ARTÍCULO

La globalización

 

Después de la guerra fría hacen falta esfuerzos renovados para entender un mundo interpenetrado por procesos globales y parroquiales, donde conviven viejos actores y antiguos conflictos con protagonistas y problemas nuevos. El libro de Francisco Javier Peñas trata de comprender y de explicar a través de una tesis que es su hilo conductor y que provoca la reflexión sobre lo nuestro y lo otro. Peñas sostiene que el mundo tras la guerra fría es una sociedad internacional que tiende a la homogeneización, en un proceso de occidentalizacion que afecta a los hechos y también a las ideas, porque la victoria de un sistema sobre otro significa una derrota filosófica de las alternativas a Occidente.

El trabajo de Peñas se divide en tres partes. La primera, de carácter teórico, revisa los «grandes relatos»: la tesis del contacto entre civilizaciones de Arnold Toynbee, la teoría de la convergencia entre el desarrollo y el subdesarrollo, la revolución mundial de la occidentalización de T. von Laue, el capitalismo mundial de I. Wallerstein, el análisis de la escuela inglesa de las relaciones internacionales sobre el sistema de estados soberanos, la interpretación de John Hall sobre el capitalismo y la de Charles Tilly sobre el Estado-nación. La visión que Peñas ofrece de estos grandes relatos es escéptica, utilitaria, contingente, y está orientada a construir su propia teoría para explicar el cambiante mundo de las relaciones internacionales.

Entre los conceptos estudiados en esta primera parte, quiero subrayar sólo tres o cuatro elementos cruciales. En primer lugar, se opta por una visión compleja del concepto de Estado, acorde con la llamada escuela sociológica de las relaciones internacionales. Esta visión permite valorar las distinciones entre Estado, sociedad, gobierno, nación, etc., y considerar la autonomía de los Estados en un mundo que permite soberanías formales o jurídicas, cuasi-estados y hasta Estados fallidos. Coincido con Peñas en que hoy es inevitable entender el concepto de Estado de forma compleja en la teoría de las relaciones internacionales, y que esto significa agregar a las categorías de análisis existentes sobre el Estado-nación el concepto institucional de Estado avanzado por la llamada escuela histórica. El segundo rasgo que quiero resaltar es la idea de contingencia, que es una preocupación fundamental a lo largo del libro. Peñas habla de «un proceso contingente, que no representa el orden natural de las cosas», y en todo momento nos advierte «que las cosas podrían haber sido de otra manera». Con esta idea de contingencia, por vaga o ambigua que sea, el autor se opone a las versiones deterministas del proceso de occidentalización, y nos recuerda que dicho proceso no tiene un carácter necesario. En tercer lugar, Peñas concibe el capitalismo como una economía mundial con diversas zonas independientes y desiguales, y esa concepción incidirá en la división espacial del mundo que defiende al final de su libro. Por último, se destacan algunos conflictos importantes, como la tensión entre homogeneización y emergencia, o entre integración y fragmentación. Para John Gaddis, esta última tensión entre las fuerzas de integración (comunicaciones, economía global, actores transnacionales, colectivización de la seguridad, ideas) y las fuerzas de fragmentación (nacionalismos, proteccionismo, religión, subclase, subgrupismo, multiculturalismo imperfecto forzado por los flujos migratorios) significa la resurrección de «un viejo dilema: mientras que la integración tiende a satisfacer necesidades materiales, la fragmentación es, a menudo, necesaria para satisfacer deseos intangibles...».

La segunda parte del libro atiende a los principales procesos que originan la situación actual: el fin de la guerra fría y los nuevos protagonistas. Peñas subraya como el rasgo más peculiar de la guerra fría su carácter sistémico y, en consecuencia la victoria total, incluso filosófica, de un sistema sobre otro, es decir: la homogeneización. La guerra fría sería un fenómeno central, un contexto explicativo al que no escaparía ningún aspecto internacional. En cuanto a los protagonistas, Peñas estudia los Estados, lo global y los súbditos. El protagonismo de los Estados no se ha reducido con la nueva situación mundial; lo que ha cambiado es, primero, la expansión producida con la descolonización y en un segundo momento, la irrupción de los nuevos protagonistas, es decir, los procesos globales y los súbditos. Estos últimos representan un problema para el Estado porque socavan uno de los factores de su éxito: el haber resuelto durante mucho tiempo el problema de escala. Hoy los procesos globales son inabarcables para el Estado individual, que a la vez suele ser muy grande para resolver los problemas dentro de sus fronteras y atender a las expectativas de unos ciudadanos mejor informados y más divididos.

En la tercera parte del libro se analiza la situación y los protagonistas de las relaciones internacionales en los años noventa. Peñas ve el mundo dividido en un centro estable y una periferia inestable, que tiene a las civilizaciones como protagonistas, en un sistema gobernado por la lógica de la civilización. El autor repasa las distintas explicaciones de las relaciones internacionales tras la guerra fría: destaca las ventajas e inconvenientes del modelo unipolar, desecha el modelo multipolar clásico y la analogía con el sistema europeo del siglo XIX, acusa la parcialidad del modelo de concierto europeo de potencias, subraya la utilidad de la idea de internacionalización del Estado y la inmadurez de la idea de un imperio transnacional. Peñas se pronuncia por una concepción de las relaciones internacionales como algo más que un problema de seguridad, marcando las ventajas de considerar a las civilizaciones como protagonistas, adoptando la idea de procesos de homogeneización y considerando que no hay por el momento alternativas válidas al «modelo liberal».

El libro de Peñas proporciona al lector una importante recompensa intelectual, y éste se encuentra en una posición mejor para elaborar su propia visión del mundo de las relaciones internacionales y reflexionar sobre Occidente y su capacidad o incapacidad para incluir lo distinto.

01/09/1998

 
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