no es una edición crítica en el sentido de tratar de fijar el texto alemán original de Nietzsche, obviamente. Pero sí que maneja un aparato crítico de notas –que indignamente él ignora y trata de ridiculizar–, y recoge y se remite a unos resultados de investigación que son los de una edición crítica. Cuando nosotros decimos que toda edición crítica debe entenderse como work in progress, lo que decimos es que en ningún momento su texto puede pretender tener un carácter «definitivamente establecido». Desde que existe la edición alemana de Colli-Montinari, su texto ha ido viéndose modificado como consecuencia de la incorporación de correcciones y como efecto del trabajo continuo que sobre ella se realiza. De no comprenderla así, sino en los términos simplistas y totalitarios de «texto definitivamente establecido» (un síntoma, por cierto, de haber entendido muy poco el pensamiento de Nietzsche y el sentido de su crítica a la noción de «texto en sí»), cada vez que se descubre una errata habría que quemar todas las ediciones anteriores y considerarlas nocivas e inútiles para la investigación. Por lo que también habría que quemar todos los estudios e investigaciones que se han basado en esas versiones anteriores. Lo cual es evidentemente absurdo y completamente delirante.
En el caso de los Fragmentos póstumos, este trabajo de corrección y correcciones a las correcciones ya hechas, no acabará, de hecho, nunca, al tratarse de apuntes privados con muchas abreviaturas difíciles de descifrar, palabras ilegibles, frases entrecortadas, interrupciones, etc., es decir, de una escritura que Nietzsche nunca elaboró ni redactó para la imprenta. Por eso nosotros optamos, como se dice en la introducción general (volumen I), por atenernos al texto alemán actualmente existente, al tiempo que expresamos nuestro deseo de publicar un volumen final complementario en el que se recogerá todo este trabajo de los Nachberichte, las variantes, las concordancias con la obra publicada, etc.
En fin, al parecer sólo Sánchez Pascual conoce el texto de Nietzsche «definitivamente establecido», y respecto del cual el texto de la propia edición Colli-Montinari actualmente existente es un «texto corrupto», la traducción francesa de Gallimard y la italiana de Adelphi son «erróneas» y «están viciadas», y la de Luis de Santiago es moneda falsa y «mercancía averiada». Todas son «inútiles» y «nocivas para la investigación», y «hay que rehacerlas de nuevo de cabo a rabo».

5. El gesto. Termina Sánchez Pascual su escrito con gesto de pistolero del far west que, tras coser a balazos a su víctima, se vuelve al público y dice: «Había olvidado decir el nombre del traductor: se llama Luis de Santiago y es profesor de Filosofía en la Universidad de Málaga».
En efecto, sí, Luis de Santiago es profesor de Filosofía, pero es también otras muchas cosas más. Ha publicado varios libros, traducciones anotadas y muchísimos artículos sobre el pensamiento y la obra de Nietzsche, entre ellos una magnífica monografía de más de setecientas páginas en la que estudia en profundidad justamente al Nietzsche del período correspondiente a su traducción del volumen I de los Fragmentos póstumos. Ha organizado varios congresos internacionales y es director de la Revista Estudios Nietzsche, que cumple todos los requisitos de calidad exigidos hoy para figurar en las bases internacionales de referencia científica. Y, como garantía de su competencia con el alemán, además de experto en Nietzsche y doctor en Filosofía, es licenciado en Filología Germánica por la Universidad de Salamanca.
Lo mismo cabe decir de los responsables del volumen IV, Juan Luis Vermal y Joan B. Llinares, públicamente reconocidos como dos de los mejores traductores existentes hoy en nuestro país. Ambos cuentan, no sólo con numerosas ediciones y traducciones críticas de Nietzsche, Heidegger, Hegel, Hugo von Hofmannsthal, Joseph Roth, Wagner, Jünger, Kant, etc., consideradas excelentes, sino con monografías y multitud de artículos que analizan y valoran el pensamiento de esos autores a los que editan y, muy especialmente, a Nietzsche.
Comparado con ellos, Sánchez Pascual no ha demostrado hasta ahora tener un conocimiento especializado y actualizado del pensamiento de Nietzsche, pues no sólo no tiene ni un libro, sino ni un solo artículo que merezca reseñarse de análisis y estudio de la filosofía de Nietzsche, de sus influencias en la filosofía contemporánea, del contexto histórico e intelectual de su configuración, etc. Sólo tiene las traducciones, realizadas hace ya casi cuarenta años, y que desde entonces no ha corregido ni revisado debidamente. Siguen conteniendo graves errores que confunden y perjudican la investigación. Nosotros hemos detectado, a partir de nuestro estudio en profundidad de ellas, numerosas confusiones, erratas, omisiones, alteraciones del texto original, etc., que no vamos a airear aquí, pero que estamos en disposición de demostrar en cualquier momento y sin hacer trampas. Sin embargo, a pesar de ello, ninguno de nosotros le hemos dicho –y menos con la publicidad de un artículo en el periódico– que sus traducciones carezcan de todo valor, ni que sea preciso rehacerlas de nuevo «de cabo a rabo».

