ARTÍCULO

La mejor biografía de Pancho Villa

Era, México
2 vols.
 


Villa es un mito tanto dentro como fuera de México. La imagen de Villa ha dado la vuelta al mundo. Para muchos es el héroe revolucionario que luchó en favor de los pobres y la justicia social. Para pocos no fue sino un bandido y asesino que se levantó en armas en el norte de México y que posteriormente fue incapaz de gobernar. Las canciones populares le pintan como el Robin Hood mexicano, el revolucionario popular sin estudios que consiguió derechos para muchos de los excluidos de la sociedad mexicana. El Partido Nacional Revolucionario (1929), el Partido de la Revolución Mexicana (1938) y el Partido Revolucionario Institucional (1946) han glorificado las hazañas de Pancho Villa y han tenido la habilidad de apropiarse de las gestas de los prohombres de la revolución. El nacionalismo revolucionario ha logrado hacer de Villa la encarnación de México y que México sea el reflejo de Villa, Zapata, Obregón, Carranza, Juárez, Morelos, etc. Así, se ha llegado a crear la ecuación de que quien habla de Villa se refiere a México y viceversa. Se entiende con ello que escribir sobre Villa no es tarea fácil, ya que los mitos nacionalistas se han encargado de empañar la comprensión de los procesos históricos. Friedrich Katz ha retado al mito y su magna obra demuestra que ha salido a todas luces victorioso del envite.

Hasta la fecha existían bastantes biografías de Francisco Villa, pero ninguna de ellas tenía el rigor suficiente para merecer el calificativo de «obra histórica» (a excepción de la de Martín Luis Guzmán, Memorias de Pancho Villa). Katz, después de casi veinte años de trabajo estudiando los fondos de 43 archivos (situados en México, EEUU, Cuba, Alemania, España, Austria y Gran Bretaña) y una extensa bibliografía sobre Villa y la revolución mexicana, ha construido la biografía más acabada de Pancho Villa y el villismo.

El libro está compuesto de cuatro partes. La primera narra los primeros años de Villa como forajido y su formación como dirigente de segunda fila de la revolución mexicana hasta 1913. Se describe su evolución como individuo y las condiciones socioeconómicas del estado de Chihuahua que hicieron posible que prendiera la sublevación. Debido a que la biografía de Villa en estos años es bastante problemática de reconstruir, Katz opta hábilmente por presentar las dos versiones existentes: la leyenda blanca y la negra. La reconstrucción que se hace de la situación del norte de México es magnífica. Se explica con detalle la gestación del imperio Terrazas-Creel, la llegada de las inversiones estadounidenses, la construcción de las líneas ferroviarias, la expansión de la producción para la exportación, la extensión de las haciendas, el despojo de las tierras en manos de los antiguos colonos militares, la caída del poder adquisitivo de los salarios, la suplantación de la producción de alimentos básicos (maíz) por los productos para la exportación, el aumento poblacional, el deterioro de la relación de los precios del intercambio y la pérdida de la autonomía política de los municipios.

La segunda parte comprende el período en que Villa surge como dirigente nacional y en que el estado de Chihuahua se convierte en uno de los focos más importantes de la revolución mexicana. La historia comienza con el ascenso de Villa a la escena nacional en 1913 y termina con las derrotas militares de 1915. La poderosa División del Norte se convierte en el protagonista indiscutible. Ha sido el período más estudiado de la biografía de Villa y sobre el que existe una información más abundante. Por ello mismo, era la etapa más difícil de reconstruir por la diversidad de interpretaciones existentes. Es el orto y ocaso de un mito. Katz ofrece un balance excelentemente confeccionado. El autor explica magistralmente cómo la organización militar villista tuvo repercusiones en el medio plazo en la conformación de una estructura de poder en Chihuahua y por extensión en el norte de México.

El valor añadido de esta parte para los historiadores de México es que el autor realiza una excelente comparación del villismo con el resto de los movimientos revolucionarios mexicanos. Queda claro que la «revolución mexicana» no puede entenderse como un proceso único, uniforme e invariable, reforzándose con ello la tesis que puso de manifiesto hace ya algunos años la Historia de la revolución mexicana editada por El Colegio de México de que es preferible hablar de rebeliones regionales múltiples antes que de una única Revolución mexicana. La interpretación de que en 1910 unos campesinos pobres lucharon por la tierra es una visión simplificada. El impulso original provino de las capas superiores. Madero, gobernador del estado de Coahuila, dio el pistoletazo de salida el 20 de noviembre de 1910 sublevándose contra Porfirio Díaz y exigiendo el sufragio efectivo y la no reelección. Al convertirse en 1912 en presidente constitucional de México para la mayoría de los grupos de poder regionales la «revolución democrática» había culminado. Sin embargo, para otros grupos la revolución no había sino comenzado. Emiliano Zapata empezó a exigir una reforma agraria para tranquilizar las tensiones de los campesinos de Morelos. John Womack en su célebre obra (Zapata y la revolución mexicana, Siglo XXI, México, 1969) interpretó el zapatismo como la historia de unos campesinos que no querían cambiar y que por eso hicieron una revolución. Sin embargo, hay que comprender que no sólo querían recuperar sus tierras, sino que, como ha subrayado Arturo Warman («The Politicial Project of Zapatismo», en F. Katz (ed.), Riot, Rebelion and Revolution. Rural Social Conflict in México, Princeton University Press, Princeton, 1988, págs. 321-337), el zapatismo se planteó, aunque sin llegar a formulaciones acabadas, transformar la sociedad (pretendía regresar al sistema de propiedad y formas de producción indígenas comunitarias para recuperar la autonomía local). No es necesario aclarar que el zapatismo, al igual que el villismo, no permaneció invariable, ya que, pasados unos años, el primero aceptó que los indios se convirtieran en campesinos, renunciando en consecuencia a sus pretensiones de democracia directa a cambio de recibir el apoyo (tierras) del Estado revolucionario.

