ARTÍCULO

Miseria del regeneracionismo

 

Sin que se pueda hablar –todavía– de moda historiográfica, no cabe duda de que el estudio de la Restauración ha merecido en los últimos tiempos una atención preferente por parte de los historiadores, motivada principalmente por el reciente centenario de la muerte de Cánovas (1897) y del Desastre del 98. Razones de oportunidad política han llevado asimismo a revisar exhaustivamente –a veces de una forma demasiado complaciente-el período constitucional más prolongado de la Historia de España. El hecho es que esta oleada historiográfica nos ha dejado, como era de esperar, un poco de todo: un puñado de libros magníficos, como los de Rafael Núñez (Talcomo éramos, Planeta), Mercedes Cabrera (dir.) (Con luz y taquígrafos, Taurus), Javier Moreno (Romanones, Alianza) y Juan Pan-Mantojo (coord.) (Más se perdió en Cuba, Alianza), y unos cuantos francamente prescindibles. El que acaba de publicar J. C. Sánchez Illán, que fue tesis doctoral del autor, ocupará, sin duda, un digno lugar en esa revisión del régimen canovista que, desde diversos ángulos, se ha abordado en los últimos años.

El libro plantea una cuestión de la mayor importancia para entender el funcionamiento práctico de la Restauración: las relaciones entre la prensa y la política en una época en que la primera sustituye a menudo a una voluntad popular secuestrada por la peculiar concepción que el canovismo tenía del régimen parlamentario. El hilo conductor de esta historia es la biografía del periodista y político Rafael Gasset, director y propietario del periódico madrileño El Imparcial –fundado por su padre en 1867–, el de mayor circulación en España, con sus cien mil ejemplares diarios, entre finales del siglo XIX y principios del XX . En realidad, lo que nos muestra el autor, muchas veces con documentación de primera mano, es el tira y afloja que se establece entre dos instancias de poder que basculaban entre la hostilidad y la connivencia. No se piense, por tanto, que la prensa española de la época actúa como un contrapoder independiente de las instituciones y los partidos. Así como muchos políticos de la Restauración pretendieron influir en la opinión pública comprando o financiando periódicos, fueron numerosos los periodistas que hicieron carrera política gracias a la influencia y al poder que les brindaba su profesión. En este sistema de vasos comunicantes que presidía la relación entre política y periodismo destacó especialmente la figura de Rafael Gasset, cuya larga trayectoria como diputado –lo fue en dieciséis legislaturas– y ministro –dos veces de Agricultura y siete de Fomento– hacen de él un ejemplo difícilmente superable de un modelo de comportamiento muy extendido.

La parte central del libro de Sánchez Illán discurre entre el año 1891, en que Gasset fue nombrado director de El Imparcial, y 1917, fecha de la mayor crisis política de la Restauración y de un grave enfrentamiento interno en la empresa del periódico, provocado por la publicación del polémico artículo de José Ortega y Gasset –sobrino de Rafael– «Bajo el arco en ruina». En esos veintiséis años, la ejecutoria de Rafael Gasset giró en torno a una obsesión: la regeneración nacional a partir de lo que él llamó una política de realidades, cifrada en un ambicioso programa de obras hidráulicas que, en buena parte, quedó inédito. Sánchez Illán explica con toda claridad cómo la resistencia de los sucesivos gobiernos a allegar los recursos necesarios para financiar la política hidráulica condenó al fracaso, una y otra vez, las buenas intenciones de Gasset. El problema de fondo no era la desidia o la incompetencia de aquella clase política, sino que las prioridades reales del régimen fundado por Cánovas, más allá de su regeneracionismo retórico, tenían muy poco que ver con las urgencias materiales del país. Así, como recuerda el autor de este libro, el gobierno largo de Maura financió la construcción de seis acorazados a costa de reducir, por una real orden de junio de 1907, el sueldo de los maestros. La incapacidad del régimen para llevar a cabo la necesaria reforma fiscal, pese a los intentos realizados por el ministro Villaverde, hizo el resto.

La experiencia de Gasset demuestra hasta qué punto la famosa divisa costiana de escuela y despensa era incompatible con la naturaleza de un régimen esencialmente oligárquico, mucho más interesado en la guerra de Marruecos que en la política de obras públicas o en la lucha contra el analfabetismo. Pero las continuas idas y venidas de Rafael Gasset del periódico a la política no sólo se saldaron con el fracaso de su proyecto regeneracionista, sino también con el descrédito de su periódico a partir del momento en que, como dice el autor, El Imparcial perdió su imparcialidad para convertirse en órgano oficioso del ministro Gasset. Mal asunto para un periódico y un personaje que habían hecho de la independencia política y de la crítica al poder su principal título de gloria. De ello y de otras circunstancias, como la crisis general de la prensa española a raíz del Desastre, se resintió muy pronto la circulación del periódico, que, tras la incorporación de Gasset al gobierno Silvela en 1900, tardó muy poco en perder la mítica cota de los cien mil ejemplares.

La cruda descripción que hace Sánchez Illán del funcionamiento del régimen canovista –el caciquismo, la sistemática corrupción electoral, las viciadas prácticas parlamentarias, la continua injerencia política de la Corona-sirve de oportuno recordatorio de una realidad histórica que, sin lugar a dudas, presenta muchas más sombras que luces. Víctima de todo ello fue el protagonista de este libro, aunque él mismo no estuviera libre de culpa. Primero por su ingenua contumacia en el fracaso cada vez que formó parte del gobierno. Que ello se debiera al boicoteo político y financiero que sufrieron sus proyectos es una débil coartada para quien pasó nueve veces por la misma experiencia. En segundo lugar, porque no se puede decir que Gasset estuviera completamente al margen de los peores usos del régimen, por ejemplo, del cultivo del clientelismo con fines electorales. En fin, su concepción del regeneracionismo, tan próxima a la de Joaquín Costa, parece marcada por la misma ingenuidad que su trayectoria política, tan perjudicial, a la postre, a su bien ganada reputación periodística.

El libro de Sánchez Illán viene a llenar un hueco importante en la historia política y periodística de la España de la Restauración. El tema de su investigación imponía un recorrido en paralelo de la vida de tres actores históricos cuyas «biografías» presentan notables coincidencias cronológicas: el régimen canovista (1875-1923), el periódico El Imparcial (1867-1933) y el propio Rafael Gasset (1866-1927). El autor consigue entrelazar perfectamente sus trayectorias hasta el año 1917. Su libro tiene, sin embargo, un final un tanto abrupto a partir de esta fecha. Cierto que el personaje, su periódico y hasta el régimen político en que uno y otro venían desenvolviéndose entraron en un período de declive del que ya no habrían de recuperarse, porque hasta en eso es notorio el paralelismo. Pero queda la sensación, por ejemplo, en la forma sumaria en que se despacha la crisis de 1917, de que el libro se da por terminado mucho antes de que muera su protagonista, tal vez por el empobrecimiento, a partir de aquella fecha, de las principales fuentes utilizadas. Se echa de menos también una reflexión final sobre el significado del regeneracionismo que encarnó Rafael Gasset. La causa puede estar en la ausencia, tanto en la bibliografía como en las notas a pie de página, de algunos de los principales estudiosos de este fenómeno social y cultural –J. Maurice, C. Serrano, G. Cheyne–. Es posible que una mejor contextualización de esta dimensión del personaje hubiera permitido entender algunas de sus contradicciones como portador de un proyecto de regeneración que el régimen canovista hacía tan urgente como irrealizable.

01/01/2000

 
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