ARTÍCULO

Celtiberia

Espasa-Calpe, Madrid, 384 págs.
 

Triunfo (el nombre engañaba, como tantas cosas durante el franquismo) era una revista que nutría de material didáctico y de argumentos dialécticos a los elementos progresistas que en aquellas horas tardofranquistas no acaban de ver la desaparición de un régimen tan opresivo como definitivamente plomizo. Un régimen de color ala de mosca, como alguien lo ha definido, que terminaba contagiando su opacidad incluso a sus opositores, envueltos muchas veces en discusiones bizantinas sobre cómo sobrellevarlo. Triunfo, que había sido revista de cine antes de su renacimiento político-cultural, contaba entre sus colaboradores con gente que iba a contracorriente del dogma izquierdista; así, Vázquez Montalbán y sus heterónimos, y sobre todo Luis Carandell, quien en Triunfo mantenía una sección divertidísima llamada Celtiberia Show en la que entraban todo tipo de barbaridades extraídas de la vida misma. De aquella vida cotidiana en la España de Franco, tan risible de no ser tan cierta. «Esto es de Celtiberia Show», se decía ante cualquier circunstancia pintoresca o esperpéntica en aquellos años del final del franquismo. Pues bien, así las cosas, no sorprenderá que en uno de los capítulos de las memorias de Luis Carandell, el titulado «Los sesenta», haya un apartado en el que se menciona, con ejemplos bien gráficos, aquella sección de Triunfo que acabaría siendo libro, y aun libros. Pero Luis Carandell, periodista de profesión, no fue solamente el sagaz recopilador de barbaridades celtibéricas, sino que, como estas memorias, Mis picas en Flandes, se encargan de recordar, el publicista (lástima de vocablo hoy tan perdido que definía al escritor todoterreno) barcelonés hizo muchas cosas en el terreno literario, desde los inicios de meritoriaje en diferentes diarios de su ciudad natal. Hay en estos primeros recuerdos páginas memorables, dentro del tono menor «adrede» de este libro, en las que se reviven viejos periódicos y personajes pintorescos de cuando todo lo impregnaba el olor a tinta. Luego Luis Carandell sería corresponsal, cuando aquí nadie viajaba, en el Egipto nasseriano y –consecuentemente– en el de la crisis del canal de Suez. Luego vendría la estancia japonesa y aun la presencia en Rusia como corresponsal del Carandell que no dejaba de tener como telón de fondo la España franquista y como referencia inmediata y profesional el diario Informaciones, otro baluarte de la progresía –término caro a Luis Carandell– que contemplaba sin poder hacer demasiadas cosas la lenta agonía de un régimen impensable sin su principal valedor. Por cierto, que las páginas dedicadas a la Rusia soviética, demoledoras del sistema comunista, valen su peso en oro, como desde otra perspectiva, en este caso mucho más optimistas, son igualmente valiosas las que tienen como epicentro el Portugal de la «revolução dos cravos», visto con nitidez desde unos antecedentes que hallaron en Carandell observador inteligente. Viajes al extranjero aparte, Luis Carandell fue un implacable caminante por los entresijos de la sociedad española, que en este libro encuentra un espejo diáfano, amable, pero no carente de aspectos críticos, en la pluma de Carandell. Un hombre que no se sumerge excesivamente en aspectos biográficos, tal vez porque su mirada es sobre todo costumbrista, de un neocostumbrismo tamizado por los aspectos posmodernos de una inteligencia lo suficientemente pudorosa y distanciada como para no caer en gangas narcisistas que apartarían la lente del objetivo humano. Que en este libro no desdeña aspectos históricos ni políticos, y así los entresijos de la Constitución de 1978 se nos muestran con una pericia y un detenimiento dignos de encomio y que traen a la mente las maravillosas Acotaciones de un oyente de Wenceslao Fernández Flórez, aquel publicista gallego, observador finísimo de los resquicios parlamentarios de la Segunda República. Carandell no llega a tanto, pero de su sagacidad da pruebas Mis picas en Flandes, un libro amenísimo que en según qué aspectos quedará como manual de consulta obligada para determinadas cuestiones de la España moderna. Escrito, además, en un idioma sabroso y un punto castizo.

01/03/2004

 
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