ARTÍCULO

Relatos sobre la falta de distancia

Anagrama, Barcelona, 1997
176 págs.
 

En 1977 Álvaro Pombo obtiene el premio de poesía El Bardo con Variaciones, publica su primer libro en prosa, Relatos sobre la falta de sustancia, y decide regresar a España tras nueve años de residencia en Londres. En cuatro lustros ha construido un universo narrativo único en nuestra lengua, a un mismo tiempo familiar y desconcertante, reiterativo en su temática y en las implicaciones de su temática: la sustancia y la falta de sustancia, las relaciones de familias chapadas a la antigua y refugiadas en un mundo cerrado que se ven amenazadas de pronto por la realidad exterior, los sentimientos religiosos, la represión o liberación homosexual, un Santander intensamente lírico, un Madrid chatamente recorrido, un Londres mágico en la luz otoñal, espacios de soledades y sórdidos conflictos donde lo único que es posible son las variaciones de la realidad y, por lo tanto, la imposibilidad de verdaderas modificaciones.

En la imposibilidad de alterar la naturaleza humana se encuentra la dramática unidad de la obra pombiana, donde lo único que es posible son las variaciones de la realidad con toda su riqueza de registros: el lenguaje espiritual, el filosófico, el lírico, la verbalización y las peculiaridades léxicas son los encargados de poner en movimiento un universo narrativo inicialmente inmóvil de seres sosos, timoratos encerrados en su pasado y brevemente agitados por un ramalazo de anonadamiento. A ello se añade, como escribe Pombo en su primer libro de poemas, Protocolos, (1973), «una formalización irónica de la realidad y una transfiguración de la melancolía en la distancia».

De la intensidad, riqueza y fluidez de las variaciones surge la dinámica narrativa. Si las variaciones se inmovilizan o adelgazan, también el relato se inmoviliza y resulta árido. Algo de esto ocurrió con El parecido, para mí la novela menos atractiva de Pombo por lo que tenía de descarnada.

El cuento con el que se abre la colección, Cuentos reciclados, «Avatar con peripecia de la reaparecida pitillera de Su Alteza Real la Archiduquesa Olga Alejandrovna», publicado previamente en la revista mexicana Vuelta, es un ejemplo perfecto de las más notables virtudes de Pombo y de su capacidad de correr todos los riesgos y sortear todos los peligros. Es un relato nuevo, en el sentido de que el personaje parece sacado más de un cuento de Djuna Barnes que de la galería de personajes pombianos. El personaje o los personajes, porque la misma presencia tiene Odile, la narradora, que la ausente Archiduquesa Olga Alejandrovna y, por supuesto, la también ausente pitillera, porque «los objetos de uso personal cobran individualidad de un modo extraño». Personalización e impersonalización, crueldad y compasión como vimos en «Luzmila» de Relatos sobre la falta desustancia, uno de los mejores cuentos de Pombo, pero también la fusión de parodia e ironía en el mundo extravagante que vemos a partir del Aparición del eternofemenino.

Si las variaciones surgen aquí es porque pese a permanecer en el universo pombiano estamos en un espacio geográfico e histórico muy distinto. En otros relatos se llega a límites sorprendentes, como en «Otra acción de paz», que se apoya simplemente en una frase y en un hálito franciscano (Pombo es el autor de una Vida de san Francisco de Asís), un cuento que, con su tono de relato medieval italiano, es demasiado aéreo para tener un final tradicional y rotundo. La misma extrañeza percibimos en «Los aventados», relato en el que se confunden también aéreamente, livianamente, infancia y vejez, soledad y compañía, la necesidad de jugar y de contar. Si en «Los aventados» es el viento que nos arrastra peligrosamente a una azotea (el peligro irónico de la aventura, la evocación y el relato), en «Solárium» es el sol que desnuda cuerpos y pensamientos, monólogo extravagante desarrollado en torno a una serie de digresiones que van revelando la necesidad hedonista de recuperar el cuerpo y la palabra.

Los cuentos más largos son, en general, los más conceptuales, en los personajes hay fatiga, falta de inocencia y cierta aburrida, solemne inverosimilitud, el desarrollo resulta rígido y apenas sí hay variaciones. La respuesta a estas objeciones puede encontrarse en todo caso en otro de los originales relatos breves, «Laki Luki», verdadera metáfora del acto creador: «Cuando salté la sexta vez hice lo mismo que las otras / fíjate bien, chaval, lo mismo / y cuando midieron había batido ya la marca mundial». La sexta vez es, por supuesto, el sexto libro de Álvaro Pombo, Elmetro de platino iridiado. Pero, por un lado, «si todo lo que he dicho, todo lo que acabo de decir, fuera todo, no tendría nada más que decir». Y, por el otro, como lo prueban los mejores textos de Cuentos reciclados, «si lo esencial puede medirse / y puede / para eso están las marcas / lo esencial se cuenta por milímetros». Por su misma esencialidad, la distancia entre los distintos textos de Pombo será de milímetros, pero siempre a millas de distancia del pelotón.

01/12/1997

 
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