6. La penosa autodestrucción de un mito. Mas si, como parece ser el mensaje último de su escrito, Sánchez Pascual considera que únicamente él es capaz de realizar una edición crítica, útil y fiel de los Fragmentos póstumos de Nietzsche –y no sólo porque crea que nadie más que él sabe cuál es el «texto alemán definitivamente establecido», o porque nadie más que él es un filólogo refinado y científico, sino, sobre todo, porque él es la voz de Nietzsche resucitado–, ¿por qué no la ha hecho? Hemos estado esperándola durante muchos años, haciendo caso de sus repetidos anuncios, verbales y por escrito, de que tenía todos los fragmentos traducidos y de que su publicación comenzaría de inmediato. Pero era mentira. Y esto sí que es abusar de la buena fe, no de una editorial, sino de mucha gente que esperábamos año tras año disponer, para nosotros y nuestros alumnos, de esta obra en español. Y ahora que, por fin, un grupo de especialistas ha emprendido este arduo y costoso trabajo, el autoconstituido en propietario de Nietzsche aparece con su revólver para acribillarnos por meternos como ladrones en lo que considera que es de su propiedad.
¿Por qué ha hecho esto Sánchez Pascual con sus hasta ahora amigos? ¿Por qué ha tratado de este modo a quienes no hemos escatimado muestras de afecto y reconocimiento como las que constan, sin ir más lejos, en los dos volúmenes que él ha querido triturar (vol. I, pp. 26, 27 y 55; vol. IV, pp. 21, 32 y 33)? Respóndase cada lector como mejor le parezca; seguro que acierta. Nuestro grupo de trabajo no ha tenido más que gestos de deferencia y reconocimiento bien explícitos para con Andrés Sánchez Pascual. Nuestra Revista Estudios Nietzsche lo ha tenido como miembro de su consejo de dirección desde su fundación en 2000. Es socio honorario de nuestra sociedad SEDEN. Y le hemos hecho continuos ofrecimientos para que se integre en nuestro grupo y trabaje con nosotros. Todos los ha rechazado. Todo parece indicar que ha optado, en cambio, por convertirse, al final de su carrera, en una penosa caricatura de sí mismo que pregona su odio y su resentimiento a gritos por todas partes y sin el más mínimo pudor.
Sánchez Pascual anuncia en su escrito que prepara nuevos ataques «más detallados» contra nuestra edición. Desde aquí le adelantamos que no nos asustan sus amenazas y que quedamos, con profunda tristeza, a la espera de más muestras de su rencor. Sólo le aconsejamos que, para no volverse a poner en un ridículo tan lamentable como el que ha hecho, sea un poco más honesto en sus críticas, demuestre mejor sus autoatribuidas cualidades de pulcro filólogo, y, sobre todo, que utilice el tono y las formas que corresponden al trato entre personas educadas, sin faltar al respeto de ese modo.

7. Conclusión. El resumen es bien fácil de hacer: nuestra edición es crítica, útil, necesaria, beneficiosa para la investigación sobre Nietzsche, y no hace falta rehacerla de cabo a rabo. Prueba de ello es la magnífica acogida que se le ha dispensado, tanto en España como en Hispanoamérica, y que ha desbordado con mucho todas nuestras previsiones. Como ya advertimos en nuestras introducciones a los volúmenes I y IV, en sus sucesivas reediciones irán incorporándose las correcciones que vayan produciéndose en el original alemán, sin que por ello su texto actualmente traducido resulte ni inútil, ni nocivo, etc.
Nos apena profundamente este inexplicable comportamiento de Andrés Sánchez Pascual y nos ha producido una gran consternación, no sólo por el desprecio que ha mostrado hacia nuestro trabajo de tantos años, sino, sobre todo, por las gravísimas injurias que tan sucia e injustificadamente ha vertido sobre Luis de Santiago. Acciones como ésta causan siempre, y aunque se responda con razones, un profundo daño moral e intelectual irreparable.

Firman: Luis de Santiago (Profesor Titular, Universidad de Málaga), Juan Luis Vermal (Profesor Titular, Universidad de las Islas Baleares), Joan B. Llinares (Profesor Titular, Universidad de Valencia), Diego Sánchez Meca (Catedrático, UNED), Manuel Barrios (Profesor Titular, Universidad de Sevilla), Jesús Conill (Catedrático, Universidad de Valencia), Jaime Aspiunza (Profesor Asociado, Universidad del País Vasco) y Marco Parmeggiani (Profesor Titular, Universidad de Málaga).

01/01/2009

 
COMENTARIOS

Ana Maria Ruiz 07/10/14 06:06
Nadie ha sabido traducir mejor a Nietzsche que Andres Sanchez Pascual. Todos los libros de Nietzsche cobran vida y dejan de ser mal interpretados y tergiversados por la malevola intencion de traductores que son enemigos de su pensamiento

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