ARTÍCULO

El Sena de Ríos

Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, Barcelona
366 pp. 22 €
 

Apenas estaban empezando a marchitarse los miles de ramos de flores delante del palacio londinense de la difunta princesa Diana, y comenzaba ya a correr la especulación acerca de quiénes pudieran haber provocado la muerte de la llamada «princesa de los corazones». Según las versiones, la familia real británica, los servicios secretos de Francia, e incluso el Mossad israelí, podrían haber sido los responsables.
El título de esta nueva novela de Julián Ríos nos remite al puente sobre el Sena que nace a la salida del túnel donde la princesa murió de manera tan espantosa. En una pequeña plaza al lado del puente, cientos de turistas, curiosos u obsesionados con Diana se congregan diariamente para ofrecer sus propios homenajes florales o simplemente para tomarse una foto al lado de la «llama dorada», que es no sólo una réplica de la antorcha de la estatua de la Libertad, sino también un recuerdo de la princesa de llameante cabello.
El narrador del libro de Ríos –o uno de ellos– ocupa un piso frente a esta plazoleta. Desde su atalaya, observa a los turistas y fanáticos de la princesa de Gales buscando frenéticamente establecer un contacto de ultratumba con uno de los iconos más poderosos de finales del siglo XX. Algunos de ellos cuentan la historia de su obsesión: entre éstos, un paparazzo que siempre había fallado en sus intentos por captar el romance entre la princesa y Dodi Al Fayed, el hijo del tendero; Bonzo, un budista danés convencido de que no fue casualidad que precisamente el día en que murió el escritor francés Louis-Ferdinand Céline hubiera nacido la princesa de Gales, y el Sumo Sacerdote del culto a la Luminosa.
El narrador del libro tiene también su vínculo con la difunta. Al parecer, la semilla del libro habría sido una visión fugaz que tuvo de la princesa en Londres en los años ochenta. Ella salía de un exclusivo club de tenis en el suroeste de la capital británica (hasta aprendimos que una vez había jugado un partido de dobles contra la tenista alemana Steffi Graf, y perdió) cuando se cruzó momentáneamente con él en un semáforo.
Y, sin embargo, Puente de Alma no es una novela centrada en la muerte de la princesa ni en las posibles conspiraciones que la habrían provocado. Su muerte no es más que el punto de partida para un conjunto de historias basadas en el río Sena y los suicidios, accidentes e incidentes que ocurrieron a sus orillas en los últimos doscientos años.
En casi todos sus libros, desde Larva (1983) hasta Monstruario (1999) –donde aparecen por primera vez algunos de los personajes que surgen de nuevo en este libro–, Ríos descarta la narrativa lineal. Para él, la novela debe liberarse del «discurso decimonónico que es el canónico para tantos fabricantes emprendedores del siglo XXI». Su objetivo, al escribir obras de ficción, es más generoso y cautivador. Tal y como nos dice en Puente de Alma, «el arte es otra vida, en otro mundo» y la tarea del artista consiste en crear ese mundo paralelo a la realidad.
En este sentido, la muerte de la princesa Diana no es más que la parte visible de la novela. Los ocho capítulos del libro constituyen ocho novelas distintas, donde personajes e historias van relevándose de manera caleidoscópica. Uno de estos personajes –una pintora que intenta suicidarse pero es rescatada– sostiene que un cuadro «es como un iceberg, esconde más que lo que muestra, y lo oculto sostiene y da fuerza a lo visible», palabras que Julián Ríos hace suyas en referencia a la literatura.
En lugar de la narrativa «realista», Ríos ofrece al atento lector un lenguaje juguetón, que aletea como la mariposa que «volaba libre a dimensiones invisibles mediante invisibles ráfagas. Y la mariposa en volandas se volatilizó, fue a fundirse en el crisol del dorado esplendor». La belleza y precisión de muchas frases, además del manejo del ritmo de los relatos, constituyen una prueba más del dominio que ejerce Ríos sobre su material.
Si bien el ancestro lejano de este tipo de relato-excursión es el autor angloirlandés Laurence Sterne y su Vida y opiniones de Tristram Shandy, otro alma gemela podría ser W. G. Sebald, el escritor alemán que vivió muchos años en Inglaterra y que frecuentemente –como en Los anillos de Saturno, por ejemplo– escribe la novela como una larga caminata por la campiña inglesa, con todos los pensamientos, reflexiones y divagaciones que se le van ocurriendo en el camino. Ríos comparte también con Sebald el uso de signos gráficos y fotografías para dar otra dimensión a su texto. En la página 197 de Puente de Alma hay un daguerrotipo del año 1838 o 1839, en los albores de la era fotográfica. Lo que muestra es un bulevar parisiense totalmente desprovisto de vehículos o personas, aparte de un monsieur elegante a quien dedica tanto tiempo un limpiabotas para sacar brillo a sus zapatos que los dos quedan fijados para siempre, mientras que todo lo que se movía a su alrededor «se desvaneció sin dejar rastro». Este «palote, h, minúsculo, de hombrecillo, u homúnculo» perdura, mientras que todo lo que se dispara a gran velocidad –todo lo que no es parte de la otra realidad que es el arte– se desvanece como la princesa Diana en su carro de muerte.

 

01/09/2009

 
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