ARTÍCULO

Mujer jaguar, mujer agua: mujer sueño

Alfaguara, México, 1997
Premio Nadal
Destino, Barcelona, 1997
 

Buena parte de la obra narrativa del mexicano Alberto Ruy Sánchez (1951) ha estado signada por una ciudad, Mogador, y por los ambientes, vistas y olores de ésta desprendidos. En su realidad fantástica y en la contundencia de su ser inexistente, Mogador ha dado pie al nacimiento de una escritura volátil, rebelde, ceñida por un cuerpo duro de músculos aunque siempre maleable y rico en imágenes. Autor de fabulaciones medievales (Los demonios de la lengua, 1987), de ensayos sobre arte y literatura (Al filo de las hojas, 1988; Con la literatura en el cuerpo, 1995) y, sobre todo, iniciador de una senda literaria no explorada con anterioridad en México, que es una narrativa en búsqueda de la herencia árabe de este país, Ruy Sánchez publica ahora En los labios del agua, segunda parte de la saga iniciada con Los nombres del aire (1987) y que constará de cuatro obras sobre los enigmas y pasiones del islamismo trasladados, junto con el culto cristiano –el que predomina cuando se recuerdan las raíces virreinales–, a México. En Los nombres del aire, y muy de acuerdo con el concepto de prosa de intensidades que aplica el autor al hablar de su obra, Alberto Ruy Sánchez proponía una narrativa pletórica de imágenes visuales y táctiles. En este libro trazaba una gráfica de temperaturas y sensaciones corporales que acompañaban e incluso llegaban a recubrir y superar en atractivo a la trama. Por lo general, dentro de las escenas de Ruy Sánchez los cuerpos humanos se van descubriendo muy poco a poco. Son objetos mágicos, telúricos, que se perciben dentro de un teatro a escala lleno de líneas de fuga, de visiones urbanísticas construidas a partir de las perspectivas más inusitadas. Por esto no resulta casual que Luce López Baralt iniciara un comentario sobre Los nombres del aire desde el «fondo más recóndito del Hammam», ese espacio arquitectónico hecho para el gozo de los sentidos y donde el cuerpo humano, desnudo, se va revistiendo pausadamente con las distintas atmósferas creadas por el vapor y la luz, con los colores y temperaturas del agua y el sudor de la piel hasta alcanzar el desbordamiento erótico. El cuerpo múltiple que tomaban, no de forma lineal sino circular, envolvente, las prosas narrativas y poéticas de Alberto Ruy Sánchez, era el reflejo de las descripciones por las mismas abarcadas. En el Hammam, como en la prosa de intensidades de este autor, más que historiarse el desenvolvimiento de una trama se iba rozando apenas la piel y las vivencias íntimas de los personajes –no sólo humanos–, para enseguida penetrarlas ante los ojos del lector, testigo y partícipe de una incursión prácticamente ilimitada en la sexualidad. Quisiera detenerme un instante en la idea que guarda Ruy Sánchez sobre la línea que ha venido siguiendo su narrativa. Considera él que si uno de los rasgos fundamentales de la poesía es el ritmo, en el caso de su prosa de intensidades éste tiene que ver no sólo con la métrica sino además con el movimiento de las palabras y las imágenes. Así su prosa, además de ser por momentos poética, será también casi cinematográfica. El recorrido que hace el autor sobre los cuerpos y la pasión erótica resultará a final de cuentas como una serie de planos-secuencia, de tomas rasantes sobre una ciudad entre la arena y el mar y un cuerpo musculoso de dunas. En los labios del agua Ruy Sánchez volverá al contexto árabe pero ahora para atraerlo e insertarlo en el paisaje y las pasiones mexicanas. Lanza una suerte de siroco y arroja el desierto africano sobre las dunas del páramo sonorense. Creo que en esta segunda entrega de la saga se muestran con más amplitud las virtudes narrativas del autor. El trabajo de filigrana, en el trazado de las escenas, se ve en este caso reforzado por el cruce de caminos que propicia el destino de los personajes y sus distintos roces con el placer. En los labios del agua presume también la convivencia de géneros. Y en esta novela seguirá primando la pasión por el cuerpo, sobre todo por el femenino; visto y sentido como el de la misma ciudad. Seducción y obsesión son quizá las palabras más justas al hablar de la obra de Ruy Sánchez. En el caso de esta novela se convierten en el motor del viaje a la semilla, a los orígenes del erotismo propio. En los labios del agua es la historia de una casta, la de los Sonámbulos, seres predeterminados para ejercer el amor sin límites en ese espacio intermedio que es el duermevela. Dentro de ese «lugar privilegiado: un jardín de radicales caricias», en el que «las historias son como el agua, corren y se escapan de las manos».

01/06/1997

 
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