ARTÍCULO

Pasos entre la nada y la nada

Ediciones ´rdora, Madrid, 1998
Trad. y epílogo de Loreto Casado
127 págs.
 

El hipotético lector que, sin conocer dato alguno de las circunstancias vitales de Samuel Beckett, se acercara a Quiebros y poemas, se enfrentaría, con gran perplejidad, a un mundo enigmático y radicalmente singular, de una extrema fragilidad y desposesión, y no podría sino permanecer en los alrededores de ese mundo. Para acceder a su interior, al núcleo de estos breves poemas aislados en la página en blanco como restos de un naufragio en un mar fantasmal, el lector habría de saber que la lengua en que esos textos fueron escritos es una lengua deadopción que hace de Beckett uno de los casos literarios más singulares de este siglo: una escritura de la ausencia y de la desaparición no podía sino exigir la adopción de una lengua extraña que proporcionara la transparencia y la ignorancia necesarias para enfrentarse a lo más oscuro, al interior de la nada. Pero ese lector de que hablamos tendría que saber más: sobre todo, que Beckett es autor de largos ciclos de escritura en prosa en los que el discurso se extenúa hasta el balbuceo y el estallido de la sintaxis; que su escritura es el doble testimonio de la retracción indetenible del lenguaje y de la fe siempre intacta en la palabra («No me callaré nunca. Nunca», se dice en El innombrable); y que desde ese equilibrio inestable entre la ausencia y la presencia del lenguaje la voz de Beckett toma cuerpo y resiste con la coraza de su transparencia y despojamiento los embates de todo discurso instrumental y pragmático.

Quiebros y poemas nos acerca al Beckett más desconocido; si bien su escritura es una sola, y uno solo su movimiento de pasos vacilantes hacia la raíz de lo oscuro, lo cierto es que no identificamos la figura de Beckett con la del poeta en verso. Lo que ahora se nos ofrece en la cuidada edición y traducción (no sin algún error o descuido puntual) de Loreto Casado son dos series de poemas publicadas originalmente en 1978 bajo el título de Poèmes et Mirlitonnades, a las que se ha añadido un poema escrito en 1989. Se trata de un magnífico complemento que nos permite conocer mejor al Beckett «prosista» o «dramaturgo». No se le proporciona aquí ningún tipo de concesión lírica a una voz escueta que se reduce a un mínimo soplo calcinado: lo que leemos son breves rescoldos, pequeñas partículas procedentes del estallido del cuerpo unitario de la vida. Las palabras se encadenan como pasos secretos en la noche hacia ningún lugar, pasos de nadie a la espera de nada, inflexiones del deseo al borde de una nada omnívora cuyos signos mayores son esos substantivos sin substancia: nadie, nada.

En su epílogo habla con razón Loreto Casado de «máximas minimalistas» para definir estas mirlitonnades (quiebros) escritas entre 1976 y 1978. Hay en estos textos, efectivamente, una voluntad reticular y reduccionista: el cuerpo de la voz es delgado y frágil porque sólo así podría traspasar, como un invisible puente voladizo, la masa inconmensurable de lo oscuro entre la nada y la nada.

El tono a menudo martilleante, la inflexión desenfadada y a veces extrañamente cómica de alguno de estos quiebros (algo a lo que no es ajeno el uso lúdico de la rima y de las aliteraciones) se relacionan con la «música de la indiferencia» mencionada en uno de los poemas escritos entre 1937 y 1976, que en la presente edición ocupan la segunda parte del libro. Hay en ellos una mayor variedad tonal, que va desde la negatividad de una rabia impotente ante el curso indetenible del tiempo hasta la narratividad gozosa de un poema como «Anfiteatro de Lutecia», pasando por una elegía no convencional («Muerte de A. D.») y por el testimonio escalofriante del poema «Cómo decir», escrito por Beckett en 1989 mientras intentaba recuperar el habla después de un ataque cerebral.

La publicación de Quiebros ypoemas en nuestro país y por parte de una editorial joven y emprendedora no deja de ser un acontecimiento relevante y digno de celebración: en un contexto poético dominado por la insulsa mediocridad y la encorsetada cantilena decimonónica de la así llamada «poesía de la experiencia», este libro de Beckett nos da a oír la interioridad de una voz que se genera a sí misma como un milagro en las condiciones más precarias y que, aun sin saber cómo decir, dice.

01/02/1999

 
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