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Con la colaboración del colegio libre de eméritos
15 mayo | 15 junio
Revista de Libros
Fundación Caja Madrid
artículo

¿Quién fue Calvino?

MARTA GARCÍA ALONSO

Calvino
Trad. de Ignacio Hierro Ariel, Barcelona 400 págs. 21,15 €
DENIS CROUZET
Calvino: la fuerza y la fragilidad
Trad. de Teresa Garín Editorial Complutense, Madrid 420 págs. 19,23 €
BERNARD COTTRET
Institución de la religión cristiana
Trad. de Cipriano de Valera Visor Libros, Madrid 2 vols. 40 €
JEAN CALVIN
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¿Quién fue Calvino? Probablemente el lector español tenga pocas respuestas. «Un pastor protestante que ejerció su actividad en la ciudad de Ginebra allá por el siglo XVI », podría ser una. Algunos recordarán que participó en la condena de nuestro paisano Servet, y en esa medida se unirá a su nombre el calificativo de intolerante. Teológicamente, su principal inquietud fue la doctrina de la doble predestinación –añadirán algunos, que se delatarán como probables lectores de Max Weber–. Cabe sospechar que esto será todo, y si es así, probablemente muchos agradezcan que se hayan traducido dos biografías recientes sobre nuestro personaje a cargo de sendos especialistas franceses, junto con una nueva edición de su obra magna, la Institución de la religión cristiana . Hasta ahora, el único relato sobre la vida de Calvino que cabía encontrar regularmente era el trabajo divulgativo de Joan Gomis (Calvino: una vida por la reforma , 1993), mientras que su Institución circulaba en una edición tan meritoria como de difícil acceso en librerías, la promovida desde Holanda por la Fundación Editorial de Literatura Reformada. Se trata, por tanto, de publicaciones muy oportunas, pero quizá convenga algún aviso sobre cuál sea el Calvino que nos dan a conocer. Calvino, en efecto, supo multiplicarse. Humanista (y jurista) por la educación recibida en su Francia natal, sus intervenciones públicas tras abandonar súbitamente el catolicismo pronto le costaron la persecución. En su deambular entre Francia y Suiza compondría su Institución, cuya primera edición se publica en Basilea en 1536 como breve opúsculo. La Institución sería a partir de entonces work in progress : los seis capítulos de la edición inicial se transformarían en ochenta en la cuarta (y última) edición de 1559. En esas dos décadas, el estudiante perseguido que inició su redacción se convertiría en jefe de la Iglesia reformada de Ginebra, y las vicisitudes que allí vivió determinaron inflexiones sustantivas en su teología. En un tiempo en el que religión y política eran, a menudo, indistinguibles, Ginebra se convierte en república independiente al mismo tiempo que se libera de la tutela episcopal católica. La intervención de Calvino consolidó su autonomía religiosa no sólo frente a la Iglesia romana, sino también frente a los luteranos de Berna. No obstante, para las nuevas autoridades ginebrinas las exigencias de Calvino para su recién fundada Iglesia tampoco resultaron siempre fáciles de aceptar: el conflicto sobre el control de la excomunión se extendió durante veinte años, por ejemplo. Sólo las masas de refugiados franceses que llegaron a la ciudad en busca de asilo religioso darían la victoria a Calvino sobre la vieja burguesía ginebrina. Desde este punto de vista, cabe comprender que la de Calvino fuese una teología política, y no ya sólo por cuál haya sido su gestación. Calvino inicia desde Ginebra la difusión de su credo con un éxito que retrospectivamente sólo cabe calificar de extraordinario: tres años después de su inauguración, la Academia ginebrina contaba entre sus estudiantes con nombres como Gaspard Olevianus, uno de los autores del catecismo de Heidelberg; Florent Chrestien, preceptor de Enrique IV; Thomas Bodley, el futuro fundador de la biblioteca que lleva su nombre en Oxford; John Knox, futuro reformador escocés, etc. Aquí comienza la multiplicación del calvinismo: así como la doctrina de Calvino evolucionaba a la vista de las circunstancias que le tocó vivir en Ginebra, seguiría luego desarrollándose tras su muerte a medida que proliferaron las Iglesias que encontraron en ella su inspiración. Que Max Weber encontrase la singular inspiración que le llevó a redactar La ética protestante y el espíritu del capitalismo en el credo que profesaron los calvinistas estadounidenses prueba que su aliento político sobrevivió más de trescientos años a Calvino.

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