La obra de Katz subraya que tampoco puede comprenderse la revolución como una suma de los planteamientos de Madero, Zapata y Villa, ya que otros grupos entraron también en escena. El general Victoriano Huerta, con la intención de restablecer las formas porfirianas, asesinó a Madero y ocupó la presidencia (1913). En contestación a Huerta, Pancho Villa se levantó en Chihuahua. A diferencia del zapatismo, Villa no representaba un movimiento campesino. Estaba compuesto por rancheros y vaqueros y minoritariamente por mineros y ferrocarrileros. Todos ellos demandaban puestos de trabajo y el respeto a sus identidades. El grito de libertad significaba el rechazo de las cadenas que les ataban a los hacendados y los patronos. Los revolucionarios del norte exigían la confiscación de las haciendas (no su subdivisión en parcelas). A su vez, el grupo revolucionario sonorense, bien estudiado por Héctor Aguilar Camín (La Frontera nómada. Sonora y la revolución mexicana, Siglo XXI, México, 1977), tenía pretensiones diferentes. Venustiano Carranza se levantó (Plan de Guadalupe) en Coahuila contra Huerta (1913) exigiendo nuevas elecciones. Carranza, perteneciente también a la elite porfiriana (senador, gobernador interino), estaba preocupado por la estabilidad (antes que por las transformaciones estructurales) y por la defensa de la soberanía nacional. Se aclara en el texto que sólo para lograr el apoyo de los grupos campesinos y obreros, el nuevo movimiento prometió de forma vaga que se legislaría en beneficio de los necesitados.

Katz distingue bien las diferencias entre los distintos planteamientos revolucionarios y aclara que entre unos y otros se encontraban todo tipo de desplazados y marginados que se unían a los diferentes grupos según la coyuntura. Queda claro en el texto que la guerra, la disciplina y la violencia fueron para el villismo la amalgama que unió a sus diferentes componentes. Villa necesitaba al ejército y las tropas necesitaban de un líder que les cohesionara. A distinción de A. Knigth (The mexican revolution, 2 vols., Cambridge University Press, Cambridge, 1988), Katz no entiende las diferencias entre Villa y Carranza como las propias de un enfrentamiento clasista, sino como la consecuencia lógica derivada de la distinta forma de gestionar las haciendas. Para los villistas las haciendas confiscadas debían ser administradas por el Estado, mientras que Carranza pretendía devolverlas a los hacendados.

La tercera parte de la obra estudia el período de 1915 a 1920. Tras la destrucción de la División del Norte, Villa se enfrascó en una guerra de guerrillas y acabó atacando a la población de Columbus. Katz explica que el villismo hasta dicho momento recibió el apoyo de los EEUU, pero a partir de dicho acontecimiento las relaciones con la Casa Blanca se rompieron. La relación entre el villismo y los EEUU era un tema sobre el que desconocíamos casi todo. Los «Dorados» fueron el nuevo emblema del villismo en esta etapa. Nuevos jefes militares jóvenes desplazaron a los veteranos de la guerra. La violencia, los fusilamientos masivos, el coraje, la crueldad, el contrabando de armas, los asesinatos, la corrupción y el odio se convirtieron entonces en la norma. Hacia 1919 Villa había perdido ya toda su antigua credibilidad como caudillo revolucionario entre las comunidades de las serranías de Chihuahua. Quizás con la misión de salvar la imagen de la leyenda blanca de Villa, Katz define a esta etapa de «decandencia moral del caudillo».

La última parte describe la rendición de Villa, su vida como hacendado, su asesinato en 1923 y la evolución de su leyenda. Escrita magistralmente se convierte casi en una novela que atrapa al lector. Finalmente, en un capítulo de conclusiones se hace un balance de las repercusiones de movimiento de Villa, así como de su figura. Una magnífica bibliografía y un índice onomástico sirven de colofón al texto.

En suma, la obra de Katz no sólo es la mejor biografía de Villa, sino que representa una de las contribuciones más documentadas sobre el villismo y una importante aportación al estudio de la revolución mexicana y por ende a la historia de México. El éxito editorial así lo atestigua. Sin lugar a dudas se trata de una investigación monumental por su concepción y erudición, además de por su volumen (1.058 págs. en la versión en castellano). Desde su aparición, los nombres de Katz y de Villa han comenzado a estar ya indisolublemente unidos.

01/05/2000

 
COMENTARIOS

jose antonio juarez montiel 21/02/13 22:03
me gusto el articulo,sifuera posible que nos hablaran mas del gran villismo,haciendo un lado la mala imagen que los triunfadores se encargaron de magnificar. gracis. viva mi general francisco villa t.t.

jose antonio juarez montiel 21/02/13 22:05
me gusto el articulo,sifuera posible que nos hablaran mas del gran villismo,haciendo un lado la mala imagen que los triunfadores se encargaron de magnificar. gracias. viva mi general francisco villa t.t.

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