ARTÍCULO

Pistolas descargadas

Alfaguara, Madrid
288 pp. 16 euros
 

«Un thriller que avanza demoledor como un tornado»: de tal sentencia se vale Alfaguara para presentarnos la última novela de la cubana Mayra Montero, afincada en Puerto Rico desde hace años y autora de una dilatada obra como novelista y articulista. Una obra que ha sido bien recibida en su país de acogida, donde algún crítico la ha comparado con Carpentier y Hammett, y que llega ahora a nuestro país, donde Montero es conocida sobre todo por haber ganado el Premio Sonrisa Vertical en el año 2000. En la novela que comentamos, el género policial se mezcla, hasta diluirse, con el drama amoroso y familiar.
Tomando el título de un conocido danzón, Son de almendra nos cuenta, desde la primera persona, la historia de Joaquín Porrata, un joven consentido, procedente de una familia bien, que trabaja para un periódico local y siente un profundo interés por el mundo del hampa. La acción se desarrolla en La Habana prerrevolucionaria: Cuba es un paraíso para los gángsteres, los casinos iluminan la noche y, en la sombra, se prepara un gran cambio político. Porrata vive los últimos momentos de esta realidad en compañía de una mulata manca a la que conoce en un circo, de su decadente familia y de un extraño tipo obsesionado con el actor George Raft y que dice tener la clave para desentrañar el asesinato de Umberto Anastasia, un conocido capo acribillado a balazos en Nueva York. Sus escarceos con los bajos fondos serán, precisamente, los que le llevarán por peligrosos senderos, hasta el punto de poner en peligro su vida y la de los suyos.
Si algo puede decirse de la novela de Montero es que resulta difícil escoger un escenario más atractivo para colocar una historia, sea ésta cual sea. El fascinante universo de la Mafia, tan bien retratado por cineastas como Martin Scorsese o Elia Kazan, se sumerge en una atmósfera llena de nostalgia, ritmo y belleza en la Cuba que nos describe la autora. A excepción de los protagonistas principales, (casi) todos los demás personajes están inspirados en personas auténticas –es decir, en verdaderos hampones–, lo cual, no cabe duda, estimula aún más la lectura. La recreación de ese ambiente, con sus cabarets, sus estrellas de cine y todos sus misterios, está realmente cuidada, hasta el punto de que, de cuando en cuando, casi puede escucharse música de fondo. El problema, en mi opinión, se halla en la parte ficticia.
Antes dijimos que la editorial calificaba la novela de thriller. Dicha denominación parece justificada en los primeros capítulos, donde Porrata se empeña, contra viento y marea, en investigar la muerte de Anastasia y adentrarse en el submundo habanero. Al poco, sin embargo, la esperada trama policial comienza a perder en intensidad y desarrollo, mientras que otras historias, ajenas al desencadenante de la narración, van tomando más y más fuerza. Antes de que nos queramos dar cuenta, Porrata ha pasado a hablarnos de los problemas de su familia, de la ambigua relación que le unió de niño a la madre de su mejor amigo y de otros asuntos que no hacen más que relajar el interés del lector. A partir de un determinado momento, además, un nuevo narrador se cuela en la historia: se trata de Yolanda, la mujer manca con la que Porrata mantiene un efímero romance, quien nos habla de su periplo por el mundo del circo, de sus desgracias personales y de sus amores imposibles. Su discurso, bello pero excesivamente largo, nos aleja, por tanto, aún más del hilo principal.
El interés de Porrata sigue, con todo, latente y, de vez en cuando, vuelve a hablarnos de ajustes de cuentas, sobornos, negocios sucios y reuniones clandestinas. Lo malo es que, para entonces, la atención del lector está en otras cosas y le es casi imposible hilvanar las diferentes referencias, reconstruir la intriga que envuelven los diversos acontecimientos de que nos da cuenta. Aunque tampoco será necesario, puesto lo que en un principio se anunciaba como una aventura detectivesca al estilo de Chandler o del también cubano Leonardo Padura, acaba en poco más que una traca de petardos que ni siquiera llega a explotar. Pese a ciertas averiguaciones, las ínfulas de investigador del protagonista quedan en agua de borrajas, mientras que nosotros, como lectores, nos preguntamos qué hemos venido a hacer ahí. Cerca del fin, por si esto fuera poco, algo nos dice que la autora no tenía muy claro cómo terminar todo este embrollo y se decidió por la primera solución que le vino a la cabeza, pues el modo en que se precipita el clímax y Porrata llega al final de su «investigación» resulta del todo inverosímil, por no decir pueril.
Es cierto que Montero ha declarado en varias ocasiones que no pretendía escribir una novela policíaca o de corte detectivesco. Posiblemente, su intención era ofrecer un fresco de los últimos días antes de la Revolución, de ese universo tan fascinante como peligroso, valiéndose de elementos heteróclitos. Con todo, para quien no sepa de las pretensiones de la autora, la novela acaba siendo decepcionante, carente de un desarrollo definido o de un objetivo claro. No hay mezcla de géneros en el mejor sentido de la palabra, sino un mero entrecruzamiento de historias que, a ratos, deja al lector impasible. En cuanto al estilo, se mantiene a un nivel pasable durante la mayor parte de la historia, si bien debe decirse que la voz narrativa gana en autenticidad y cercanía cuando la que habla es Yolanda, aunque su relato no tenga nada que ver con el argumento principal. Porrata, por su parte, se nos presenta antipático y lejano casi todo el tiempo –en especial cuando habla de su familia–, dificultando la identificación con él o sus afanes. Eso sí, los dos caen en la maldición de esas frases que pretenden sonar contundentes pero terminan rozando lo ridículo: «A él no le podía venir con cuentos chinos, porque ya era chino» puede que sea el mejor ejemplo.
En suma, Son de almendra tiene mucho que ofrecer como recreación de una época rebosante de glamour. Su lectura, además, es amena y no chirría más que en contadas ocasiones.Ahora bien, en lo que se refiere a la trama, es muy posible que más de uno se quede con ganas de más desarrollo, más acción y menos digresiones.

01/09/2006

 
ENVÍA UN COMENTARIO
Nombre *
Correo electrónico *
Su comentario *
 
 
 
 

Normas de uso
Los comentarios en esta página pueden estar moderados. En este caso no aparecerán inmediatamente en la página al ser enviados. Evita las descalificaciones personales, los insultos y los comentarios que no tengan que ver con el tema que se trata. Los comentarios que incumplan estas normas básicas serán eliminados.

 
Deseo mostrar mi email públicamente
 
He leído y acepto la cláusula de privacidad.
 
 
 
Por favor, para evitar el spam necesitamos que resuelvas la siguiente operación matemática:
3 + 3  =  
ENVIAR
 
 
OTROS ENSAYOS DE MIGUEL CARRERA GARRIDO
RESEÑAS

 

BÚSQUEDA AVANZADA

Te animamos a bucear en el archivo de Revista de Libros. Puedes realizar tus búsquedas utilizando los siguientes criterios.

Todas las palabras
Cualquiera
Coincidencia
ENVIAR


Apúntate al boletín de Revista de Libros
ENSAYOS ANTERIORES
RDL en papel 187
RESEÑAS
 
  Apúntate a RdL
BLOGS
 
  Archivo RdL
 
Patrocinadores RDL