ARTÍCULO

Periodismo infantil

SM, Madrid, 138 págs.
Premio Barco de Vapor 2005
 

Ni islas misteriosas, ni hadas, ni magos adolescentes ni más fantasía, en fin, que la que llevan consigo siete chavales de once años dispuestos a sacar adelante un periódico escolar. Este es el tema que nos propone la escritora y también periodista Pilar Lozano Carbayo (Benavente, 1953) en su novela infantil Siete reporteros y un periódico, trabajo por el que ha obtenido el Premio Barco de Vapor 2005.

Alejandro, el hijo único de un periodista y una publicista, se propone dirigir una publicación en su colegio y para ello recluta a una dispar pandilla de reporteros que serán los encargados de hacer realidad El Trueno Informativo, una cabecera no muy acertada como el propio protagonista reconoce. Huyendo de la recreación de mundos lejanos e imaginarios, la autora presenta una historia repleta de detalles cercanos, que ayudan al joven lector a sentirse más próximo a los protagonistas. El colegio al que acuden Alejandro y sus amigos es muy parecido a cualquiera de los de nuestra geografía, y el perfil de algunos de estos jóvenes periodistas también puede encontrarse en cualquier clase: el hijo único algo mimado; la niña presumida y coqueta; el inmigrante árabe; la golosa; el extranjero adoptado por padres sobreprotectores... Personajes quizás algo tópicos, pero bien esbozados en pocas frases, con personalidades fáciles de recordar que animan y enriquecen considerablemente la trama.

Es Alejandro, el pretendido director, el que nos cuenta en primera persona todos los avatares que se suceden desde que puso en marcha su proyecto. Este agudo y simpático personaje anda a medio camino entre el Pequeño Nicolás y Manolito Gafotas, aunque menos trasto que el de Goscinny y mucho mejor situado económicamente que el de Carabanchel.

Los inconvenientes que debe afrontar esta extraña redacción tampoco son nada espectaculares ni misteriosos: se enfrentan a las dificultades corrientes de cualquier comienzo: búsqueda de inversores, falta de experiencia, venta de publicidad, hallazgo de noticias... Pero de las divertidas fórmulas con que consiguen salir adelante nace la auténtica aventura, capaz de entretener al lector sin necesidad de dragones ni varitas mágicas. Lozano Carbayo se vale de todos estos problemas reales que va planteando (y que ella conoce bien por su amplio recorrido en el sector) para mostrar una ligera introducción al periodismo, una forma de acercar su profesión a los más pequeños de una manera entretenida y perfectamente comprensible.Y no es poco lo que van a aprender sobre la prensa los niños que lean el libro, porque en él se trata desde el vértigo del folio en blanco hasta el secreto profesional, pasando por el controvertido papel del director, los costes de edición y todas las inevitables preguntas a que debe responder un buen artículo.

Todo ello, de principio a fin, está aderezado con un medido humor, no exento de ironía, que probablemente es el mayor acierto de la novela.Aprovecha la primera persona para desvelar los curiosos razonamientos de los niños, y las distintas y a veces extravagantes interpretaciones que dan a las palabras y los hechos de los mayores. Este humor, junto con la aventura en que se transforma el periódico, parecen suficientes ingredientes como para atrapar al lector dentro de un sencillo pero efectivo esquema argumental, que sólo flojea en las últimas páginas, cuando los niños se ven involucrados en una trama inmobiliaria que amenaza con cerrar su colegio, y tendrán que tomar medidas (periodismo de investigación y de denuncia) para desenmascararla y conseguir que no se haga realidad. Sin embargo, aunque el giro aporta cierto misterio, el desenlace es algo acelerado y quizá requeriría un poco más de emoción y de detalle.

Las sencillas ilustraciones de Juan Ramón Alonso encajan perfectamente con el texto y hacen del conjunto un libro muy serio a pesar de lo divertido que resulta leerlo. De la misma forma que, aunque no lo parezca, no es absolutamente necesario escribir novela histórica para entretener a los adultos, Pilar Lozano Carbayo demuestra que también puede llegarse a los más pequeños con historias de aquí, y que la curiosidad infantil a veces espolea con más fuerza para comprender cómo funciona el mundo de los mayores que para profundizar en Neverland o en las complicadas reglas del colegio mágico de Potter.

01/12/2005

 
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